Del cangrejo rojo a la fabricación de bioplásticos

  • La Hispalense desarrolla nuevos productos a partir de este crustáceo

Un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla ha conseguido fabricar bioplástico a partir de los residuos de las fábricas transformadoras del cangrejo rojo americano, presente en el Guadalquivir y principal fuente de ingresos de Isla Mayor.

El estudio se enmarca dentro del proyecto de excelencia Valoración de subproductos y residuos de la industria del cangrejo rojo en base a su contenido proteico financiado por la Junta de Andalucía durante un periodo de cuatro años, según explica Manuel Félix, que recientemente presentó una tesis sobre esta investigación. "El objetivo es revalorizar los subproductos del cangrejo, buscar alternativas al excedente del cangrejo", señala.

Gracias a la utilización de un polímero sintético biodegradable (PCL), los investigadores han logrado mejorar las propiedades mecánicas de los bioplásticos, consiguiendo unas características similares a las que ofrecen los plásticos convencionales del mercado. "Este material es mucho más sostenible que el convencional y nos permitiría no depender del petróleo para su fabricación", explica.

Además de bioplástico, el equipo formado por unos siete investigadores, bajo la dirección del profesor Antonio Guerrero, ha conseguido desarrollar geles alimenticios, como gelatinas, y emulsiones como la mayonesa a partir de la harina que se extrae de estos cangrejos. "Nuestro objetivo es desarrollar un producto con mayor valor añadido que la harina del cangrejo que se comercializa en la actualidad", apunta el científico.

La carne del cangrejo rojo no se comercializa como producto alimenticio en España, sino que se transforma en un subproducto en forma de harina donde la proteína está desnaturalizada y posee menos capacidad funcional. "Aunque se exporta una gran cantidad de este crustáceo a los países nórdicos, las fábricas procesadoras de crustáceos generan un importante volumen de residuos que no suelen emplearse con fines alimentarios y que nosotros aprovechamos".

El procesado se hace en tres etapas fundamentalmente. En primer lugar se rompen los enlaces naturales de la proteína, a continuación se reorganizan las cadenas de polímero para que haya nuevas interacciones y, por último, se forman nuevos enlaces mediante moldeo por inyección a pequeña escala en los laboratorios de la Facultad de Química.

"Hemos utilizado técnicas que son fácilmente escalables para una futura producción industrial", explica. Además, junto con la Universidad de Noruega, los investigadores de la Hispalense están estudiando las propiedades antioxidantes de los geles obtenidos y buscando capacidades bioactivas.

La sentencia dictada en marzo por el Tribunal Supremo que prohibe la comercialización y posesión del cangrejo rojo, entre otras especies invasoras, cogió por sorpresa a estos investigadores: "Nos hemos quedado con muy mal sabor de boca", apunta Félix. "Llevamos cuatro años buscando alternativas, vías de salidas para el excedente de cangrejo rojo y ahora nos dicen que no".

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