Unos 76.000 jóvenes españoles han consumido ya drogas emergentes

  • Se trata de sustancias que están comercializadas para un uso distinto pero terminan como estupefacientes · Los efectos que producen son tan variados como su origen y composición

El 3,5% de los estudiantes españoles de entre 14 y 18 años (unos 76.000) han experimentado alguna vez con alguna de las llamadas drogas emergentes -sustancias que aparecen en el mercado en un momento determinado como una novedad- y las setas mágicas son las preferidas por estos jóvenes.

Así aparece recogido en un informe elaborado por la Comisión Clínica sobre Drogas Emergentes, presentado ayer por la delegada de Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Nuria Espí, quien señaló que estos datos no son "muy preocupantes", por lo que "aún estamos a tiempo".

Pese a ello, los expertos advierten de la capacidad de estas sustancias para provocar adicciones.

"Del colocón a la intoxicación grave hay un margen muy pequeño", aseguró Magí Farré, catedrático de Farmacología de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la comisión. El informe pone de manifiesto la dificultad de definir el concepto de drogas emergentes, que incluyen un grupo amplio, cambiante y muy diverso de sustancias naturales, sintéticas o semisintéticas, conocidas o desconocidas.

Generalmente las drogas emergentes no están incluidas en las listas de sustancias psicotrópicas o estupefacientes, ya que a veces se trata de productos que están comercializados (sales de baño, bonos para plantas, ambientadores, incienso, anestésicos...), pero se les da un uso distinto para el que han sido fabricados.

Por ello, en muchos casos no son ilegales y acceder a ellas es fácil a través de internet. De ahí, que las nuevas pautas de consumo escapen al control de los gobiernos, señaló Espí.

La Unión Europea ha identificado hasta 600 páginas de internet donde se pueden adquirir esas sustancias, pero "seguramente serán miles", considera Manuel Sanchís, especialista en medicina interna y miembro también de la Comisión Clínica.

Además de las setas mágicas (hongos alucinógenos), la ketamina (un anestésico de uso hospitalario que se consume para tener experiencias extracorpóreas) y el spice (mezcla de hierbas deshidratadas que tiene un efecto similar al cannabis) son las sustancias emergentes más consumidas entre los jóvenes españoles.

Los datos sobre las anfetaminas (0,6% de usuarios) sitúa a España entre los países de menor consumo, a pesar de que según la ONU constituyen la segunda droga más consumida en el mundo, por detrás del cannabis.

El consumo de drogas emergentes se asocia a los entornos de ocio nocturno, con música y baile, aunque en los últimos años se ha observado un aumento de consumidores en solitario que buscan experimentar nuevas sensaciones.

La administración oral es la forma de consumo más habitual de las drogas emergentes, aunque a veces se pueden esnifar, ya que muchas de ellas se venden en forma de polvo, o también fumar.

Su precio puede oscilar desde los 7 hasta los 20 euros el gramo.

Aunque el consumo de estas sustancias no sea muy elevado, el riesgo sí lo es, dado que la mayor parte de las veces los posibles consumidores desconocen la composición exacta y sus efectos, señaló Espí.

Así, resulta llamativo el alto porcentaje de consumidores que desconocen los problemas de salud que puede ocasionar la sustancia que están consumiendo.

El informe pone de relieve que entre un 40 y un 50% de los jóvenes reconocen no poder atribuir un riesgo determinado al consumo de las sustancias.

Los efectos de las drogas emergentes son tan variados como su origen y composición.

Una gran mayoría pueden considerarse psicoestimulantes y producen hiperactividad del sistema nervioso central con repercusión cardiovascular.

Otras tienen efectos depresores sobre el sistema nervioso central y un tercer grupo provoca efectos alucinógenos.

El informe señala que bajo los efectos de estas sustancias se pueden desarrollar conductas agresivas y de riesgo, como conducir de forma temeraria o mantener relaciones sexuales sin ningún tipo de protección.

Algunas sustancias, como la ketamina o el GHB (un polvo de color blanco que se presenta disuelto en agua dentro de frascos pequeños de cristal) son consideradas, en algunos países, como facilitadoras de la comisión de delitos sexuales.

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