El faraón lleva la Fiesta a la Academia

  • El diestro de Camas defiende su concepto de armonía y brevedad en el toreo y su teoría de los “veinte muletazos”

Comentarios 28

Breve e intenso. Humilde y con gracia. Sin querer hacer ruido pero desbordado. Así tomó posesión Curro Romero de su plaza de académico de honor en la de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en un acto celebrado en la Casa de los Pinelo con incuestionable solemnidad. Fumando antes de aparecer en un estrado de chaqués, medallas y pajaritas que en nada se parecía a la adoquinada calle Iris. Pero allí estaba el Faraón, expectante, con el pitillo en la boca, como en tantas tardes antes de hacer el paseíllo en la Real Maestranza. Nervioso confeso al verse ante un auditorio con mesa, discurso y micrófonos: “Está claro que estos no son mis avíos, por  lo que ruego que me echéis un capotillo para templar los nervios”. Romero habló poco, pero con un mensaje muy claro. Quiso que todos interpretaran su nombramiento como un reconocimiento a la Tauromaquia, junto a disciplinas como la pintura, la escultura, la música o la medicina: “Gracias por darle a la Fiesta la categoría de bellas artes”.

Arrancó su intervención, leída despacio, con la misma velocidad con la que siempre ha entendido sus faenas, con unas palabras de homenaje a sus compañeros:“Mi profunda gratitud a los toreros que se fueron: Belmonte, el Gallo, Chicuelo, Ordóñez. Y a los que están hoy entre nosotros que han venido para engrandecer este acto. En primer lugar, nombro a Pepe Luis, que por razones de salud no está aquí hoy, pero que lo representa su hijo, el gran torero Pepe Luis Vázquez Silva. A Ortega Cano, Emilio Muñoz, José Tomás, Cayetano Rivera, a mis amigos de toda la vida Miguel Báez Litri, Julio Aparicio, Antonio Chenel Antoñete, Rafael Jiménez Chicuelo, Alfonso Ordóñez, Julio Pérez Vito, Andrés Luque Gago, Ángel y Rafael Peralta, Fermín Bohórquez, Luis Valdenebro, ganaderos como Dolores Aguirre, Rocío de la Cámara, Gabriel Rojas, Eduardo Miura, Álvaro Martínez Conradi y Borja Prado, a mi amigo y apoderado Manuel Cisneros, a mi mozo de espadas Gonzalito, que siempre ha estado a mi lado desde los comienzos, empresarios, médicos como Ramón Vila, que gracias a todos se hace posible la continuación de este arte”.

Romero defendió la Tauromaquia que ha sido fuente de inspiración de los pintores Goya y Picasso, los músicos Falla y Turina,  el escultor Benllure y los poetas Alberti y García Lorca. Se extendió al abordar su concepto de armonía aplicado al toreo. “Dicen que la escultura es armonía, que la pintura es armonía, que la música es armonía. Yo siempre entendí el toreo como esa armonía, como un modo de expresar un sentimiento, como lo muestra el compositor con sus notas o un pintor con sus pinceles. Para mí el toreo ha sido una armonía creadora de belleza, de equilibrio, en una voluntad de perfección”.

Acto seguido, el diestro de Camas esbozó toda una defensa del oficio: “Desde que comencé he dicho siempre que los toreros no somos matarifes, que aunque nos llamemos matadores de toros y éste sea nuestro oficio, nuestro destino y nuestra voluntad es otra, es la de crear belleza allí, como una escultura sin piedra, una pintura sin lienzo, una música sin notas, sin otros instrumentos que el capote y la muleta... Y elementos de las bellas artes, como son el tiempo, el espacio, las distancias y los terrenos”.

Y, por fin, la Tauromaquia según Curro: “Todo debe tener su proporción, que en el toreo se llama distancia, se llama tiempo, sentido de la brevedad, con veinte muletazos se es capaz de plasmar todo, de transmitir, hacer suave lo que parece violento, acariciar, eso es lo que siempre he querido, llevar al toro, ese animal tan potente, a la velocidad que tú quieras; templando, transmitiendo todo lo que en ese momento te va inspirando. Y todo con su ritmo, con su compás que es ese sentido del tiempo que te va marcando lo que tienes que hacer”.

El nuevo académico no dejó pasar la ocasión sin exponer todo un principio del currismo:“Yo he expresado siempre mis sentimientos sin engañar a nadie, porque nunca me he engañado a mí mismo. Y con una voluntad de lo clásico, de lo de siempre, intentando hacerlo cada vez mejor, sin importarme la incomprensión”.

La presidenta de la institución, Isabel de León, definió a Romero como un “gran artista de merecido reconocimiento social”. Juan Miguel Sánchez pronunció el discurso de contestación glosando la carrera del torero, destacando sus premios y narrando anécdotas y vivencias del diestro.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios