El milagro del quinario

  • Álbum de recuerdos de Fernando y Belén, los últimos novios que se casaron en la iglesia del Salvador tres días antes de que se cerrara al público hace cinco años

Cuando Lola, la abuela de la novia, llegó a la iglesia y vio al novio con una cazadora de cuero, por poco no le da un soponcio. Alguien le explicó después que no era el novio, sino su hermano gemelo. Es una de las muchas anécdotas que cinco años después recuerdan Fernando García Conde (Sevilla, 1961) y Belén Masa (Granada, 1969), que el 1 de marzo de 2003 celebraron en la iglesia del Salvador la última boda antes del cierre del templo.

Lo que no sabía la abuela es que el hermano gemelo del novio, con su desaliño indumentario, tuvo una participación decisiva en los preámbulos de la ceremonia. "Fernando es muy tranquilón", recuerda ahora Belén, "y se compró el traje de novio una semana antes de la boda. Los pantalones se los probó el mismo día que nos casábamos. Le quedaban enormes, dos o tres tallas más grandes". Juan Ignacio, el hermano gemelo, tenía el móvil de un dependiente de Ángeles Pavón, la tienda de la calle San Eloy donde le dieron el cambiazo. Pese a ser sábado, dio con él y en la Campana se produjo la entrega de los pantalones, depositados en el coche del novio camino de la iglesia.

"Entré por la puerta de atrás y me cambié en la sacristía", dice Fernando, biólogo y percusionista de la Banda de la María. Era una tradición familiar. Juan Ignacio y Fernando son los hijos octavo y noveno de los once que tuvo el mítico periodista deportivo Juan Tribuna, que de maniguetero del Cachorro se pasó a hermano del Amor y los domingos, de regreso del fútbol, se ponía la túnica de nazareno en la misma sacristía donde años después su hijo se cambió de pantalones.

Conservan la invitación, con unos versos de Benedetti y la letra de un fandango de Alosno. La fecha prevista para la boda era el 8 de marzo. Enrique, sacristán ya fallecido, conocía la vinculación del novio con la Hermandad del Amor y le dijo que si se casaban un domingo antes, el día 1, el Cristo del Amor estaría de quinario en el altar mayor, no en el sagrario donde está habitualmente.

El domingo y lunes siguiente a la boda los pasaron en los Carnavales de Cádiz. El martes regresaron a Sevilla. "El miércoles bajé a la calle", dice Fernando, "compré el Diario de Sevilla y vi en portada la noticia del cierre de la iglesia del Salvador". "A mi familia le encantó, decían que parecía una catedral", recuerda la novia.

Para evitar nuevas confusiones entre los gemelos, Fernando y Belén se fueron de luna de miel a Cabo Verde, tras los pasos de Cesarea Évora, y el hermano gemelo del novio se fue a Finlandia. "Era la época de El señor de los anillos y pensamos ir a Nueva Zelanda; era poco tiempo para tanto viaje".

Fernando y Belén se conocieron en el instituto Eliche de Olivares, donde él daba clases de Biología y ella llegó como nueva profesora de Inglés "pero me dijeron que tenía más horas de Música que de Inglés". Belén cambió las tornas: ahora da clases de español en tres centros de Triana y uno de San José Obrero para niños inmigrantes -chinos, rusos, marroquíes, rumanos...- y Fernando dejó la enseñanza por la música.

Toca el bombo y la percusión étnica en la Banda de la María, que les amenizó la salida de recién casados. El coche de la novia no podía aparcar, porque estaba la furgoneta de los músicos. "La gente creía que era una boda rumana o una chirigota". Acudieron todos los miembros de la banda, incluido el actor Alex O'Dogherty (Cámera Café). Uno de los cuatro grupos a los que pertenece Fernando, que toca en Los Amigos de Guinnes (música irlandesa), Contradanza (folk) y Clave de Son (cubana). Con este grupo actúa sobre todo en bodas. La última, la de un luthier que hace violas de gamba y se casó con una alemana.

Guardan un recuerdo imborrable de aquel 1 de marzo. Su 1 de marzo. "Para mis padres fue un regalo", dice Fernando. "Lo hicimos por gusto, por convicción y por darles esa ilusión". Ese año el Cristo del Amor salió de la Anunciación. La tienda donde la novia compró el traje es una zapatería.

Carmen Conde, madre del novio, y Mateo Masa, padre de la novia, fueron los padrinos, aunque fue una boda con padrinos consortes, para que Juan Tribuna tomara buena nota de una de sus mejores crónicas. "Si lo dejamos para el día 8, nos quedamos compuestos y sin iglesia", dice Fernando. "La fe de soltería me la dieron en San Gonzalo. Nos habríamos casado en Triana". La iglesia ha vuelto a abrir sus puertas con el legado de Juan Garrido Mesa, artífice de este prodigio que volverá a oír los sí, quiero.

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