Javier Villanueva regresa a Sevilla tras 1.358 días de pesadilla en Bolivia

  • El joven acusado del asesinato de una fiscal pasa su primera noche en su vivienda del barrio de Santa Clara · Villanueva asegura que sólo empezó a sentirse libre en España y que se dedicará estos días a descansar y enseñar la ciudad a su novia

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"Oiga, ese es el muchacho que ha estado preso en un país de Suramérica, ¿no?". Una mujer lanzaba esa pregunta en la parada de taxis de la estación de Santa Justa poco después de las cinco y media de la tarde de ayer. A unos escasos cinco metros, una nube de fotógrafos y cámaras de televisión retrataban a un joven de casi dos metros de altura que posaba junto a su familia en la puerta de la terminal. "Exactamente, señora, el mismo", respondía un periodista. El muchacho era Javier Villanueva, el empresario sevillano de 31 años que fue absuelto del asesinato de una fiscal en Bolivia y que pisó ayer suelo sevillano por primera vez en casi cuatro años.

Villanueva puso fin en la estación de Santa Justa a un tortuoso calvario que ha durado 1.358 días, los mismos que separan la tarde de ayer del 28 de abril de 2004, el día que fue detenido en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra bajo la acusación del atentado con coche bomba que causó la muerte a la fiscal Mónica von Borries. Atrás quedan las torturas en una comisaría boliviana para arrancarle una confesión, más de año y medio de cautiverio en la prisión de Palmasola, el juicio y la posterior absolución, los continuos recursos y retrasos de la Justicia del país andino y la ruina económica de su familia para lograr una victoria en los tribunales en la que casi nadie creía.

El joven sevillano llegó a España con cierto retraso. Aterrizó a las cinco de la madrugada en el aeropuerto de Barajas después de que se viera afectado por una huelga de la compañía Aerolíneas Argentinas, con la que voló a España desde Buenos Aires. Una vez en Madrid, se entrevistó con el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y relató su experiencia en un programa de televisión. A las tres de la tarde tomó un AVE hacia Sevilla que le hizo llegar a la terminal de Santa Justa a las cinco y veinte minutos.

Allí le esperaban una multitud de medios de comunicación, los familiares que no se habían desplazado a Madrid, decenas de curiosos y algún que otro admirador que había seguido su caso con especial interés. La estación incluso prohibió a la prensa el acceso a los andenes para impedir que las numerosas cámaras entorpecieran el flujo de viajeros. El propio Villanueva ni se esperaba un recibimiento así. "Estoy impresionado con esto, con tantos medios de comunicación. Es más, ni siquiera sabía que había tanta prensa aquí", explicaba después a este periódico, ya desde la tranquilidad del hogar en el que reside desde ayer en Santa Clara.

Una de las personas más felices ayer era Francisco Villanueva, padre de Javier y posiblemente quien más haya trabajado en la liberación de su hijo. "Hemos jugado en campo contrario y hemos ganado, y eso es muy difícil", decía. Antes, su hijo atendía a la prensa recalcando su emoción y agradecimiento. Incluso anunciaba que sus abogados estudian presentar una querella en España contra las autoridades bolivianas por las torturas que sufrió tras su detención.

Sobre los planes de futuro, aún no sabe nada. "Veremos. Después de todo lo que he pasado lo que venga va a ser bueno. Ahora lo que quiero es pasear por Sevilla, enseñarle a Carola (su novia) todos los rincones de mi ciudad y respirar aire de libertad. Quiero recuperar un tiempo que nadie me va a devolver, pero intentaré disfrutar del que me queda". Villanueva, agotado tras 33 horas de viaje pero con buena cara, empieza ya a sentirse libre en Sevilla.

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