SEVILLA | Villarreal

Media ración cortita de épica

  • Nervión enloqueció entre la indignación con el árbitro, el atasco de Montella y la reacción de casta y coraje

  • Clímax interruptus antes de la final de Copa

Anoche empezó la Feria de Abril. La prueba del alumbrao echó el telón a un 14 de abril de locura en Nervión. La efeméride republicana tuvo un reflejo caótico sobre el césped y en las gradas del Ramón Sánchez-Pizjuán, como un frenético canto a lo que pudo ser y no fue. De la nefasta ortodoxia prerrepublicana a la anárquica heterodoxia de la libertad mal entendida y peor boicoteada. Un canto de rebeldía primaveral que hizo lucir el sol del coraje sevillista en medio de los nubarrones del hastío por la renuncia liguera. El Sevilla de Montella, un equipo sin monarca, pende de la Copa del Rey.

El Sevilla llevó al paroxismo a los suyos. Esquizofrenia bajo el perezoso sol de abril. "Papá, ¿pero el Sevilla no va perdiendo, qué hace? ¿Qué hace que no hace nada?", decía un joven sevillista, hijo de las grandes gestas, a su progenitor, crecido entre las decepciones de la travesía del desierto previa a la década gloriosa.

El comentario tenía sentido. El Sevilla estaba tocado, hundido, era un pelele en esos momentos. Banega acababa de regalar el 0-2 y, para más inri, Ben Yedder tuvo un ataque infantil y fue expulsado tras dos penaltis escamoteados por el gijonés González Fuertes, debutante en la categoría, tan laxo en aplicar el reglamento en las faltas como riguroso para sacar tarjetas por protestar. Imaginó que Sarabia tenía alas para salvar la llave de judoca que le había hecho Jaume Costa primero y entendió como piscinazo el derribo a Banega, que exageró un poco la caída tras ser trabado claramente.

González Fuertes no quería teatro ni histrionismo... pero de pronto se encontró en un manicomio cuando el Sevilla reaccionó con ese espíritu rebelde que lo hizo empatar, llevado por una grada tan entregada en cuestionar a Montella y su inmovilismo, y al árbitro, claro, como en llevar en volandas a su equipo cuando fue de verdad por el partido. El sevillismo mantiene su fe en ese Sevilla levantisco para acabar con el totalitarismo azulgrana en la Copa del Rey. Ellos, tan republicanos.

El pescao frito previo al alumbrao dio para debatir sobre todo ello: Montella y su agotado sistema, González Fuertes y su pésimo arbitraje y el espíritu de rebeldía de un Sevilla que mantiene las esperanzas en tumbar al coloso Barcelona en la final de la Copa. Llene usted la copa y sirva media ración de épica.

Para el sábado de Feria hará falta ración y media de épica... y algo más. Cinco partidos lleva el Sevilla sin ganar en la Liga, una racha horrible. Aun así, el equipo de Montella terminará la jornada trigésima segunda séptimo, agarrado con las uñas al último puesto que lleva a Europa. El partido de Riazor minimizará la profunda reflexión sobre lo ocurrido antes del paroxismo: el 4-4-2 monolítico de Montella cayó ante el 4-2-3-1 elástico de Calleja. Previsible por agotamiento físico y de ideas, el Sevilla dio otra muestra de impotencia... hasta esa rebelión que lideró N'Zonzi y a la que contribuyó Nolito, fiel reflejo de la dicotomía del Sevilla. Falló la fácil, el penalti, y marcó la difícil, la volea. ¡Viva la rebelión! ¡Abajo las cadenas! Fue un 14 de abril. El 21 será otra historia. La Feria echará el telón. ¿Y el Sevilla? Disfruten entretanto, que es una vez al año.

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