Enrique cerdá olmedo. profesor emérito de la universidad de sevilla

"Einstein se equivocó, la naturaleza juega a los dados continuamente"

  • Premio Jaime I de Investigación, Medalla de Andalucía y habitual de las mejores universidades, este genetista es uno de los científicos más prestigiosos de la España contemporánea.

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-Me pondré trascendente: ¿qué sentido tiene la vida?

-La vida "es un cuento de un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada", recita Macbeth cada vez que se representa su tragedia. No estoy de acuerdo en que sea idiota, porque la evolución es creativa, pero estoy de acuerdo en que no tiene sentido, porque el mecanismo de la evolución biológica no tiene modo de dárselo. Hubo una época en la que yo se lo busqué, fui de misa diaria hasta los veintitantos años y estudié bastante más teología que muchos curas… Bueno, la vida sigue aunque no la comprendas.

-Esa afirmación puede llevarnos a la desesperanza.

-No tiene por qué. La vida es igual de divertida con sentido o sin él. La evolución, además de ser creativa, permite que lo seamos nosotros y le demos el sentido que queramos: mejorar la propia personalidad, establecer relaciones agradables, mejorar nuestro entorno, producir, contemplar, creer, imaginar.

-La vieja pregunta que surge es: ¿Si no existe Dios todo está permitido?

-Hay que tener en cuenta que nuestra felicidad depende de nuestra conducta. Esto es una consecuencia de la evolución. Un grupo cuyos miembros se portan bien y colaboran tiene más posibilidades de sobrevivir que otro que no actúa así… Hacer el bien a otros produce felicidad, como experimentamos al hacer una obra de caridad. En todas las especies se encuentran conductas altruistas por las que un individuo se pone en peligro y aún admite ciertos daños para favorecer a otro. Como ejemplos extremos, el tipo que se tira a un río para salvar a un niño o las abejas obreras, que renuncian en masa a su reproducción para favorecer la reproducción de la abeja reina.

-En EEUU se ha difundido en el entorno de muchas iglesias protestantes la teoría del diseño inteligente. Al igual que decía Voltaire, creen que no hay reloj sin relojero.

-¡Ojalá el diseño de la vida fuese inteligente!, pero la verdad es que está lleno de chapuzas y todos tenemos defectos que debía haber evitado un creador inteligente y benévolo. Con Voltaire muchas veces no se sabe si va en serio o en broma, pero, de todas maneras, en su época ni se atisbaba el mecanismo de la evolución y la alternativa era solo inventar mitos o reconocer la ignorancia. Se ha reprimido mucho a los que se atrevieron a hacerlo en las sociedades con religiones reveladas.

-Últimamente está estudiando la sexualidad del hongo Phycomyces. El sexo es fundamental para la continuidad de la vida…

-No, no es fundamental, hay muchos organismos que no son sexuales y no pasa nada. Lo esencial es la reproducción. La reproducción sexual es mucho más costosa que la asexual, pero tiene una ventaja: permite combinar caracteres hereditarios de individuos distintos y ensayar su éxito reproductivo. Esto viene muy bien sobre todo cuando las condiciones externas varían aprisa y las combinaciones nuevas pueden tener más éxito que las anteriores.

-¿Cómo diseña la evolución a los seres vivos?

-Es un diseño por error. Todos somos el resultado de la copia de fragmentos de los textos genéticos de nuestro padre y nuestra madre. Ahora bien, al copiar se producen errores, más o menos frecuentes según la calidad de los mecanismos de copia de la información. Los cambios que disminuyen la capacidad de reproducción desaparecen con las células y los individuos que los llevan. El resultado es que todos tenemos fallos hereditarios, algunos particularmente crueles para sus portadores. El aumento de la frecuencia de mutaciones, por acumulación de chernobiles, fukushimas y otras barbaridades, podría llevar a la extinción de nuestra especie.

-Pero de estos errores de copias o mutaciones que se producen continuamente por azar permanecen aquellos que nos permiten adaptarnos mejor al ambiente, ¿no?

-Así es. La selección inevitable de los que mejor se reproducen cambia la composición de las generaciones sucesivas. Imagínese un método para mejorar el Quijote. Cogemos el original y hacemos millones de copias en las que introducimos variaciones al azar. Luego damos estas copias a los lectores y recopiamos las que gustan más, y así continuamente… Esto es lo que ha hecho la vida en miles de millones de años, un procedimiento lento y costoso, pero eficaz.

-¿Parará en algún momento el proceso?

-No hay forma de parar la evolución, está siempre en movimiento, porque no se pueden evitar los errores ni la selección… De hecho, eso que llaman la conservación de la naturaleza es un imposible, sencillamente porque la naturaleza está en perpetuo cambio. Cuando hablamos de conservación de la naturaleza, en verdad nos referimos a una jardinería, como Doñana, que es un espacio intervenido por el hombre, un jardín.

-Cuando yo era niño vi en una revista de divulgación científica una imagen de cómo se presumía que iba a ser Homo Sapiens dentro de unos miles de años. Era un ser muy feo, como los extraterrestres de algunas películas de serie B, con el cerebro desmesuradamente grande. ¿Ese es nuestro futuro?

-No sabemos cómo evolucionará el hombre, pero probablemente no tendrá el cerebro más grande. Tenga en cuenta que el hombre de Neandertal tenía el cerebro de mayor tamaño que nosotros y no por eso era más inteligente. Hay muchos tontos cabezudos. Dicen los neurólogos que tenemos neuronas de sobra. Lo importante es cómo se componen y cómo funcionan sus redes.

-Hay algunas teorías que afirman que el hombre ha parado su evolución biológica para sustituirla por una evolución tecnológica.

-Como ya he dicho, es imposible parar la evolución biológica, pero le hemos añadido un extra de evolución cultural apabullantemente rápida... La evolución de nuestro cerebro nos ha dado la capacidad de diseño inteligente y a la biosfera hemos añadido la noosfera y la tecnosfera, ambas en crecimiento vertiginoso. Esta prótesis externa [saca un móvil], me conecta con el mundo y espero que pronto me dé acceso a todos los libros, todos los museos, todas las cinematecas. Estamos generando una nueva civilización, pero la evolución biológica, insisto, no hay quien la pare.

-De todo lo que estamos hablando, especialmente del peso del azar en la evolución, concluyo que Einstein se equivocó cuando dijo aquello de que "Dios no juega a los dados con el universo".

-Einstein tuvo un año maravilloso en 1905, los demás... En esta cuestión se equivocó: la naturaleza juega a los dados continuamente. Muchas cosas son aleatorias: las mutaciones, las combinaciones de genes, el sistema inmunológico, el amor. El azar se nos cuela continuamente en la vida. ¿Cuántos elementos de azar hay en el hecho de que estemos manteniendo hoy esta conversación? Casi infinitos.

-Estamos hablando de la vida, ¿pero y la muerte?

-Con la vejez copiamos, mantenemos y reparamos cada vez peor la información genética de nuestras células, un proceso diseñado por la evolución. Es decir, la decadencia y la muerte están programadas y abren oportunidades a nuevas combinaciones genéticas. Esto, por ejemplo, no ocurre con las secuoyas, que pueden vivir dos mil años y más si no se talan o se queman.

-Usted, que también es ingeniero agrónomo, es un gran defensor de los cultivos y alimentos transgénicos, aquellos a los que se les ha incorporado genes de otros organismos para que tengan una determinada característica (resistencia a la sequía, mejor color, sabor...). Sin embargo, ésta es una cuestión que levanta ardientes polémicas.

-Lo curioso es que los supermercados están llenos de productos transgénicos. Para empezar, la mayoría de la carne que se consume en España viene de animales que se alimentaron con soja y maíz transgénicos. Toda la insulina que se inyectan los diabéticos, que son varios millones en España, es transgénica. También es transgénica toda la hormona del crecimiento inyectada a niños que pueden aprovecharla, como Messi. Los billetes de euros están hechos con algodón transgénico... Todos somos una innovación genética, porque el cambio continuo hace que todos llevemos información que no había existido nunca. ¿Por qué van a tener que pasar controles los tomates transgénicos y no los obtenidos por otras manipulaciones genéticas? Los perros asesinos que se comen niños crudos son producto de manipulación genética, aunque no son transgénicos.

-Sin embargo, insisto, hay un gran movimiento contra los alimentos transgénicos...

-Mire, una vez organicé un curso sobre la materia en El Escorial e invité a las principales organizaciones antitransgénicas... Gratis, en el Hotel Felipe II, con premios nobel, científicos y políticos de gran nivel... No vino ninguna. Tampoco la ministra de Medio Ambiente de entonces, Cristina Narbona, otra antitransgénica que no delegó en nadie, ni tuvo la cortesía de acercarse a saludar a su homólogo de Portugal, que sí acudió... Los antitransgénicos no entran nunca al trapo del debate, porque quedan mal. Deberían saber que tienen la batalla totalmente perdida: en el mundo hay cerca de 200 millones de hectáreas plantadas con transgénicos, catorce veces más que toda la superficie cultivada de España.

-Hoy en día hay científicos que niegan el libre albedrío, o lo que es lo mismo, la capacidad de los seres vivos para tomar decisiones libremente.

-Los organismos muy básicos, como las bacterias y los hongos, se comportan como autómatas: responden a estímulos externos según su propia condición del momento a través de mecanismos determinados por sus genes. Cuando reciben estímulos contradictorios, parece que dudaran, hasta que se decide la respuesta por comparación de niveles de ciertas moléculas. Los sistemas nerviosos más avanzados complican mucho la situación, puesto que influyen en la decisión el recuerdo de situaciones previas similares, propias y ajenas, y la capacidad de anticipar las consecuencias de las decisiones posibles. Llamamos libre albedrío al proceso porque parte de él se refleja en nuestra consciencia en tiempo real, pero no creo que dependa de otra cosa que de las interacciones de moléculas.

-¿Qué es lo que pesa más en nuestra vida, la herencia genética o nuestra voluntad?

-Tenemos conductas automáticas, como la lactancia o retirar la mano cuando tocamos un objeto que esté a más de sesenta grados, y otras que hay que aprender, aunque para ello necesitamos ciertos genes, como hablar un idioma u otro o montar en bicicleta.

-¿Y cuáles pesan más?

-La mejor información viene del estudio de los gemelos univitelinos - los que tienen casi exactamente los mismos genes- que se han separado al nacer y se han criado en ambientes distintos. El científico inglés Cyril Burt publicó muchos estudios sobre estos gemelos e influyó decisivamente en el debate pero, cuando murió en 1971, se descubrió que muchos de los gemelos que decía haber estudiado no habían existido nunca, los había inventado. Es un ejemplo apabullante de falsedad en ciencia. Bueno, también Freud se inventó a muchos de los pacientes que afirmaba haber examinado; en mi biblioteca sus obras están con la literatura de ficción.

-¿Y a qué falsa conclusión había llegado Cyril Burt?

-Lo curioso es que en general acertó en decir que la conducta tiene un componente hereditario muy importante, pero también otro ambiental de gran peso. Sin embargo, esta visión es demasiado simple. La arquitectura del sistema nervioso solo puede estar predeterminada por nuestros genes de manera muy parcial, porque no tenemos genes bastantes. La mayoría de las conexiones nerviosas tienen que establecerse al azar y luego reforzarse o anularse según su función. De manera que tendríamos tres componentes: la herencia, el azar no hereditario y la experiencia posterior, el aprendizaje. Además no se puede hablar de conducta o de inteligencia en general, sino de habilidades específicas. Yo tengo muy mala memoria para números de teléfono y nombres de personas, pero muy buena para los mapas. La inteligencia en general no existe, lo que existen son habilidades distintas y a nadie le tocan todas juntas, entre otras cosas porque algunas son contradictorias. En ese sentido, es muy importante saber cuáles son las propias habilidades y aprovecharlas.

-¿Y qué hay que hacer?

-Olvidarse de la genética y mejorar la educación. A todos los niveles.

Perfil: ¿Volverá el ping pong al Departamento de Genética?

Meter la cuchara en la conversación de Enrique Cerdá Olmedo (Guadix, 1942), uno de los mejores científicos de la España contemporánea, es labor ardua y complicada, tanto como cazar una presa en el plato del Domine Cabra. Apenas el entrevistador abre la boca, Cerdá lanza al aire de mayo un torrente de palabras, argumentos, imágenes y chispazos que dejan a su interlocutor noqueado. Hombre de brío físico e intelectual, de carcajada jocosa y de sabiduría oceánica, recibe al plumilla en su despacho, un espacio en penumbra gracias a la sombra que proyectan los plátanos de Indias del campus de Reina Mercedes. Estamos en el mismo lugar en el que, en 1969, este científico fundó el Departamento de Genética de la Universidad de Sevilla. "Entonces sobraba espacio y pusimos una mesa de ping-pong para poder desfogar unos minutos durante las largas jornadas de investigación", asegura el multigalardonado Cerdá (Premio Jaime I de Investigación Científica, Medalla de Andalucía, etc., etc.).

Poco a poco, el espacio del tenis de mesa fue ocupado por los jóvenes investigadores que irían forjando la escuela sevillana de genetistas. Ahora, sin embargo, Cerdá se está planteando comprar "con dinero de mi bolsillo" una nueva mesa de ping pong. "Esto se está quedando vacío de nuevo. A esa chica que ve usted ahí no le pagan, ese otro se va a trabajar a Inglaterra...". El espíritu del Buscón vuelve a planear sobre la ciencia española. Mientras tanto, Enrique Cerdá se dedica al estudio del hongo Phycomyces. "¿Que si se come? Bueno, a los gatos y a los ratones les encanta, pero tiene muy poca chicha para un hombre como usted. La verdad es que yo lo he probado y su sabor no me ha gustado demasiado", indica. Con un gesto de teatral resignación asegura que ha terminado de "sexólogo de hongos". Y es que Cerdá Olmedo es amigo de la chanza y la provocación pese a los malos tiempos. "A mí me pasa lo que a Voltaire, que nunca se sabe cuando está en serio y cuando en broma... Bueno las mujeres sí lo saben".

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