Consultas de desahogo en los centros de salud

  • Los médicos de familia sustituyen a los curas de antaño

Las pastillas no son siempre la solución. Es más, hay médicos de familia que se esfuerzan a diario para convencer a sus pacientes de que el camino es otro: un volante para la consulta del psicólogo o del psiquiatra. Pero los recursos sanitarios públicos son limitados y la atención especializada no siempre es una vía rápida.

A falta de grupos de terapia, el diván está en el ambulatorio. "Antes la gente iba a la iglesia a contar sus problemas y preocupaciones, ahora viene al centro de salud; hemos suplantado la figura del cura", apunta el doctor José Torralba, que pasa consulta en Santa María de Gracia, en Sevilla capital. La crisis ha disparado la demanda, confirma convencido de que la atención a estos cuadros depresivos no es tarea de un médico de familia. "Parece que en los tiempos que corren necesitamos más psicólogos que médicos, realmente nosotros no podemos garantizarle al paciente que solucionaremos su situación", apunta.

Beatriz López, médico de familia en el centro de salud de Tomares, también ha experimentado un aumento de la demanda en su consulta coincidiendo con el agravamiento de la crisis económica. "Pero no sólo es por la actual situación, la verdad es que cada vez se medicalizan más los problemas de la vida; el médico de familia es gratis y por eso a nosotros acude mucha gente para buscar soluciones y contarnos sus historias: un hijo que se ha vuelto a vivir con sus padres, abuelos que han tenido que dejar la residencia y volver al domicilio familiar...", comenta la doctora.

Esta tendencia aumentó de manera considerable a partir de 2010, según la experiencia del doctor Pablo Bonal. Hasta su consulta llegan más mujeres que hombres, aunque éstos sufren en mayor medida este tipo de cuadros depresivos: "Ellas vienen para ver cómo pueden ayudar a sus maridos". El doctor Torralba cree que los hombres son mucho más introvertidos a la hora de expresar sus preocupaciones. Pero sin ver al paciente es difícil recetar ansiolíticos, antidepresivos e incluso inductores del sueño, principales fármacos usados en estos casos.

La doctora López asegura que ante una crisis laboral los varones caen, pierden su rol social y es la mujer quien ejerce su papel de cuidadora de la familia. "Normalmente no mandamos a todos al psicólogo o al psiquiatra; si lo hiciéramos, no se podría dar abasto", advierte la doctora, que intenta dar una atención más global, de conjunto. "Tenemos mayor conocimientos sobre las familias, por eso los pacientes en muchas ocasiones nos utilizan como desahogo", añade.

No en vano, hay pacientes que consideran a su médico de cabecera como a su psicólogo. "A veces, simplemente, vienen buscando un remedio que les anime, un consejo basta", confirma la doctora López. En un alto porcentaje de casos el objetivo es que el paciente recuperar su bienestar y equilibrio emocional y que tenga una actitud positiva que le ayude a ver en la situación de crisis económicas que atraviesa una oportunidad de cambio.

No hay más. Pero esta atención requiere de un tiempo suficiente a disposición del paciente, pues se trata de informar, apoyar o simplemente escuchar al paciente y eso, generalmente, no se resuelve en menos de diez minutos. En este sentido, los médicos de familia advierten de la merma de la calidad de la atención que suponen los recortes de plantilla, sobre todo, en verano.

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