Nuevas quejas de los usuarios de las piscinas de San Pablo

  • Entre las protestas destaca la del pago de matrículas a pesar de su cierre

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Un grupo de usuarios de las piscinas del Complejo Deportivo de San Pablo expresaron ayer a este periódico su malestar por el retraso en las obras de las instalaciones de 25 metros que, desde el pasado mes de noviembre, permanecen cerradas. Como método de presión, los usuarios han presentado hojas de reclamaciones en las oficinas dependientes del Instituto Municipal de Deportes en las que destacan su disconformidad con el pago de matrículas por un periodo de tres meses ante el temor de perder sus plazas.

Reyes Picasso acude desde hace una década a la piscina de 50 metros de San Pablo, también cerrada desde octubre de 2007 por obras de mejoras. Con la nueva situación, Reyes se ha visto obligada a amoldarse a unos horarios más restringidos y a una piscina de menor tamaño y masificada en la que tampoco "nadie -dice- nos ha informado de cuándo van a empezar y acabar las obras".

Compatibilizar el horario laboral con el de la práctica deportiva resulta un problema añadido para algunos de los afectados. Rafael Rueda comentaba que "ya antes del cierre de la instalación los horarios para acudir a nadar eran muy limitados debido a la masificación que había".

Esta situación empeora en el caso de los usuarios que por motivos de salud (autistas, síndromes de Down...) acudían al complejo deportivo como terapia y ahora ven frenada su actividad física. Entre las reclamaciones, de las que aseguran "aún no han obtenido respuesta", se encuentra la de Pepa, que a sus 76 años se ha visto obligada a dejar la natación: "Lo que mejor me viene para tener unas piernas ágiles".

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