La 'botellona' se aleja del centro

  • Las concentraciones masivas y periódicas en calles y plazas del casco histórico y su entorno pierden apogeo · Los grupos son más reducidos y buscan zonas despobladas como los polígonos y la Feria

Grupos de jóvenes mucho más reducidos y más alejados del casco histórico. La macrobotellona de fin de semana parece un fenómeno absolutamente a la baja, al menos en la coyuntura actual. Las concentraciones de entre 100 y 400 jóvenes en la misma calle o plaza cada fin de semana han perdido apogeo en los últimos meses, muy probablemente como consecuencia de la aplicación de la conocida como Ley Antibotellón, que entró en vigor en octubre de 2006.

La Policía Local explica que, al disponer ya de la facultad legal para disolver a los jóvenes que consumen alcohol en la vía pública, los grupos tienden a elegir zonas despobladas donde no puedan ser denunciados por los vecinos. Esa migración, por ejemplo, obliga a disponer de vehículo, por lo que resulta mucho más difícil que se formen las grandes masas de jóvenes que antaño se producían en lugares como Adriano, la plaza de Cuba, la plaza de la Pescadería, la Alameda de Hércules o la calle Radio Sevilla, junto al Barranco, unas zonas de fácil acceso. Esas concentraciones, además, se nutrían a su vez unas a otras, dando lugar a una especie de circuito nocturno de efectos terroríficos para el vecindario, pues a los jóvenes les bastaba con ir a pie del Salvador a la plaza del Pan, de la Alfalfa a la Pescadería, o de la plaza de Cuba a la Glorieta de Alfereces Provisionales. La dispersión y el alejamiento del centro impiden esta última posibilidad.

Con independencia de las explicaciones de la Policía Local, basta un recorrido por las principales y tradicionales zonas de botellonas en los últimos años para comprobar que se siguen celebrando, pero con una serie de diferencias sustanciales: los grupos son mucho más reducidos y las concentraciones abandonan la zona centro en favor de sectores despoblados, tales como los polígonos industriales o los terrenos de la Feria. Lugares del casco histórico marcados por la movida durante muchos años, e incluso hasta no hace mucho tiempo, aparecen ahora prácticamente vacíos de público juvenil o únicamente con la presencia de pequeños grupos. Plazas como las del Cristo de Burgos, en el centro, o calles como Padre Damián, en Los Remedios, que tenían que ser valladas hasta hace sólo tres años las noches de los viernes y sábado, ofrecen ahora un aspecto idílico en comparación con la etapa en la que eran tomadas por el fenómeno de la macrobotellona.

La Delegación de Convivencia y Seguridad del Ayuntamiento insiste en que la ley ha sido clave, como corroboran los agentes de la Policía Local consultados por este periódico sobre el terreno en la noche del viernes al sábado de este fin de semana. De no ser infracción a serlo. He aquí la gran diferencia a la hora de enfocar legalmente el acto de consumir alcohol en la vía pública.

La experiencia demuestra que la grandísima mayoría de los jóvenes se disuelven sin mayores conflictos con la sola presencia o el mínimo requerimiento de los agentes, que sólo formalizan la denuncia y requisan las bebidas en caso de apreciar resistencia a la autoridad. La Policía Local sólo interpuso una denuncia en la noche del viernes al sábado. Es decir, entre las 22.00 y las 6.00. En ese mismo periodo no se recibió ninguna llamada al teléfono azul. Y sólo se registraron 16 avisos directamente en el Cecop por botellonas de localización dispersa.

Como la botellona no era una infracción antes de la entrada en vigor de la ley, no existen datos registrados como para realizar una comparación precisa del antés y el después de la aprobación de la normativa. Puede ser útil a este respecto el testimonio de Eva, una de las operadoras del Centro de Coordinación Operativa (Cecop) del Ayuntamiento: "El teléfono azul fue un instrumento necesario para atender de forma más amable al vecino que llamaba indignado. No había medio legal para solucionar el problema, pero al menos le tratábamos sin la frialdad del protocolo de emergencia y de forma más comprensiva. No dejaba de ser una forma de capotear el problema, pero no podíamos hacer más. Hemos llegado a tener una relación casi de amistad con los años con algunos vecinos". Con la entrada en vigor de la ley se produjo un vuelco: "El número de llamadas aumentó mucho al principio . Al poco tiempo se notó un bajón fortísimo en el número de llamadas porque se intervino policialmente en los principales focos".

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