Mosto y olivas contra los elementos

  • La Feria de Umbrete volvio a registrar una gran afluencia pese a la lluvia y el atasco en la A-49

El domingo se presentaba ominoso con la lluvia -por otra parte muy necesaria- que cayó desde las siete de la mañana y que amenazaba con arruinar las previsiones de los organizadores de la XIX Feria de Umbrete. Por si fuera poco, el atasco causado por el accidente de un autobús en la A-49 dificultaba el acceso al Aljarafe desde la capital en un día que invitaba a volverse a casa.

Señales que parecían confirmarse con el albero encharcado del aparcamiento del recinto ferial, inusualmente vacío para la ocasión, y en la obligación de las autoridades -entre ellas, la alcaldesa de Jerez, Pilar Sánchez Muñoz, como principal invitada- de soslayar el corte de la cinta para evitar mojarse... al menos por fuera.

Dentro de la gigantesca carpa, la historia se desarrolló de una forma bien distinta. Quizás no hubiera los 30.000 o 40.000 visitantes habituales -el mayor volumen en un día para una fiesta de estas características en la provincia de Sevilla, según reza la publicidad del evento- pero había muchos. "Esto no es nada", comentaba Joaquín, un asiduo de la feria. "Otras veces ni se cabe. La lluvia para mucho".

De hecho, no mucho después de la inauguración oficial de la feria con la apertura de las canillas y el comienzo del servicio gratuito de los 5.000 litros de mosto y los 3.000 kilos de aceitunas, donados respectivamente por Bodegas Salado y la empresa Escamilla, resultaba difícil encontrar un pedazo de barra o mesa donde apoyarse para consumir las excelencias gastronómicas de la muestra.

Y eso que eran muchos. No en vano, apuntaba Manuel Sánchez, delegado de Fiestas, el buen condumio es uno de los grandes motores que atrae visitantes a Umbrete, "que cuenta con 30 bares y restaurantes de primer orden", aseguraba.

En la zona gastronómica de la Feria había 14. Entre ellos, algunos establecimientos tan conocidos como Casa Rufino o la Parrilla Argentina Emilio, pero también asociaciones ajenas al gremio metidas ocasionalmente en el ajo como Cáritas o diversas ampas.

Aunque la caldereta, las albondigas, el potaje o la paella fueran casi ubicuas, había donde elegir con tanta oferta: desde las croquetas de bacalao del bar Las Farolas al queso fresco con crema de fresas del restaurante la Luna. El boca a boca ayudaba a elegir entre tanta variedad. "Me han dicho que ponen platos de gambas a cuatro euros", decía una señora. Y, efectivamente, la pescadería Leocadia los servía, así como de bocas, cigalas, pulpo, mejillones...

Para los preocupados por su salud o figura, una empresa local, Diet Catering, promocionaba sus comidas "caseras sin hidratos de carbono", al lado eso sí de tentadoras pastelerías y tiendas de dulce. Pero las estrellas, claro está, eran el mosto y las aceitunas, y no sólo porque eran gratis.

En el expositor de Bodegas Salado, Curro Salado atendía a sus invitados mientras que su nieto, Manolo Salado, mostraba sus genes de bodeguero cuando hablaba de los últimos productos. "Eso no es champán", corregía, "es un espumoso semiseco". Se trata de la segunda cosecha. La primera, de 15.000 botellas, se agotó rápidamente. También ofrecen, además del mosto, botellas de vinagre de yema, "lo que sale del último apretón". Y la bodega, como otras de la localidad, se puede visitar llamando al 955715601.

A su espalda estaba el stand del otro gran patrocinador del evento. Antonio Escamilla explicaba que la calidad de la aceituna aljarafeña se comprueba por su piel, "de color oro brillante" y la sabrosa la pulpa de su carne "que se despega fácilmente del hueso". Aun así, reconoce que con las aceitunas "no hay medias varas, o encantan o se les tiene mucho asco. Pero eso no pasa con la aceituna del árbol, sino que tiene que ver sobre todo con el aderezo o el hueso", apuntaba el representante de una firma que, además de olivas, "es la que más mojo picón vende en Canarias".

Para rebajar la culpabilidad tras los excesos, la zona comercial ofrecía, entre otras, los servicios de la Ciudad Deportiva de Umbrete, que entre otras actividades deportivas ofrecía "un método innovador, la kinesis, que sólo se hace en Almería y aquí", explicaba una amable mexicana, mientras en el stand analizaban la masa corporal de lo solicitaban.

Productos pirotécnicos, firmas de moda -en auge en el Aljarafe-, artesanías, motos o el picadero de los hermanos Arcos, campeones de Andalucía de doma vaquera y enganches, reflejaban la pujanza y el equilibrio entre tradición e innovación de Umbrete, aunque si algo llamaba la atención eran las limusinas del Rent-a-car para bodas: un Bentley del 56 y un Ford Lincoln de siete metros. A 600 euros las cuatro horas, eso sí.

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