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Encuentro entre canteranos

  • Saludos. Gabino, hijo pródigo del Betis, se encontró en la plaza de San Francisco con Beltrán Pérez, gran esperanza del centro del campo del PP

Gabino, ayer, saludando a Beltrán Pérez en la plaza de San Francisco. Gabino, ayer, saludando a Beltrán Pérez en la plaza de San Francisco.

Gabino, ayer, saludando a Beltrán Pérez en la plaza de San Francisco. / c.n.

El Betis es un equipo muy dado a los hijos pródigos: lo fueron Luis del Sol y Gordillo, pero si ha habido un hijo pródigo superlativo ése se llama Gabino Rodríguez, bético en tres ocasiones, como las fases de Spielberg.

El concepto de cantera se ha extrapolado del fútbol a la política. Por eso es significativo ese encuentro que ayer, diez de la mañana, Plaza de San Francisco, se produjo entre Gabino Rodríguez y Beltrán Pérez, la gran esperanza blanca del centro-derecha sevillano, que suena a carrilero socialdemócrata con acrobacias de la escuela de Chicago.

Beltrán Pérez es la apuesta de la cantera del PP como en un tiempo Gabino fue un valor en alza de la cantera del Real Betis Balompié. El futbolista nació tres días antes del gol de Marcelino a la Unión Soviética y debutó en Primera antes de cumplir los 20 años. El fútbol es el perfecto correlato del crepúsculo de los dioses de Billy Wilder. Alguna vez contó el futbolista que con veinte años iba a la Feria con cuarenta amigotes que comían y bebían a cuerpo de rey y con treinta iba solo y no lo dejaban entrar en ninguna caseta. Fue campeón de Europa con la sub-21 en 1986.

Si los políticos se ganan el sueldo y el voto en los distritos, antes de la globalización el fútbol era un asunto de barrios. Gabino llevaba el de las Letanías como estandarte en un tiempo en el que José María era de la Oliva o Monsalvete de las Tres Mil Viviendas. Gabino vivió dos aventuras allende la ciudad: una en Logroño, en Las Gaunas, coincidiendo con su servicio militar, el mismo destino donde años después recalaría Quique Setién, actual entrenador del Betis; una segunda etapa, más prolongada, en el Español de Barcelona.

Ha habido Gabinos en la política (Gabino Puche), en la interpretación (Gabino Diego, el inolvidable nieto de Fernando Fernán-Gómez en El viaje a ninguna parte), hasta en el arzobispado (Gabino Díaz Merchán, que fue obispo de Oviedo y presidió la Conferencia Episcopal), pero Gabinos sin apellidos, reconocibles en su presentación nominal sólo ha habido este ídolo con las piernas de seda y los pies de barro de las Letanías y si acaso el que acertó una quiniela de catorce.

Beltrán tiene en el área municipal la astucia de Gabino. Es de la quinta de Susana Díaz, hijos del invierno de 1974, cuando Gabino tenía diez años en la Sevilla de la agonía del franquismo. Dos exponentes de la picaresca en la mejor acepción de la palabra, que esconden el balón o lo acarician según las exigencias del partido. Palabra-marco que une también estas vocaciones canteranas que una mañana de octubre se cruzaron en la plaza de San Francisco. Gabino le preguntó a Beltrán por el alcalde que ahora es ministro, que es algo así como fichar por el Real Madrid.

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