Puntadas con hilo

Los viajes del alcalde Espadas

  • Su última salida  ha sido a Berlín,  otro desplazamiento al exterior que justifica su estrategia: buscar y captar a los mejores y aliarlos con su causa

Espadas y Muñoz junto a Manuel Molina, de TSS Group. Espadas y Muñoz junto a Manuel Molina, de TSS Group.

Espadas y Muñoz junto a Manuel Molina, de TSS Group. / Ayuntamiento de Sevilla

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Que un alcalde de una ciudad como Sevilla viaje al extranjero por motivos de trabajo no debería sorprender, menos escandalizar, a nadie. Al menos que esos desplazamientos estuvieran acompañados de una hoja de gastos disparatada o que no constaran de un plan de viaje suficientemente argumentado con su pertinente informe de acciones promocionales, que suele ser el motivo principal por el que un primer edil sale de la ciudad. Y, por ahora, ni una ni otra cosa se le puede achacar a Juan Espadas, antes tacaño que distraído en el gasto, aseguran quienes mejor le conocen.

Eso de que los alcaldes paseen más allá de intramuros suele despertar de entrada mucho recelo y pone a la oposición normalmente en actitud fiscalizadora. En el anterior mandato, a Gregorio Serrano ya le puso alguien con cierta retranca el apodo de Willy Fog. Y tanto IU como el PSOE pidieron con diligencia al alcalde Zoido explicaciones sobre sus viajes, como el de cinco días a Londres en el marco de los Juegos Olímpicos; a Madrid, durante la visita del Papa; a París, para ver a Nadal en el Roland Garros. Ante la menor crítica, el PP siempre argumentaba que el desplazamiento no iba a costar ni un solo euro a las arcas municipales y buscaba la comparación con las estancias en suites de lujo y coches oficiales de su antecesor en el cargo, el socialista Alfredo Sánchez Monteseirín. Y todo el debate quedaba reducido al choteo, a la anécdota, y poco más se sabíade lo que la ciudad,en realidad, había ganado, o perdido, con dicha salida del alcalde.

No se trata ahora de recurrir al agravio comparativo, ni de indagar en las ganancias para Sevilla. Seguro que algunas hubo y no se contaron en tiempo y forma. Quizás ésa es la cuestión.

A Espadas le intentaron sacar los colores –por cierto el suyo es el verde, aunque pueda vestir de rojo– cuando se desplazó a Basilea para ver la final de la Liga Europa que el Sevilla le ganó al Liverpool. Un acontecimiento que le costó a las arcas municipales 163,5 euros, según alegó en su día el gobierno local. El alcalde Espadas estuvo acompañando al Sevilla y a su afición, y también a la presidenta de la Junta, Susana Díaz, además de al rey Juan Carlos y al ministro Méndez de Vigo. Tenía que estar, ¿no? Ya lo hizo el año anterior, en otra final, la de Varsovia, al igual que lo hizo Zoido, pues en esas fechas, finales de mayo de 2015, el nombre de quien cogería el bastón de mando de la ciudad todavía se desconocía y el club invitó a los dos. Por igual. Un alcalde tiene que estar donde tiene que estar. Pues eso. Uno de esos sitios están fuera de la ciudad, donde están las oportunidades. Ya decía Zoido y lo repite ahora Espadas que a los invasores hay que ir a buscarlos, no basta con recibirlos en el aeropuerto. Y éste es el argumento que justifica los viajes que el socialista está realizando al exterior desde que llegó a la Alcaldía.

Esta semana ha tocado Alemania. La excusa: la Feria Internacional de Turismo ITB de Berlín. Entre las salidas de Espadas al extranjero están las ciudades de Washington, donde asistió a la Semana de las Ciudades; Londres, con motivo de la Condé Nast Traveller’s the Luxury Travel Fair 2016 cita previa a la World Travel Market (WTM); París, donde participó en la Cumbre del Clima; y, sobre todo, Bruselas. En la ciudad del lobby Espadas, que es uno de los cuatro alcaldes españoles presentes en el Comité de las Regiones de la UE, engorda cada vez que viaja su agenda en busca de financiación y de alianzas internacionales.

¿Y en qué se han traducido hasta la fecha estos desplazamientos? Por ahora, de Washington llegó con el congreso de agencias de viaje de Estados Unidos, así se vendió al menos. En Londres aprovechó para presentar la programación del Año Murillo en la National Gallery; de Bruselas las gestiones y los contactos necesarios para, entre otras cosas, lograr los 15 millones de fondos europeos que Sevilla ha logrado para proyectos de rehabilitación en la zona norte y la Macarena. En París pudo contactar con la alcaldesa, Anne Hidalgo, de origen gaditano, y entablar una serie de colaboraciones con dicho ayuntamiento por las que, por ejemplo, la vicealcaldesa Célia Blauel viajará ahora a Sevilla para participar en una estrategia conjunta de economía circular.

Y ahora, en Berlín, Espadas se ha sentado con Manuel Molina, un sabio del sector turístico alemán con el que el alcalde tiene una buena conexión y que –casualidades o no– ha sido galardonado este año con la Medalla de Andalucía. Molina, con quien sus padres emigraron siendo aún un bebé, habla el español de sus padres, humildes andaluces, y tiene una cabeza privilegiada. En el mercado turístico alemán cuesta penetrar con buenos números entre dos y tres años, pero una vez que se logra ya es para toda la vida, aseguran los entendidos, pues el grado de fidelidad del alemán con el destino es muy importante, repiten en un 60% de los casos aproximadamente. Sevilla ya está en esa senda, su segundo año en la citada feria –en la que Málaga no ha estado– ha permitido a los munícipes ganar seguridad y conocimiento para avanzar en este mercado. Y para ello ha buscado a Molina Espadas, que también ha aprovechado para presentar en el Französische Kirche, uno de los templos más antiguos de Alemania, el Año Murillo, un acontecimiento que va tomando forma, aunque quedan otras paradas.

Los viajes no sólo tienen hoja de gastos, también de ingresos. Algunos se miden en euros, otros en repercusión mediática o en alianzas que, a fin de cuentas, revierten en la ciudad. Y esto, si se hace bien, no escandaliza a nadie. Al revés, puede sorprender. Gratamente.

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