Fallece a los 70 años el maestro Diego Puerta

  • Hoy, a las doce de la mañana, se celebra una misa funeral en la iglesia de San Bernardo · Por su extraordinario valor se le conoció como 'El Espartero del siglo XX'

Fallece a los 70 años el maestro Diego Puerta

Hoy, a las doce de la mañana, se celebra una misa funeral en la iglesia de San Bernardo · Por su extraordinario valor se le conoció como 'El Espartero del siglo XX'

Diego Puerta, máxima figura del toreo en la década de los años 60 del siglo pasado y conocido por los aficionados como Diego Valor, falleció en la madrugada de ayer a los 70 años de edad en su domicilio en Sevilla, en la urbanización Las Canteras, en el término de Castilleja de la Cuesta, a consecuencia de un fallo multiorgánico, tras varios problemas de salud. Hoy tendrá lugar una misa funeral en la iglesia de San Bernardo, donde fue bautizado el 28 de mayo de 1941; si bien, el también conocido como el Espartero del siglo XX (por su excelso valor) nació en El Cerro del Águila.

A partir de las siete de la tarde de ayer familiares y amigos velaron su cadáver en el Ayuntamiento de Sevilla, en un acto al que asistió el alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido.

Diego Puerta evidenció un valor extraordinario a lo largo de su carrera, con el añadido de una entrega y honradez sin límites, que le hacían volver a la cara del toro cuando todavía no se había repuesto de los percances. Su carrera estuvo marcada precisamente por más de medio centenar de cornadas de consideración, varias de ellas muy graves, ante las que respondió con un arrojo soberano. En sus comienzos ya demuestra su coraje y gallardía en un festejo nocturno en Barcelona, en el que las reses son de gran tamaño y envían a sus dos compañeros a la enfermería. El joven torero, lejos de amilanarse, mata cinco novillos y corta seis orejas y un rabo. Entre las faenas para el recuerdo destaca la que realiza en la Maestranza en la Feria de Abril de 1960 al toro Escobero, de la ganadería de Miura, que le cogió varias veces; una labor que según señalaba el propio torero, brindó a Belmonte. Le llevaron las dos orejas a la enfermería. El doctor Leal Castaño le tiró a sus pies el sombrero ancho que siempre llevaba a la plaza; y posteriormente le curó.

En 1957 se había presentado en la plaza del Arenal. En mayo de 1958 debuta como novillero en Las Ventas y el 29 de septiembre del mismo año, Luis Miguel Dominguín le doctora en la Maestranza, cediéndole la muerte del astado Zambombero, perteneciente a la ganadería de Arellano, siendo testigo Gregorio Sánchez.

Las repetidas cornadas de la temporada siguiente le frenan, aunque actúa en 28 corridas; pero hubo de aplazar la confirmación hasta el 20 de mayo de 1960, efeméride en la que Manolo González le cede los trastos en presencia de Chamaco en la Monumental de Las Ventas. Pese a resultar cogido en Tudela, logra sumar 71 festejos. En 1961 supera una seria cornada en San Sebastián y con la vergüenza torera y honestidad que le caracterizan llega a alcanzar la cifra de 73 festejos.

Aunque es constantemente castigado, el número de actuaciones es elevado. En 1962 toreó 79 corridas; 53 en 1963; en 1964, 61 tardes, con un triunfo grandioso en la Feria de Abril, cortando cuatro orejas.

Sus campañas son triunfales, destacando el Feria de Abril de 1968, el día 26 de ese mes, en una espléndida faena a un toro de Marqués de Domecq, al que corta un rabo. El maestro sevillano, en una entrevista realizada por esta redacción, confesaba que era una de sus obras predilectas "por lo a gusto que toreé".

Los éxitos se encadenan y en 1974 interviene en 42 festejos. El 12 de octubre de ese año se retira en la Maestranza, alternando mano a mano con Paco Camino, ante toros de Urquijo, en una tarde en la que corta una oreja. A esta cita, que refleja fielmente su carrera, acudió con una herida abierta en el escroto, causada por una cornada recibida tres días antes en Zaragoza. En un banquete celebrado por la noche, le imponen la Cruz de Beneficencia en reconocimiento a sus muchas actuaciones en festivales a favor de los necesitados. En su toreo, además de un valor descomunal, destacaba la gracia y el pellizco artístico.

Diego Puerta, fiel a la palabra que había dado a su esposa, María García-Carranza, no volvió a vestirse de luces, pese a que le ofrecieron exclusivas muy sustanciosas. El maestro sevillano también destacó como empresario taurino, dirigiendo acertadamente la plaza de toros de Castellón, y triunfó como ganadero.

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