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Las interpretaciones del adiós

  • El Sevilla despide el curso entre el orgullo por un balance casi histórico y la desilusión por lo que pudo ser y el desapego de su técnico

  • Último partido para Sampaoli y quizá para Vitolo y N'Zonzi

Cada sevillista tendrá una distinta. Esto es como cuando llueve, escampa o aprieta el sol, que nunca lo hace a gusto de todos. Cada aficionado, los que acudan al estadio y los que lo sigan por televisión, tendrán hoy una interpretación diferente de la despedida, experimentará una sensación distinta y que podrá ser cambiante también según el protagonista, la temporada o el equipo en sí.

Porque esta noche en el Ramón Sánchez-Pizjuán hay varios adioses previstos. Primero, a una temporada que, pese a ser la primera desde 2013 que acaba sin éxtasis de plata, ha sido sencillamente brillante y, la verdad, difícil de igualar. Podrá haber distintas interpretaciones por toda la explosión de ilusiones que generó, se podrá constatar que fue claramente de más a menos, pero nadie negará que ha cumplido holgadamente con los objetivos previstos inicialmente. Como en todo y para todo, siempre hay insatisfechos, como también eternamente agradecidos, esos que todo lo ven perfecto.

Pero fundamentalmente quien no dejará indiferente a nadie será un Jorge Sampaoli que pasó de héroe a villano parece ser que de la noche a la mañana, aunque, como todo, su paso por la entidad fue dejando adeptos y escépticos desde el principio, aumentando el segundo grupo tras la semana fatídica de Leicester y el Calderón. No obstante, no se le afea al argentino su balance futbolístico y de resultados, ciertamente apreciable sobre todo esto último, sino su falta de apego, su mentira permanente, su interés poco claro, su deseo de coger las de Villadiego desde que llegó y el querer utilizar al Sevilla para llamar la atención según la situación. Lo que en esta ciudad se llama vulgarmente ojana, un comportamiento de honor dudoso que cuando se acaba descubriendo deja muy mala imagen.

Hasta las últimas explicaciones llenas de excusas y verdades a medias, ayer mismo, del entrenador dejan un amargo sabor de boca a una temporada que faltó poco para que redondeara en histórica, aunque el sevillismo dictará hoy su sentencia sobre lo que quiso ser, aparentó ser y fue Sampaoli en el Sevilla.

Otros sentimientos totalmente distintos, desde luego, van a levantar jugadores que pueden protagonizar su último partido con la camiseta del Sevilla. No es un hecho real, pero se intuye que será día de despedida para jugadores como Vitolo o N'Zonzi, en la rampa de salida y no se sabe si víctimas o beneficiados del modelo de negocio que tan exitosamente ha llevado a cabo este club en la difícil relación entre lo deportivo y lo económico.

En otro escalón pueden estar los cedidos. Algunos, como Nasri y Vietto, ni siquiera estarán vestidos de corto, pero parece evidente que no lo volverán a hacer en este estadio como futbolistas del Sevilla. Igual para Kranevitter y complicado lo tiene Jovetic, quien más mérito ha podido hacer pero cuyos condicionantes no lo ponen fácil.

Pero más que nada, en un duelo con el único aliciente de superar la barrera de los 70 puntos en el que el rival, un Oasuna ya de Segunda División, no se juega nada, lo que se juzga es una campaña con la que los sevillistas pueden estar contentos ante las dudas que desató la marcha del entrenador que había traído los tres últimos títulos. Un cuarto puesto, por mucho que durante el año se acariciara algo más, en especial la vía directa a la Champions para la que llegó a tener 9 puntos más que el Atletico, supone un éxito potente para una entidad como el Sevilla que logra por tercer año consecutivo recibir la inyección del máximo torneo europeo de clubes. Es verdad que falta un paso más para entrar en el carro de los opulentos, la fase de grupos. Pero eso será ya cuestión de futuro, del nuevo proyecto, un Sevilla que ya se está empezando a construir y en el que será bien recibido quien quiera participar de él. Quien no recibirá el aplauso que se haya ganado y el adiós. Esto sigue.

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