Cuaresma · Fernando Cano-Romero. Pregonero de la Semana Santa 2011

"Mis hijos temen que el Pregón sea frío porque nunca he leído en mis oratorias"

  • Afronta el reto del Pregón como un cofrade y cristiano comprometido · Se ha tenido que enfrentar por primera vez a la difícil tarea de escribir lo que va a pronunciar, lo que ha supuesto su "envite más duro".

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Cuesta concertar una cita con el pregonero a sólo unos días de que anuncie la llegada de la Semana Santa en el Teatro de la Maestranza. Son días de ajetreo, de preparativos y de acudir a mil y un compromiso. Fernando Cano-Romero tiene la agenda completa. En todos sitios le reclaman, aunque cuando tiene un hueco para atender a la prensa lo hace de manera exquisita y sin prisas. Ya lo dijo en la rueda de prensa que ofreció en el Consejo de Cofradías el día de su nombramiento. En una larga charla, el pregonero desgrana cómo se ha enfrentado al reto de "escribir" el Pregón. Cuenta sus vivencias y reconoce que hubiera preferido vivir este momento mucho antes.

-¿En qué momento le ha llegado el Pregón?

-Yo digo que los tiempos los marca Dios, no los hombres. Me ha llegado cuando Dios ha querido. Lo digo desde la profundidad de mi fe y mis creencias. Hubiera sido más agradable que me hubiese llegado antes. El paso del tiempo hace que se pierdan facultades, físicas y mentales. Eso incide en todo lo que el Pregón conlleva. Como dijo mi hijo el día de la proclamación: "Lo ideal es que le hubiera llegado hace 20 ó 25 años". No fue en ese momento y luego no pudo ser por otras razones. Ahora, la postura, un poco osada por mi parte, ha sido aceptarlo. Pero yo digo, ¿qué cofrade de Sevilla que medio sepa echar la palabra al cuerpo dice que no al Pregón?

-¿Cómo será el texto?

-Tengo una idea muy clara. Si nos atenemos a su nombre, es pregonar, anunciar, comunicar... el Pregón es el anuncio a Sevilla, aunque no lo necesita, de la Semana Santa. Se trata de un acto consolidado desde hace más de 50 años. A eso se tiene que atener en sus líneas generales. Me dicen que eso es lo de todos los años, y yo respondo que igual que el programa es el mismo, o la calle Sierpes, o la Catedral. Es lo mismo pero siempre hay matices diferentes y cosas que pueden decirse de manera distinta. Sevilla está esperando que le recuerden lo que está llegando. El Pregón es más un recuerdo que un anuncio: Sevilla, que lo que tú esperas ya ha llegado. Y aquí estoy yo para decírtelo por si se te pasa la fecha.

-Usted dijo el día de la designación que el Pregón sería el que la sociedad y la Iglesia demandan hoy en día...

-Y lo sigo manteniendo. El Pregón se desarrolla en un contexto social, político, económico, religioso... del que no puede sustraerse e ignorarlo. Hay una serie de elementos que influyen en la sociedad, y la Semana Santa no es ajena a ellos. Es algo muy popular, que el pueblo hace suyo. Si hay cosas negativas y positivas que hagan mella en la sociedad el pregón no se debe sustraer. Se puede, pero no se debe. A eso me refería. Yo soy católico, convencido y practicante. Además soy cofrade. Trabajamos dentro de las normas de la Iglesia en nuestras hermandades y cofradías, que son las que nos incardinan dentro de la Iglesia. Si me considero que estoy ahí y el Papa nos está en estos momentos exigiendo que, por las circunstancias del contexto social, los católicos tenemos que hacernos portavoces de los mensajes, el Pregón, sin dejar de ser Pregón, tiene que meter entre col y col, lechuga; como dice el refrán. La Iglesia está pidiendo que los católicos hablemos de esto. No nos podemos limitar a los desfiles procesionales y las estaciones de penitencia, que son preciosas... a mi se me cae la baba y no tengo pañuelos. Además, y en estos momentos, hay que hablarle a los cofrades de lo que la Iglesia considera oportuno. Lo dije y lo he mantenido.

-Ha comentado varias veces que lo que más trabajo le iba a costar era escribirlo. ¿Qué ha sido más difícil, encontrar la inspiración o plasmarlo en el papel?

-Nunca he escrito nada de mis intervenciones oratorias. Lo que no significa que salga a decir lo que se me ocurra. Buscaba un tema y me hacía un esquema que luego desarrollaba. El Pregón hay que escribirlo porque se edita. Me enfrentaba a lo que para mí ha sido el envite más duro. Mi hijo Manuel, que ha sido mi cirineo, me preguntaba continuamente si había empezado a escribir. Me regaló un bloc para que lo hiciera. Pasaban los días y no acababa de sentarme, hasta que un día lo hice y me puse delante de la primera página. Puse con mucha pomposidad: Pregón de la Semana Santa de Sevilla 2011 y pasé la página. El lápiz me miraba y yo miraba al lápiz y al papel y no me salía. En la primera página puse una palabra que sigue siendo la primera. Me fui a la última hoja y puse la última palabra, que sigue estando ahí, y lo cerré. En mi casa no conoce el Pregón más que mi hijo, que se puede decir que es quien lo ha escrito porque yo me quedé en la máquina de escribir, con todos los avances, pero ahí me quedé. También lo conoce el arzobispo, al que le prometí en la primera entrevista que así sería. Cuando lo terminé se lo llevé. Le dije que si había algo que quitar, añadir, pulir o limar, no había problema. Me dio la enorme satisfacción de decirme que no había que tocar nada. También le comenté que algunas cosas, en aras de la brevedad, igual no las decía en el teatro, porque el Pregón tiene que ser pregón, no tostón. Por las noches estoy practicando a leerlo. Mis hijos y los más allegados están convencidos de que va a ser muy frío porque nunca he leído nada y siempre he conectado con el público cuando hablaba. No me imaginan pasando páginas. Los míos temen mucho esa frialdad o falta de conexión. Será lo que Dios quiera.

-¿Cómo vive la Semana Santa?

-Inténsamente. Vivo casi más el prólogo que la Semana Santa en sí. Cuando pasa la carroza del rey Baltasar pienso que esto está aquí. Vivo mucho los cultos, los besamanos, etcétera. Las experiencias de cuaresma aún se intensifican más. Disfruto viendo los pasos en las iglesias a falta de flores. Los estudio. Así sería en circunstancias normales, este año, por exigencias del guión, no ha podido ser así. Cuando era más joven vivía la Semana Santa muy intensamente en la calle. Ahora hay dos circunstancias que no perdonan: la edad y que la Semana Santa se ha hecho últimamente "molesta" para vivirla en la calle yendo rápido de un sitio a otro como acostumbraba. Ahora paso mucho más tiempo en los palcos, salvo algunas cosas que me gusta vivir en determinados sitios. Ya me han dicho que este año no habrá nada de eso. Que me citarán para ir a diferentes lugares.

-¿Cuáles son las virtudes y defectos de la Semana Santa de hoy?

-Virtudes las tiene todas. O a mí me lo parece. No hay ningún pueblo del mundo que conmemore la pasión, muerte y resurrección de Cristo como aquí lo hacemos. Hay una cosa que está ahí y que es innegable: la historia de las cofradías de Sevilla. Nuestra generación las está viendo cumplir cuatro o cinco siglos. Las cofradías ya hacían estación de penitencia cuando Colón no había llegado a América, ¡y esto es muy importante! Es algo muy serio. Después, somos humanos y las cofradías y la iglesia están formadas por hombres, con sus virtudes y defectos. No le podemos pedir a las cofradías que sean perfectas. Como institución pueden tener unas reglas modélicas, pero la vida se la damos los hombres. Si hay fallos y aspectos negativos son achacables a los que las formamos, no a las entidades en sí mismas.

-¿Qué opina de que no se pongan entradas a la venta?

-Esa es una pregunta que no me corresponde contestar. Hasta donde he conocido estos últimos años ya había problemas. El año pasado la cosa fue a más. El Consejo ha tratado de evitar así situaciones desagradables.

-¿Con qué acto de todos los que ha vivido desde que le nombraron pregonero se queda?

-Es muy difícil destacar alguno. Todo para mí ha sido un descubrimiento. Todos han sido emotivos, pero si hay que destacar uno es el de entrega de las tapas del Pregón por El Cirio Apagao. Es un acto muy bonito. Sólo por asistir a este acto y por la intervención de los pregoneros anteriores, vale la pena ser pregonero de Sevilla.

-¿Cuando pronuncie el final, cómo le gustaría que se le recordara?

-Me gustaría que dijeran que a este hombre se le encargó la más honda, profunda y bella responsabilidad de cantar la Semana Santa de Sevilla. Y lo habrá hecho bien, lo habrá hecho mal, pero hemos sacado la conclusión de que puso todo su corazón, empeño y sentimiento más profundo en desarrollar esa labor. Si eso queda, yo me sentiré el más dichoso del mundo. Soy consciente de que el Pregón no le puede gustar a todo el mundo.

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