Jesús Despojado

Los quejidos de Molviedro

  • Una difícil salida la de Jesús Despojado con los costaleros de rodillas y agachados

La pequeña Paula Cuesta tiene dos años y medio pero ya conoce tres semanas santa vistiendo de monaguillo el Domingo de Ramos. Su padre, Rafael Cuesta, toca en la banda que acompaña a Jesús Despojado. Y junto a su madre, Paula juega con otra pequeña amiga, Irene Lorenzo, que también tiene dos años. Las dos niñas intercambian estampas y caramelos sin comprender aún del todo lo que sucede a su alrededor. La multitud expectante se concentra, mientras tanto, en la céntrica plaza de Molviedro.

Difícil y dolorosa es la salida de Jesús Despojado a la calle. De rodillas y agachados van los costaleros en sus primeros pasos. Toda una proeza. Los nervios y la emoción en la puerta del templo de Jesús Despojado a las dos y media de la tarde. Tres costaleros, Antonio, Edu y Emilio recuerdan a un compañero que este año no puede salir por problemas de salud. Los tres han realizado sus promesas que prefieren mantener en secreto, salvo Edu el Gitano: "Mi promesa es para mi hijo Edu, el Gitanillo, que tiene ocho meses". Edu, Antonio y Emilio forman parte de la cuadrilla que desde el exterior ayuda a los costaleros que soportan el peso del misterio. "Bajo el paso, los compañeros van de rodillas y agachados, en posición fetal, y necesitan ayuda desde fuera para sacar el paso", comentan instantes antes de la hora fijada.

A las tres y cuarto de la tarde, los tres amigos y compañeros ocupan sus posiciones. El esfuerzo se traduce en quejidos bajo el paso, que duele en el cuello de los costaleros. Y la multitud los recompensa con un cálido aplauso.

Cuando Jesús Despojado avanza por Zaragoza, entre una nube de incienso, comienza a abrirse paso la Virgen de los Dolores y Misericordia, rodeada de flores blancas. De nuevo, emotivos quejidos se escuchan en la concurrida plaza.

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