En defensa del almenado de nuestras murallas

  • El autor, responsable de la restauración realizada entre 2006 y 2008 al baluarte defensivo, defiende el fin de las concesiones que impiden el uso y disfrute completo del monumento

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En defensa del almenado de nuestras murallas

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El almenado de los recintos amurallados es uno de los elementos más característicos y definitorios de estos importantes enclaves de nuestro mejor y más venerable patrimonio histórico y arquitectónico. Su silueta, casi por sí sola, basta para que podamos identificar como muralla medieval lo que, en una primera visualización, podría considerarse, equivocadamente, como un simple muro antiguo, cien veces horadado por alacenas domésticas, y reparado repetidamente con ladrillos que ocultan, desvirtúan y casi desnaturalizan su fábrica de argamasa original. Personalmente recuerdo la emoción que nos supuso, a quienes intervenimos en la rehabilitación de la Antigua Fundición Real de la Casa de la Moneda (hoy Sala Escénica La Fundición), la aparición en dos de sus muros perimetrales de la inconfundible silueta del almenado primitivo. Y ello por una doble razón: porque, por una parte, nos permitía constatar que la fábrica moderna de nuestra Ceca se había levantado apoyándose en el recinto islámico original y, porque nos revelaba que el lienzo de nuestra muralla se encontraba, aunque parcialmente soterrado, íntegro hasta su coronación con su paseo de ronda al completo. No son, por tanto, las almenas un integrante menor o anecdótico de nuestro recinto amurallado ni su pérdida algo intrascendente, aunque, paradójicamente, haya ahora que defender estos elementos defensivos.

Viene toda esta extensa introducción a cuenta de la importancia de la caída de una de las almenas, y no es la única, en el sector más visible e importante del recinto amurallado: la muralla de la Macarena. Pero en este caso concurre una circunstancia singular: se debió a la caída de la rama de un árbol situado en el interior de un recinto privatizado para uso de hostelería. Hora es ya de reconsiderar la conveniencia e idoneidad de ciertos usos en el entorno de nuestros monumentos históricos.

Las almenas no son un elemento menor y su pérdida no es intrascendente

Hace ya casi un año (septiembre de 2016) que en estas mismas páginas denuncié ("Liberar la muralla, rescatar la puerta") la existencia de una serie de concesiones administrativas sobre los espacios verdes, libres y públicos del exterior de estas murallas. En concreto de este bar, de un vivero privado y de un edificio diocesano. Concesiones que están impidiendo el uso, disfrute y conocimiento público de una amplia zona verde y, muy especialmente, de casi cien metros lineales de nuestra mejor muralla medieval.

El accidente que hoy lamentamos demuestra que en esta concesión hostelera no está garantizanda ni la adecuada conservación y contemplación del Bien de Interés Cultural, dado que su recinto permanece cerrado durante la mayor parte del año, ni tampoco la del arbolado existente. Durante la campaña de restauración de la muralla 2006-2008 se pudo comprobar cómo se estaba utilizando todo el espacio entre muralla y barbacana como perrera y vertedero. Algo similar sucedía en el vivero inmediato con plantaciones de gran tamaño perjudiciales para el monumento. ¿Por qué se mantienen estas concesiones? ¿Qué aportan a la ciudad? Resulta sorprendente que cuando, recientemente, se ha revisado la vigencia de algunas concesiones hosteleras semejantes, aunque en enclaves menos significativos, como las de La Raza y el Bar Citroen, no se aplicara el mismo criterio en las que estamos comentando.

Es posible que, cuando se aprobaran estas concesiones, hace más de cincuenta años, cuando todo el espacio urbano exterior al norte de la muralla se encontraba apenas sin urbanizar y degradado, fueran una opción admisible, pero mantenerlas hoy suponen una permanencia anacrónica. Coinciden estos accidentes con el encomiable proyecto municipal de peatonalizar el entorno del Arco y la Basílica en el otro extremo de la muralla. Para completar esta intervención iniciada hay que liberar estos suelos públicos a los que nos referimos y que hoy están privatizados, porque se está impidiendo la plena recuperación, restauración y puesta en valor del más importante y completo fragmento de nuestro recinto amurallado y, por ello, hipotecando la plena explotación turística y cultural de todo este sector.

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