Solera de Jerez para un matador de toros de la añada de 1964

No pocas cosas evocaría el maestro Luis Parra "Jerezano" entre el aroma de las soleras de González Byass anoche, durante la celebración de sus bodas de oro como matador de toros, una ceremonia de tal día como hoy, en Jerez, hace cincuenta año.

Solera V.O.R.S. sin duda; canas venerables y toda una vida de mucha afición, tanta que hasta en casa le salieron los hijos toreros. Entonces Ordóñez que fue su apoderado era máxima figura histórica; la casa Belmonte, casa matriz de tantos taurinos, estaba en pleno apogeo y los toreros daban la cara de un modo que hoy se tildaría de inconsciente.

Años muy duros sin duda, en lo que el sacrificio no era meramente entrenar: Parra supo lo que era arrimarse en Madrid, forjado en esa dura escuela que seguiría su hijo Luis, otro que cambió en Las Ventas dos cornadas, dos, por una oreja.

Toreros a palo seco y una escuela que conocieron también otros matadores que en su arranque aprendieron bajo la batuta del veterano maestro: los presentes Padilla, Jesulín y tantos otros. Imposible nombrar en estas líneas a todos los profesionales que acudieron anoche a un homenaje, a bodega llena.

Los devotos de Parra, el periodista Jerónimo Roldán a la cabeza, le han ofrecido este homenaje, que abarrotó la Bodega de González Byass, y no podía ser de otra manera, entre añadas y soleras y con el calor de la afición más conspicua de Jerez. Porque cuando este rincón taurino da la cara, se vuelca y el maestro Parra lo merecía.

Evocamos también aquel Jerez taurino que nos contaron, hace cincuenta años: Antonio Rosales "Don Puyazo" dictando la crónica de la alternativa de Luis Parra "Jerezano" para la radio desde "El Istmo", la tienda de ultramarinos y coloniales finos de Ignacio, suegro a la vez de un maestro de devoción cofrade lauretana. Aquel Jerez de Los Cisnes, punto clave de la geografía del toreo porque para ir a Madrid había que pasar por la calle Larga...

Hoy el toreo es otro y su protagonismo en la ciudad también, pero evocamos con Parra una época. Como lo evocaron todos ayer al aroma añoso y remansado que desprenden las botas de la centenaria bodega.

La música de la banda "Acordes de Jerez" del maestro Domingo Díaz; el cante de Manolo Simón y la copla de Antonio Puerto, ambos con la guitarra de Antonio Albert pusieron música a un acto que se adornó también con el verso de Antonio Murciano y la representación institucional del Ayuntamiento de Jerez a cargo de Javier Durá y Antonio Real.

Imposible nombrar a todos, más fácil es decir quien no vino y de eso se ocupó el propio Parra para recordara a cinco grandes amigos, cinco nombres para la historia del rincón taurino del sur: Paco Ortega de San Fernando, el maestro Rafael Ortega y los apreciadísimos jerezanos Juanito Sánchez, Morenito de Jerez y José González Copano. Mejor imposible maestro.

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