Concierto de Marcelo Palanco

En la noche del viernes 2 de los corrientes, en nuestros locales se celebra un acto distinto a los habituales, con la actuación de un joven concertista de 21 años, Marcelo Palanco Hidalgo. El presidente de la entidad, Eduardo H. Garrocho, presenta al artista valverdeño, con el que tenía un compromiso de atrás, y ahora, antes de que acabara el año, había encontrado la oportunidad de invitarlo. Le viene al tocaor la afición de su padre, también Marcelo, que es un gran aficionado del flamenco en todas sus disciplinas. Cita a los grandes tocaores que ha tenido nuestra tierra: Manolo de Huelva, el maestro Rofa, Niño Miguel, Juan Carlos Romero, José Luis Rodríguez, y otros muchos más.

No se equivoco Eduardo, pues el poco público -día de inicio de puente- asistente disfrutó de lo lindo con una noche mágica que nos brindo el ya maestro, a pesar de su edad, Marcelo Palanco. Haría una biografía de su larga trayectoria, llena de galardones. Comienza sus estudios de guitarra con 8 años, haciendo la licenciatura en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla Manuel Castillo, con el afamado maestro concertista Antonio Duro. Estudioso donde los haya, compagina los dos estilos, el clásico y el flamenco, considerando el segundo más de intuición y el primero, más de técnica. Ha sido un estudiante brillante que obtuvo la calificación de matrícula de honor en guitarra clásica.

Sorprende la gran cantidad de premios que ha recibido desde sus comienzos, ya que con 11 años gano un Premio Internacional de Grado en la localidad cántabra de Comillas; el I Premio de Guitarra Francisco Tárraga, de Castellón; premios también en los festivales de Córdoba y Alicante, su participación en conciertos europeos, como el de Música de Cámara en el festival cultural L' Agglo de Rouen-Transeuropeennes, su actuación en el Teatro la Maestranza de Sevilla, con la representación de la opera El sonido Lejano, de Schreker, y en la Bienal de Sevilla, tocando la guitarra flamenca, acompañando a su padre al cante. Por último, diremos que el Ayuntamiento de Valverde le otorgo la Medalla de Oro por su trayectoria musical. En la actualidad compagina los conciertos con las clases, impartiéndolas en el Algarve portugués.

No dejaron de acudir los clásicos de siempre: Juan Castro, Enrique Romero, Ramón Gil, Antonio Miñaca, Manuel Carbajosa, Jaime Engelmo, Santiago Domingo, Juan Bisch, Juan Contreras, Antonio Dovao, Alfonso Sibajas, Fernando Núñez, y también un grupo de familiares y amigos valverdeños.

Con esta presentación no podía salir la noche de cualquier manera, y así fue. Diría Marcelo que iría explicando cada composición y su proveniencia, empezando por unas alegrías muy difíciles de interpretar de Paco de Lucia, del disco Siroco y de título La Barrosa. Gustó mucho su primera interpretación que fue muy aplaudida; la segunda fue la taranta de su admirado maestro Vicente Amigo, Callejón de la Luna, para pasar a una solea del mismo, al que considera un clásico que cuida más el acento, el contraste, muy difícil de adjetivizar.

Por bulerías, con una introducción de seguiriyas, que había ido cogiendo de varios tocaores como Gerardo Núñez, Paco de Lucía, Tomatito y Niño Miguel, ejecutándolas como las percibía cada intérprete. Ahora, por Huelva, fandangos que hará con una falseta propia, un toque diferente sin perder la presencia de su tierra; intenta buscar el sonido de la guitarra, esa forma propia que tiene la guitarra, y termina por bulerías que le pone título Bulerías del agua, donde se hace presente el correr de un río al compás de bulerías. Con los olés, bravos y palmas que le brindan los asistentes, puestos en pie, termina la actuación del joven concertista valverdeño al que auguramos un espléndido futuro, quedándole poco para ser una de las grandes figuras de la guitarra.

Terminado el evento, Eduardo H. Garrocho le hace entrega, en nombre de la peña, de una carabela de plata, y aprovecha para cantar unos fandangos de Huelva, cosa que también hace el padre del guitarrista, Marcelo Palanco, que los hizo por Santa Eulalia y Valverde. Se le pide estampe su firma en el Libro de Honor de la Peña, cosa que hace encantado, dando las gracias por el calor con el que se le ha acogido, y departimos con la familia un agradable rato comentando la inolvidable velada que habíamos vivido.

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