La Triana que desde niño soñó

  • Músico y empresario hosteleroTuvo fijación con el arrabal trianero y con la Virgen de la Esperanza desde su niñez en La Roda de Andalucía. Cuando llegó a Sevilla, con nueve años, lo primero que hizo fue hacerse hermano en la Capilla de los Marineros

Con nueve años llegó a Sevilla buscando Triana. Desde su niñez, la devoción primera de la Virgen de la Esperanza de su Roda de Andalucía natal le condujo al arrabal trianero, donde mantuvo su apego a la misma advocación. De la mano de Esteban Romera se introdujo en la hermandad de la calle Pureza, en la que tiene su segunda familia. La primera le inoculó el veneno del flamenco: su abuela Bernarda y su madre, Paqui, al cante, y su padre, Gregorio, al toque. Ya desde hace unos años, este trianero de 24 toca y canta junto a su padre animando la caseta del Puerto de Sevilla en la Feria de Abril, aunque su verdadera dedicación profesional tiene otras peculiaridades. Bernardo tiene aunados en su negocio sus dos grandes amores: las cofradías y el flamenco. La taberna Maharí no podía estar en otro sitio que en la calle Pureza (nº1-3). El amante de lo cofrade y de la música de nuestra tierra encuentra allí ni más ni menos que la personalidad de Bernardo, en la que se entremezclan invariablemente estas dos grandes aficiones. Junto con su socio Moisés Arteaga, Bernardo no sólo regenta el local, sino que se arranca con la caja o la guitarra a la primera que se tercie. La semana que viene le toca el tercio de Pasión: saldrá de nuevo en el cuerpo de acólitos del palio de la Esperanza, un verdadero privilegio para alguien que desde niño soñó con Triana.

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