calle rioja

El alicate como una de las bellas artes

  • Desmontaje. Cuadrillas de trabajadores convirtieron el clásico lunes de resaca en día de evacuación del millar largo de la Feria, una vorágine que recordaba la Expo que conmemora

Los operarios retiran farolillos y desmontan las casetas en el real. Los operarios retiran farolillos y desmontan las casetas en el real.

Los operarios retiran farolillos y desmontan las casetas en el real. / Julián Venegas

El desmontaje de la Feria es lo que más recuerda a la Expo que se conmemora en la portada. Estos hombres y alguna mujer -Marina, de Villafranco del Guadalquivir, es la eficiente capataz de una de las cuadrillas- serían capaces de hacer una Exposición Universal en una sentada. Lo decía Kropotkin: hay un halo creativo en la destrucción. Desde fuera lo fácil es hablar de decadencia y melancolía, pero el desmontaje es la fiesta del trabajo, el baile de los currelantes, que cantaría Carlos Cano. Con Einstein, nada se crea ni se destruye, todo se transforma y va a otras ferias.

El mismo día que Macron ganaba las elecciones en Francia tomaba posesión el nuevo presidente de la caseta Mi Familia. El mandato es anual, se otorga por orden alfabético, el presidente saliente concluye con los fuegos y el entrante tiene por primer cometido organizar el desmontaje. Ricardo Cepeda coordina un equipo de unas veinte personas que se encargan del catering y el desmontaje de cinco casetas. Casi todos son de La Palma del Condado. José Cobo Díaz, con más de quince ferias en su currículum, tiene su cuaderno de bitácora: Jerez, Lepe, Arahal, las Colombinas de Huelva. Ricardo lleva tantos montajes y desmontajes que empezó en la caseta de una peña sevillista "el último año que la Feria estuvo en el Prado".

En la caseta 'Mi Familia' el nuevo presidente empieza su mandato con el desmontaje

Es el gran momento de los alicates. Caen los farolillos de la caseta de Pineda como confetis de un cotillón; el 41 ya entra por el recinto ferial en dirección Tablada, pero hay tantos camiones que la calle Costillares parece el convoy de asistencia del París-Dakar. ¿Cuánta gente habrá trabajando donde tantos fueron a divertirse? "Eso es incalculable", dice Ricardo, que tiene su próxima cita con la Feria de San Juan del Puerto.

De la caseta 'La Familia', en la calle Pepe Luis Vázquez, sólo quedaba La Pañoleta. De la caseta 'La Familia', en la calle Pepe Luis Vázquez, sólo quedaba La Pañoleta.

De la caseta 'La Familia', en la calle Pepe Luis Vázquez, sólo quedaba La Pañoleta.

Con el atrezzo y el mobiliario que se mueve habría para entremeses quinterianos, Lindsay Kemp y el Teatro Negro de Praga: sillas de Quidiello, lámparas, inodoros, cuadros, mamparas. En la caseta La Peineta sólo quedan las cortinas, blancas, impolutas. Las de la Casa de Jaén y de Comisiones, de doble módulo y adyacentes, parecen hangares. El síndrome del hotel Overlock en este paisaje después de la batalla. Y después de la botella, con cajas de manzanilla La Bailaora esparcidas por el suelo, junto a las montañas de farolillos.

El recinto ferial es un Macondo que empieza en García (Manuel García El Espartero) y acaba en Márquez (Pascual Márquez, torero de Villamanrique de la Condesa). Jesús Soria sale de una canasta de la grúa de Iluminaciones Ximénez, una empresa de Puente Genil que ilumina Navidades, Carnavales y Ferias de media España y provee de alegría luminosa a clientes de Nueva York, Amsterdam y hasta el Japón. "Nos encargamos del alumbrado del real y de la portada", dice Jesús, que ha estado toda la Feria en el retén de esta empresa.

Tráilers en vez de coches de caballos, escaleras por un tubo, tubos como exvotos, el esqueleto de la fiesta, se quedaron los óseos y se fueron los cartilagineses. Vacas Locas, se lee en la cabina del camión de Atracciones Josete. En algunas casetas quedan teléfonos de contacto de grupos de rumbas y sevillanas o de manitas que arreglan sillas de enea.

En la caseta del Labradores no queda ni un alma. Alberto Muñoz ata a su perro Felipe a uno de los postes y hace expurgo en una escombrera de desperdicios. "Aquí reciclando, son sogas de cáñamo. A ver si un amigo que es arriero me enseña la talabartería", dice Alberto, geógrafo de profesión. Usa un eufemismo, "me parece simpático", para referirse a los argumentos que el alcalde, Juan Espadas, ha utilizado, el disfrute del visitante y la economía, en su pragmática de la ampliación de los días de Feria. "El sevillano lo vive como una cosa más íntima y en mi casa vivimos del turismo porque mi mujer es guía", dice mientras sigue trenzando y destrenzando sogas de cáñamo.

La noria, ya sin aderezos, se mueve lentamente en la calle del infierno. Los trabajadores que han desmontado la caseta Mi Familia, muy cerca de la Municipal, han tardado tres horas. Se ha estrenado el nuevo presidente, que ya prepara la Feria del 18. La portada todavía mira a Asunción, donde abril resiste en la tienda de regalos y decoración de ese nombre. Curro le pasa los trastos a los ángeles de Murillo, que son las alas de la portada del adiós.

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