Postal de Navidad en el Salón Gótico del Alcázar

  • Clausura abierta. 23 de los 37 conventos de clausura de la diócesis participan en una nueva edición del mercadillo de dulces que se celebra desde 1985

El alcalde y el arzobispo, en el Alcázar El alcalde y el arzobispo, en el Alcázar

El alcalde y el arzobispo, en el Alcázar / Juan Carlos Vázquez

Ocho conventos de clausura de la capital y quince de la provincia, de los 37 que hay en la diócesis, la que más tiene en toda España, ponen a la venta desde ayer sus dulces conventuales en el Salón Gótico del Alcázar. "La verdadera postal que anuncia la Navidad". Así de certero fue el dardo que lanzó Juan Espadas, alcalde de Sevilla, para definir esta iniciativa después de recorrer con el arzobispo de la diócesis, Juan José Asenjo, esta rendija culinaria de las clausuras.

El alcalde se puso en la cola como uno más con bizcochos marroquíes de Osuna y yemas de las clarisas franciscanas de Carmona. "Si no llevo mi mujer me arrea y mi madre más". A Espadas y Asenjo les acompañó Bernardo Bueno, alcaide del Alcázar, ex edil socialista y sobrino político del que fuera camarlengo de Juan Pablo II, Eduardo Martínez Somalo.

El alcalde se llevó bizcochos marroquíesde Osuna y yemas delas Clarisas de Carmona

Asenjo defendió la vida contemplativa de estas religiosas e insistió en las necesidades de unos conventos que viven en régimen de precariedad pese a formar parte del patrimonio histórico y artístico de la ciudad.

La puerta del Alcázar que da al Patio de Banderas era un torno simbólico. Dentro del Salón Gótico que Felipe II mandó construir como homenaje a su padre, Carlos V, que se casó en el Real Alcázar, los dulces se compraban en la Sala de las Bóvedas y se pagaban en la Sala de los Tapices, donde se turnan una veintena de cajeras.

La exposición y venta de los dulces conventuales se remonta a 1985. Como Dios siempre escribe con renglones torcidos, fue la entonces directora del Instituto Francés, María Teresa Michaud, que cada año se llevaba dulces de conventos a Francia, la que abrió las puertas de su institución en una edición experimental. A partir del año siguiente ya se celebró en el Palacio Arzobispal. 33 ediciones en las que fue fundamental el empeño de dos mujeres, Claudia Rodríguez y María Luisa Fraga Iribarne. Ésta, hermana del ex ministro, hizo su tesis doctoral sobre los conventos tras la desamortización de Mendizábal. "Ha sido un pozo de sabiduría y ahora tiene alzhéimer", dice Claudia Hernández, una jugadora de golf que cogió el relevo de su madre y coordina al centenar largo de voluntarias.

El Alcázar es un ejemplo de cómo los reyes cristianos asimilaron el gusto islámico por la proporción y el detalle. De igual forma, en los conventos de clausura, recintos para la oración, salen sincretismos del paladar como sultanas y bizcochos marroquíes.

Entre las novedades de este año, Claudia Hernández menciona las hojaldrinas sin azúcar que hacen las clarisas de Estepa. "Recetas antiguas que se adaptan a los nuevos hábitos". Las Jerónimas de Constantina ofrecen dulces en forma de móviles que harán las delicias de los más pequeños y repostería coronada con escudos del Betis, el Sevilla y el Real Madrid. "El próximo año los traeremos del Atleti", le dice una de las voluntarias a monseñor Asenjo al conocer su fervor balompédico. Destacan la mano de Araceli, una monja japonesa, y de la madre priora. Arzobispo y alcalde pasan por el puesto de las Agustinas de Fregenal de la Sierra, pueblo de Zoido.

Se fue Juan Espadas, no sin antes reiterar la condición de Sevilla como "ciudad-destino para la Navidad", con el añadido de las exposiciones de Murillo, y llegó Beltrán Pérez. El portavoz del PP abogó por el apoyo de todas las administraciones "para buscar la financiación para la rehabilitación que necesitan algunos de los conventos". Edificios que han escrito páginas fundamentales de la literatura -La Española Inglesa en Santa Paula, Maese Pérez el Organista en Santa Inés, Ocnos en San Leandro- y que ahora salen en los periódicos porque no tienen para pagar la luz o han recibido una multa de la Junta.

La cola para pagar llegaba a la Sala Cantarera, donde el alcalde y el arzobispo fueron agasajados con un refrigerio. Allí conocieron a María Josefa Cruz, a punto de cumplir 89 años, "con un bisnieto de 17", la decana de las voluntarias a la que no le importó ponerse a bailar sevillanas para vender unos pestiños.

Fernando Martín, catedrático de Historia del Arte, organizador de las Jornadas de Arte Contemporánea -en febrero llegará a la edición 25-, saluda a Maribel González, voluntaria. "Fernando fue profesor de mi hija, que está de cajera de los dulces". Maribel es la esposa del catedrático de Historia del Arte Emilio Gómez Piñol. Historia, Arte y mucho más en este mercadillo navideño, apoteosis de alfajores y rosquitos. "Lo hacemos porque creemos en lo que hacemos", dice Maribel, que no ha faltado ni un solo año. "Creemos en Dios y en el cuerpo místico de la Iglesia. Ellas hacen una cosa y nosotras otra".

Las Dominicas del convento Madre de Dios homenajean a Sor Bárbara de Santa Domingo llamando a uno de sus dulces Hija de la Giralda, sobrenombre de la hija del campanero de la Giralda cuya biografía escribió Carlos Ros y se conoce al dedillo Gloria Gamito, la Oriana Fallaci de los conventos de clausura. Si alguien le pide una sugerencia, se inclina por las yemas de las Carmelitas de Santa Ana. Probarlas tiene que ser tan apetitoso como conocer su intrahistoria. "Con la Revolución Gloriosa", cuenta Gamito, "las sacaron de su convento y las trasladaron a San Leandro. Estuvieron allí once años y aprendieron a hacer las yemas". Esa exquisitez de repostería que Luis Cernuda comparó con morder los labios de un ángel.

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