Calle Rioja

"¡Maestro, qué bien se está aquí!"

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LAS puertas de San Miguel y Campanillas permanecen abiertas durante la ceremonia. Por la primera se ve pasar al tranvía; por la segunda, los coches de caballos. También está abierta, justo frente al altar del Jubileo, la puerta del Príncipe. "Éste es el voladizo con aire acondicionado", dice a los feligreses situados junto al enterramiento de Colón uno de los tres sacristanes, Antonio José Ortiz.

Es el mismo sacristán que toca la campana que anuncia la ceremonia y que cierra el cortejo, precedido por el vicario, Francisco Ortiz, y por el prior del Santo Ángel, el carmelita Juan Dobado, que se estrenó ayer en las lides de predicar una novena a la Virgen de los Reyes en la Catedral.

La novena la instituyó el cardenal Segura. "48 años, y sólo me he perdido una porque estaba en París", dice José Enrique Ayarra. Entre el vaivén de abanicos, el organista debe ser el que más padezca el calor de la noche: la víspera estaba a siete grados dando un concierto de órgano en un monasterio benedictino de la Selva Negra.

Entrada de San Miguel. Feligreses, turistas y curiosos ven a su izquierda a los mineros de Boliden. 160 días de novena. Una mesa petitoria instalada por la Asociación de Fieles de Nuestra Señora de los Reyes y San Fernando que preside Carmen Almagro, maestra de escuela. "Fernando III entró en Sevilla con la Virgen de los Reyes y quiso enterrarse a sus pies", dice Mauricio Domínguez Adame, ex jefe de Protocolo del Ayuntamiento y vicepresidente de la citada Asociación.

La fiesta de la Virgen de los Reyes es un protocolo del tiempo. Algo que empieza, algo que termina. Prosigue el goteo de personas que se dirigen a la nave del crucero. "Son 1.700 asientos", dice un empleado de la empresa de sillas Quidiello, "el día 15 se colocarán un total de 2.500".

El vicario de la diócesis, Francisco Ortiz preside la ceremonia y representa al cardenal de Sevilla, que se encuentra en viaje pastoral al Perú. Monseñor Amigo se incorporará a las novenas y en una de ellas impondrá las medallas a los nuevos hermanos de la Asociación. Ya son 1.700. "En Sevilla es muy fácil encontrar recuerdos de la Macarena o del Gran Poder, pero de la Virgen de los Reyes, que es la patrona de la ciudad, no tanto", dice Carmen Almagro.

La Asociación es una de esas grandes desconocidas eclipsadas por el boato del marianismo de boquilla. Los que sólo ven beaterío en esta generosidad sin nada a cambio, en esta donación de tiempo y sonrisas, no entrarían donde entran estos fieles: el apadrinamiento de quince niños del Tercer Mundo, la labor de Cáritas en Birmania o en los comedores de Sevilla, las hermanas de la Cruz, Madre Coraje, el viaje a Lourdes de la Fundación Leonardo Castillo. O las destinatarias de la colecta extraordinaria de esta novena, la Congregación Filipense de la calle Hiniesta, que cumple 150 años de su fundación y acoge a mujeres embarazadas y en desamparo familiar, a menores y niños inmigrantes.

"¡Maestro, qué bien se está aquí!". Los feligreses suscribían las palabras de Pedro a Jesús en la nube mística que compartían con Elías y Moisés. El carmelita que predicó la novena empezó con un poema y habló de San Juan de la Cruz. Evocó a esta mujer sencilla pese a sus títulos: Madre de Dios, Reina de reyes, "el edén de una antigua ternura olvidada".

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