Los relojes municipales vuelven a dar la hora tres meses después

  • La familia Torner, conservadores desde 1915, firmó la semana pasada el nuevo contrato de mantenimiento con el Ayuntamiento.

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Tres meses después, los relojes municipales vuelven a dar la hora. La semana pasada, el Consistorio renovó el contrato de mantenimiento con la familia Torner y, desde el viernes, han ido recobrando el pulso los relojes que se encuentran repartidos por toda la ciudad, además del de la propia Casa Consistorial que fue reparado de urgencia el 21 de septiembre, tras publicar Diario de Sevilla la noticia.

El pasado viernes, Francisco Javier Magüesín Torner, heredero de la tradición familiar, ha ido poniendo en hora cada uno de los relojes: el de la Hemeroteca de la calle Almirante Apodaca, el del Parque de la Buhaira, el del colegio Carmen Benítez (no sin algunos problemas), o los de los únicos campanarios que tiene reloj, los de la parroquia de San Lorenzo y la Concepción de Nervión. Sólo falta por poner a punto el del Matadero, que está estropeado; y el del cementerio de San Fernando, que tras las obras de la sala de duelo, espera para ser devuelto a su ubicación.

La extinción del contrato de mantenimiento que el Ayuntamiento tenía rubricado con esta familia de relojeros a principios de septiembre, y la coincidencia con el cambio de gobierno en la Plaza Nueva, fueron las causas por las que la ciudad se ha quedado sin hora durante tres meses. Los relojeros presentaron entonces una oferta para renovar el contrato de conservación, pero los trámites burocráticos y la diversa documentación requerida desde el Consistorio han hecho que la firma se dilatara durante varios meses.

Mientras que se rubricaba el nuevo contrato, el gobierno pidió a Magüesín Torner que pusiera en hora, al menos, el reloj de la Plaza Nueva, una pieza de gran valor realizada por el maestro Losada, el mismo artesano que realizó el de la Puerta del Sol de Madrid. Entonces, el relojero ya avisó que estas piezas, en su mayoría muy antiguas, necesitaban de un cuidado y revisiones periódicas para que no sufrieran daños importantes.

Desde el año 1877, cuando el bisabuelo de Francisco Javier Magüesín fundó el taller de calle Sagasta, tres generaciones de esta familia se han dedicado en exclusiva al oficio de mecánicos de relojes. El actual conservador, que comenzó como aprendiz en 1986, es desde 2007 relojero municipal, labor familiar desde 1915.

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