La espera cuajó en Esperanza

  • Con dos horas de retraso, después de la reunión de Cabildo, la Esperanza de Triana salió de la Catedral entre un gentío impresionante que la acompañó en su regreso a Triana y su Capilla de los Marineros.

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Espera y Esperanza proceden del mismo árbol etimológico. A los que ayer esperaron, impacientes ante los negros nubarrones, que pese a las inclemencias mantenían abarrotada la plaza Virgen de los Reyes pese al anuncio de que a las siete no se salía, les regaló la reina de Triana una salida apoteósica.

Lluvia y sol en el mismo envoltorio. Tarde de arco iris en Sevilla. Poco antes de las siete, músicos y costaleros desperdigados. Puertas cerradas. Se anuncia que a las ocho y media habrá reunión de Cabildo para tomar la decisión. Antes hay reunión de nubes y nueva descarga de agua. Pero el día era de los pacientes y de los trianeros. A las nueve en punto, la Esperanza se congraciaba con la espera. Y no podía tener mejores mensajeros: los sones de la banda de las Tres Caídas.

En la esquina con Alemanes, interpretan una marcha en la que hay fragmentos de la música de Miklós Rózsa para la película El Cid. “Mira la cantidad de gente que va grabando en sus móviles la música de las Tres Caídas”, dice Félix Lunar ante este insólito ejercicio de cangrejear no ante un paso sino ante una banda de música. La Giralda es el mejor decorado sobre la calle Alemanes. Palcos oficiosos para los clientes de Casa Gonzalo o de Flaherty.

El Cabildo ya tomó la decisión, que llegó a los ámbitos pertinentes. El Metrocentro ya no pasaba del Archivo de Indias, porque la Avenida de la Constitución era alfombra urbana para la Esperanza de Triana. El hombre del tiempo había cedido el protagonismo al tiempo del hombre, a esta Madre de Dios que de tan divina todo lo humaniza. Aunque todavía no se había hecho de noche, se produce un prodigio de Madrugá: ecos de la banda de las Tres Caídas por la Avenida en contraste con el silencio estremecedor, un toque solo, casi imperceptible, en el entorno del paso de palio. Un silencio roto con un Viva la Esperanza de Triana por parte de uno de los hermanos.

Toda la ciudad era ayer un puente. Las hermandades con sus respectivos estandartes se sumaban a estas bodas de plata que Sevilla de Roma recibió, cambiándole el tercio al alegato mariano de la canción de Silvio. Toda la Semana Santa en una procesión de junio. Hermanos hermanados, como ese Carmen Doloroso que el año que fue coronada canónicamente la Esperanza de Triana se constituía como hermandad apenas mes y medio después.

Las plazas eran como teatros sucesivos: de la plaza Virgen de los Reyes a la Plaza Nueva, con escala en el Ayuntamiento. Jornada de reflexión con lleno de público que para sí quisieran los partidos políticos en la jornada electoral. En el tránsito de lo divino a lo terrenal, hubo quejas del PP por considerarse excluido del protocolo de recepción por el Ayuntamiento, pese a que en la misa pontifical fue el partido de la oposición el único que hizo acto de presencia. Con Jaime Raynaud, que fue candidato a la alcaldía del PP, dejó el Ayuntamiento pero sigue siendo hermano de la Esperanza.

La banda que acompañaba a la Virgen interpretó la marcha Reina de Triana. Reinado indiscutible. Del cielo vino la Madre y al cielo miraban sus hijos. Los chinos hicieron su agosto con los paraguas. Paco Luis y María Luisa celebran hoy veintinueve años de casados. Ayer hicieron un simulacro de jornada de reflexión. Él es sevillano adoptivo del Tardón, ella trianera. Se casaron en la Macarena, pero la Esperanza no entiende de murallas. Las cruza como cruza los puentes y los anticiclones. Reina de Triana, madre de Sevilla.

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