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Héroes efímeros y héroes eternos

  • Vitolo fue recibido con sonoras pitadas y alguna tarascada de sus ex compañeros antes de irse lastimado

  • Hizo mutis por el foro para que Jesús Navas celebrara su efeméride con gol

Vitolo y Ganso saltan por un balón aéreo en un lance del partido. Vitolo y Ganso saltan por un balón aéreo en un lance del partido.

Vitolo y Ganso saltan por un balón aéreo en un lance del partido. / antonio pizarro

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Dicen que sus ex compañeros no le perdonan que ni volviera por Nervión a recoger sus botas. Lo suyo fue una espantada en toda regla, con la alevosía de quedar en el parking de un hotel para que la luz del día no delatara su huida. Volvía al lugar del crimen, al estadio en el que esperaban, compuestos y sin novio, que pusiera por escrito lo prometido digitalmente, dedito sobre dedito en el teclado de su teléfono móvil (smartphone se llama ahora), el mismo con el que había apalabrado, vía oral, la renovación de su contrato. Y su vuelta tuvo la literatura mínima que se despacha con los traidores. Poca sangre hubo para los tiempos que corren. Una pintada en el autobús de Las Palmas rápidamente borrada, muchos pitos, algún insulto subido de tono desde Gol Norte, siempre desde Gol Norte... Pelillerías en estos tiempos de cobarde anonimato digital y nula formación.

Eso sí, Vitolo le cogió bien pronto asco al partido. Sus ex compañeros no querían ninguna tontería sobre el césped. A los 14 segundos, un balón colgado hacia su zona, el extremo izquierdo, propició un choque con Mercado, que se protegió con el codo golpeándolo en la espalda. Tangana con los canarios pidiendo la amarilla para el sevillista y tarjeta para David García. Fue la primera de una serie de tarascadas repartidas entre varios nombres. Hasta el indolente Ganso le robó bajando desde posiciones adelantadas un balón y le dejó un regalito en forma de empujón... Mercado lo golpeó levemente en un saque de banda y Vitolo exageró la caída. Más de una vez sobreactuó el dorsal 20 en sus caídas y sus compañeros, llevados por el ambiente hostil, quisieron protegerlo. Eso de exagerar era una de sus especialidades también como sevillista, como se encargaron de señalar el curso pasado los canarios con aquel polémico penalti. Así fluctúa el fútbol, cuyo mayor triunfo es sacar los bajos instintos en un estadio, darles rienda suelta a las emociones, impedir cualquier control de las conexiones neuronales del lóbulo frontal...

Cuatro años después, Jesús Navas volvió a marcar el día que jugó su partido número 400

Hasta el noble Krohn-Dehli tuvo la fuerza justa para cruzarse rápidamente con él y zancadillearlo en otra de las tarascadas de sus ex compañeros. Vitolo cayó bastante por el medio intentando desequilibrar el parsimonioso eje sevillista, en el que N'Zonzi se las veía y se las deseaba para cubrir tanto espacio. Aquello era el Sahara.

Vitolo buscaba un oasis de amistad en la derecha, ya que en la izquierda el fiero Mercado le marcaba el territorio. Desde el otro flanco, ante el pasivo Correa, se asoció con Michel Macedo y tuvo una gran ocasión de gol: golpeó con la izquierda desviado desde el punto de penalti y se fue fuera. Se echó la mano al muslo derecho y ya casi no volvió a aparecer. Poco después, justo antes del descanso, cabeceó sin marca un balón llovido, picado, flojito, como desganado... Salió tras el descanso, pero ya no estaba. Ya se había ido.

Demasiados pitos en sus oídos, demasiada tensión en cada choque... y ese muslo derecho dando señales de alarma. En el minuto 58 hizo mutis por el foro. Pitada tremenda de todo el estadio, gritos de "¡fuera, fuera!" y algún insulto desde Gol Norte, aislado, eso sí. Poco trabajo para el apuntador de la Liga. Vitolo se fue sin pena ni gloria y dejó la escena toda para la heroicidad de Jesús Navas. Cinco años después, en su enésimo centro al área, el palaciego volvió a marcar un gol con la camiseta del Sevilla, que vistió por cuadringentésima vez en un partido oficial. Lo hizo casi sin querer. Brillaron sus ojos azules y todo el estadio explotó. Era el minuto 83 de un partido que no rompía en positivo. La noche de Vitolo fue la de Jesús Navas, mucho más puro, más pueril si quieren, menos dañino... y 400 veces más sevillista que el canario.

Jesús Navas posa junto a José Castro con una camiseta conmemorativa por su 400 partido como sevillista Jesús Navas posa junto a José Castro con una camiseta conmemorativa por su 400 partido como sevillista

Jesús Navas posa junto a José Castro con una camiseta conmemorativa por su 400 partido como sevillista / Antonio Pizarro

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