Calle Rioja

Días de carbones encendidos

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LA Carbonería fue carbonería hasta 1974. "Conocimos al último carbonero", dice Pisco Lira, que no quiere ser el último tabernero de este local que abrió su padre, Paco Lira, como espacio cultural en febrero de 1976. El año del nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno y del regreso del exilio de Santiago Carrillo. Dos de los artífices de la Transición. "¿La transacción, has dicho?".

Ayer se levantó bien temprano pero el juicio previsto para las nueve y media en el juzgado número 9 para resolver la demanda por expiración de plazo presentada por el propietario del inmueble, la sociedad Hotel de los Mercaderes -vinculada a Ignacio Medina, duque de Segorbe- fue suspendido. "La solicitud de la Junta de Andalucía para declarar La Carbonería bien de Interés Cultural-Etnográfico llega tarde, pero es bienvenida y en cualquier caso no detiene el desahucio".

Su padre ya tuvo con la propiedad algún contencioso, "no me atrevería a decir que por los mismos motivos". Con el epígrafe de Galería de raros, como el título del libro de Ramón Carande, que fue buen amigo de la casa, hay un retrato de Paco Lira realizado por Tony Soto, coruñesa, pareja de Pisco. Los dos, su padre y su compañera, han fallecido. "Si se quieren quedar con la casa, nos vamos, pero qué hacemos con el alma de la casa, con la crónica sentimental de Sevilla, como un día la llamó aquí mismo Manolo Vázquez Montalbán".

Acude al piropo de otro barcelonés para destacar los apoyos que está recibiendo "de mucha gente, no de arriba precisamente". "Son lo que Jaime Gil de Biedma llamaba compañeros de viaje". Uno de ellos celebró aquí mismo, después de un recital en el teatro de la Maestranza, la fiesta de sus ochenta velas. "Me llamó Paco Ibáñez y dijo: qué barbaridad". En aquella celebración, el 20-N de 2014, una visita policial interrumpió la fiesta de cumpleaños con una orden de precinto.

Con los nombres que van saliendo en la conversación y que han pasado por este local se puede reconstruir una historia de la cultura española del siglo XX. "Aquí hay más de cincuenta años de historia viva del flamenco, desde Rito y Geografía del cante a los primeros 18 festivales de Mont-de-marsan". Por aquí pasaron Smash y Triana, "hay un testimonio audiovisual, Diego A. Manrique y Carlos Tena entrevistando a Jesús de la Rosa junto a esa chimenea donde ahora hay unas paredes blancas que nos impusieron por ese glorioso evento llamado Expo 92".

Lo más granado de la música, la pintura y la poesía española se ha dado cita en La Carbonería. "Sería injusto dar nombres", dice de los pintores, pero le salen César Manrique y Antonio Saura. A los cineastas Carlos Saura y Basilio Martín Patino les movía más en su presencia en el local su fascinación por el flamenco. La misma que sentía Frank Zappa, visitante casi clandestino y sabático que se quedó con las ganas de un proyecto de ópera-rock flamenco. Pete Seeger fue de los primeros que llegaron con amigos de la nova cançó como Raimon o Pi de la Serra. Un lugar donde se presentaron experiencias tan novedosas como unas sevillanas de Benito Moreno a partir de poemas de Gustavo Adolfo Bécquer.

La Cuadra, la Fragua, el Limonar, el Tablao y el Cuarto fueron los cinco espacios iniciales para el flamenco nuclear. Un tránsito que se resume en el título de un disco de José Domínguez El Cabrero, De la Cuadra a la Carbonería. "No hay hostilidad", dice Pisco de la relación con la propiedad, "lo que hay es no entender qué razones les mueven. No somos un precadiado, como sí lo éramos en el 76; ahora pagamos escrupulosamente las rentas. El régimen del dinero empezó a venirse abajo un poco antes de 2006, y eso dio al traste con grandes amigos, con pequeños y medianos comercios de la ciudad".

La Carbonería edita sus propios discos, tiene una línea editorial para la letra cotidiana, siguiendo un buen consejo de otro buen amigo, José Bergamín, "al que le gustaba venir al patio a hablar con mi padre, siempre acompañado de hermosas criaturas".

En la misma calle Levíes está la casa-palacio donde nació Miguel Mañara. "No vivimos de la caridad, sino de la generosidad de muchos amigos". Ese palacio fue un tiempo colegio en el que estudió Alfonso Guerra. "De los políticos hemos recibido silencio y preocupación". Cuando llegó Paco Lira a la antigua carbonería que vendía hasta carbón inglés y sigue vendiendo analogías -"lo que la mantenido son los carbones encendidos"-, era un espacio abandonado. "En un estudio de la arquitectura del barrio de San Bartolomé, la casa fue declarada de interés por la fachada y la cubierta de doble canal". Ramón Carande venía desde su casa de Álvarez Quintero y veía a Paco Lira recuperar la crujía de la casa. "Eso es como los trabajos de Sísifo", dice Pisco que le decía, "al final no te lo agradece nadie".

Fue el último lugar donde muchos de sus amigos vieron a Rafael de Cózar. "También se fueron Fernando Ortiz, el maestro José Romero". No sé si su señoría en el juicio o la propiedad del inmueble tendrá en consideración un argumento de Pisco Lira. "Tengo el inmenso honor de poder hablar con los muertos como con los vivos en esta casa". Entre sus diálogos favoritos, siempre renueva los que mantiene con Carlos Edmundo de Ory, "decía que esta casa se parecía a una calle, ibas de Levíes a Céspedes y siempre pasaba algo", o con Agustín García Calvo, "inteligencia prodigiosa en latín y griego".

Un Goytisolo y un Panero en una cita de poetas. Quiñones y Caballero Bonald. Y miles de anónimos donde "nadie es más que nadie". "Hemos sido una de las muchas casas acogedoras y con memoria que ha permitido que mucha gente entre en la ciudad de un modo distinto". Y que se sintieran como en su casa. "Carbones de todas clases. Servicio a domicilio".

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