plaza nueva | Antonio Rodrigo Torrijos

"Recibí amenazas de muerte por lo del solsticio de invierno"

  • Fue sindicalista antes que político. Hijo de la primera alcaldesa de la República, ejerció la A lcaldía en las ausencias de Sánchez Monteseirín. Fue concejal entre 2003 y 2013, década marcada por el auge y caída

Antonio Rodrigo Torrijos, junto al carril-bici de Jardines Murillo. Parte de su legado municipal. Antonio Rodrigo Torrijos, junto al carril-bici de Jardines Murillo. Parte de su legado municipal.

Antonio Rodrigo Torrijos, junto al carril-bici de Jardines Murillo. Parte de su legado municipal. / juan carlos muñoz

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En los extremos cronológicos, Antonio Rodrigo Torrijos (Sevilla, 1950) está entregado a la causa de los pensionistas y al asombro de ver crecer a sus nietos. Fue el ogro de la derecha. Está venciendo al ogro de la enfermedad.

-Su madre, Amalia Torrijos, fue la primera alcaldesa de España.

-Me enteré porque me llamó Nicolás Salas cuando era director de ABC. Mi madre era maestra en Coripe y el gobernador la nombró alcaldesa en 1933. En el pueblo alguno la recordaba montada a caballo con un mono azul.

-¿Y su padre?

-Mi padre combatió en el bando nacional. En mi primera detención, cuando llegaron al piso, mi padre escondió en la azotea los folletos y libros. El Anti-Duhring de Engels, el Libro Rojo de Mao. Era bético. Los cinco hijos sevillistas.

-¿El hijo de la alcaldesa llegó a ejercer de alcalde?

-Nunca hasta nuestra llegada el Partido Comunista tuvo una representación tan alta, una primera Tenencia de Alcaldía. En ausencia del alcalde, aunque Alfredo no salía mucho, el alcalde era yo, pero nunca hice ostentación ni se me ocurrió sacar un decreto.

-En una entrevista, la duquesa de Alba me dijo que admiraba a Anguita, pero a usted le temía...

-Un día me dice el alcalde: Antonio, la duquesa de Alba quiere comer contigo. Me quería invitar a comer en Dueñas. Con elegancia, no acepté. Y se lo dije personalmente en un acto en el Ayuntamiento. Me la presentó Alfredo. Le dije que yo no tenía nada contra su persona, sino contra su estatus.

-¿Por qué quería invitarlo?

-Cuando pusimos en marcha el bonobús solidario, una de las pocas cosas que Zoido no se atrevió a quitar, fue una medida muy impopular. El bonobús seguía criterios de renta. Dije como ejemplo que no era lo mismo si lo pedía la duquesa de Alba que un pensionista con cuatrocientos euros de renta. La duquesa fue víctima como muchos sevillanos de la campaña mediática para presentarme como persona hosca, huraña, inculta.

-¿No come en Palacios?

-Sí comí varias veces con monseñor Amigo, con el que tenía en común las políticas contra el Polígono Sur. Aunque suene decimonónico y carpetovetónico, Carlos Amigo es un caballero. Nos tuteábamos. Yo le decía el secretario general de los católicos. Teníamos una relación como la del cura y el alcalde comunista de la novela Don Camilo de Guareschi.

-Dejó dos 'perlas': las Infraestructuras para la Sostenibilidad y el Solsticio de Invierno...

-Lo primero le sonó a mucha gente a ciencia-ficción, pero se trataba de alcanzar la estabilidad medioambiental y la pacificación del tráfico mediante el uso de la bicicleta o las bombillas led, que me llevan al otro asunto.

"Alfredo me dijo que la duquesa de Alba quería invitarme a comer. Con elegancia, rechacé su invitación"

-¿Al solsticio de invierno?

-En una rueda de prensa presentamos una nueva iluminación navideña menos contaminante y más sostenible. Eran 23 periodistas y una redactora del ABC me preguntó si era verdad que yo había deseado un feliz solsticio de invierno. Al día siguiente el periódico decía en portada que Torrijos proponía cambiar la Navidad por el solsticio de invierno. Recibí hasta amenazas de muerte. Soy agnóstico, pero fui el responsable político de la restauración del monumento a la Inmaculada.

-Con la mayoría absoluta de Zoido, ¿la derecha celebró su salida del gobierno o la de Alfredo?

-Hasta entonces nada había cambiado en la ciudad. Se hicieron siete mil viviendas protegidas, el carri-bici, presupuestos participativos... Y se impidieron proyectos como la central de Punta del Verde y Tablada. El Tea Party local no podía permitir ese traspaso de la renta de capital a la renta social y cuando llegan volvió la charanga y pandereta. Nadie recuerda qué hizo Zoido con veinte concejales.

-¿Imaginaba el daño que le haría la foto de los langostinos?

-No éramos dos personas, sino nueve, pero pixelaron la foto. Es de 2008 y la sacan en 2010. Era la Feria del Marisco y el Pescado de Bruselas y no se pagó con dinero público. Costó más barato que comer en el Ventorrillo Canario. Tenían que ir a degüello, dar la imagen de un Torrijos con una vida disoluta. La Policía Local decía que yo era el que abría y cerraba el Ayuntamiento y muchos días me quedaba a comer en la Casa de Extremadura por ocho euros. Dijeron que me había comprado una residencia y un Mercedes negro. Sigo viviendo en el piso de 67 metros cuadrados donde nací.

-¿Le van las torrijas a Torrijos?

-Pepe Díaz decía que en Sevilla se podía cambiar todo menos la Semana Santa.

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