Mis personajes · Jesús Maza

El legado mercedario

  • Un jiennense, melómano y perfectamente integrado en Sevilla, le enseñó a amar esta ciudad y a ser devoto de Pasión. Ha salido dos décadas de maniguetero mercedario, el mismo sitio en el que salió su padre hasta 1988.

SU padre, un melómano con la carrera de piano hecha, lo llevó a tomar un refrigerio a la taberna de Blanco Cerrillo una tarde de 1988 tras asistir a un concierto de la Banda Municipal en la Plaza de San Francisco. Y allí, a solas los dos, el padre le sugirió al hijo que ocupara su puesto en la cofradía, nada menos que el de maniguetero de la Virgen de la Merced de Pasión, los que visten el hábito albo de los mercedarios. Y el relevo se produjo. Jesús Maza Burgos (Sevilla, 1960) es el octavo de nueve hermanos, nacido en una casa de la Avenida de República Argentina, cuando Los Remedios todavía eran cuatro edificios y el convento a pie de puente, un barrio al que se su familia llegó procedente de las amplias viviendas de la calle Ciudad de Ronda, a la vera del Prado, donde eran feligreses del inolvidable párroco de San Bernardo, don José Álvarez Allende, una de las últimas sotanas de la diócesis.

Jesús Maza, formado en Los Maristas de la calle Paraíso y después como interno del Alfonso X El Sabio, forma parte de ese grupo de sevillanos que han aprendido a amar su ciudad guiados por padres que no nacieron en Sevilla. Su padre, José Maza Selas, oriundo de Jaén, era ingeniero industrial de ICAI, director técnico de la Cruzcampo y llegó a ser delegado de Urbanismo, Cultura y hasta presidente del Servicio Municipal de Aguas. Su madre, Antonia Burgos Rengel, una malagueña especializada en alta costura, una vocación heredada por su hija, la conocida diseñadora Carmen Maza.

El jiennense se integró a la perfección en Sevilla. Se hizo hermano de Pasión, del Santo Entierro y de San Bernardo. Acostumbró a los nueve hermanos a comer siempre juntos en casa. Vivió las cofradías siempre de puertas adentro, transmitiendo esa forma intimista de vivir la Semana Santa que hoy sigue ejerciendo su hijo. A Jesús Maza lo bautizó don Otilio, el recordado párroco de Los Remedios, del que dicen que mandó diseñar la puerta de la nueva parroquia con el objetivo de que nunca pudiera salir una cofradía de ese templo. Lo logró.

Su cofradía de la infancia es el Baratillo, a la que llegó por su cuñado Alberto de Rojas y por el médico Vicente Ramos, en cuya casa de la calle Antonia Díaz se vestía de nazareno. "Entre mi cuñado Alberto y Vicente Ramos me meten el veneno de la Semana Santa. Recuerdo que yo tenía cinco años, me montaban en un dos caballos en Los Remedios y llegábamos al mismo Arenal en coche el Miércoles Santo. Yo siempre iba de la mano de mi cuñado Alberto. Y con botonadura blanca en la túnica, siempre con la Virgen de la Caridad". Aquella cofradía era muy distinta a la de hoy: "Me subían a la azotea, allí permanecía rodeado de nazarenos vestidos en distintas tonalidades de azules, hasta que nos mandaban bajar por una escalera muy estrecha y salir ya directamente a la calle". Y como todo niño, la merienda era imperdonable: "En la calle Rioja siempre me esperaba algún familiar para darme dos medianoches con las que aguantaba ya hasta la carrera oficial".

La infancia son recuerdos de tardes de Semana Santa en el Aero de la Punta del Diamante y también en el Ayuntamiento, donde la merienda y los juegos entre los bedeles eran lo habitual. A los 15 años se estrena en la cofradía que marcaría ya toda su vida: Pasión. En ella ha salido casi de todo: con un cirio, con una bocina y casi veinte años como maniguetero de la Virgen con túnica en propiedad, la misma que su padre le cedió: "Él era muy de gestos, yo he salido a mi padre en todos los sentidos. El traspaso que me hizo de la manigueta aquel día fue toda una sorpresa, pero se notaba que lo llevaba meditando un tiempo". También le legó, todo hay que decirlo, un farol junto a la Custodia de Arfe cada jueves de Corpus.

Lo que jamás se perdió con su padre fueron los traslados de Pasión al paso en la tarde del Lunes Santo, ni las charlas sobre la marcha Nuestro Padre Jesús, dedicada a la imagen de El Abuelo de Jaén, la tierra natal de su padre. "Era tan melómano que me enseñó a amar la Semana Santa a través de la música. Recuerdo la de veces que nos puso el disco del Soria 9 que tenía a la Amargura en la portada".

Hoy sigue descubriendo aspectos nuevos de la Semana Santa. "La magia está en conocer cosas distintas cada año, no perder la capacidad de dejarse impresionar. Ya selecciono mucho los momentos, hace años que se me pasó esa agonía de querer verlas todas e ir tachándolas del programa".

A sus tres hijos, todos varones (de 24, 22 y 9 años) les ha legado la condición de hermanos de Pasión y del Baratillo. Todo un gesto. Como los que su padre tenía con él. Y por puro criterio de antigüedad, acabará recuperando la manigueta mercedaria.

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