Una gota de veneno en una corrida de Cuadri

LO más probable es que ninguna de las catorce corridas que quedan por jugarse en abril en Sevilla llegue a la media de pesos en vivo y canales de ésta de Cuadri de ayer. Con la excepción de Miura, que se pone en 600 kilos por toro en cuanto se le hincha el buche a uno. En básculas dio 586 de media la corrida de Cuadri. Costó mucho meterle mano. No porque no hubiera por dónde sino porque, suponiendo que los toros se dividieran en dos categorías, los que se dejan y los que no, los seis de Cuadri fueron de la segunda clase. Que no.

Lo habitual es que en los compromisos mayores los ganaderos echen corridas de las llamadas de tres y tres. No se entienda que tres que se dejan y tres que no, porque depende. Sino tres y tres de líneas, estirpes, reatas y notas distintas. Con tres toros de aceptable nota se salva de sobra el listón que sea. Está fresco el primer ejemplo: la corrida de Palha lidiada el sábado. "Tú ya estás salvado", le dijo ayer a Joao Palha antes de los toros un ganadero que todavía tiene que lidiar en la feria. Antes de entrar en detalles, los ganaderos dan por bueno el salvarse. Sencillamente. Ya está.

La corrida de Cuadri fue no de tres y tres, sino de dos, dos y dos, que no es lo mismo aunque sume igual. ¿Hechuras? Siendo dos piezas buenas, y afiladas, quinto y sexto resultaban toros terciados si se tomaba como referencia el volumen de otros dos: un segundo y un cuarto que rompían con la pana por su cuajo descomunal. En Cuadri se da ese cuajo tan aparatoso con facilidad y frecuencia.

Un sello distintivo del toro señero de los cuadris es su tumultuosa manera de embestir. En tromba. Tan en tromba que la primera arrancada, aun siendo fuerte, se queda corta comparada con la segunda, y la segunda con la tercera, y así sucesivamente. El toro de Cuadri es más frío que caliente pero, cuando se calienta y ataca en tromba, puede llegar a desbordarse. Y hay toreros que se ahogan entonces.

Pero de ese tipo de toro de Cuadri tan revolucionado o tan volcánico no hubo ayer demasiada noticia. Si acaso un eco de ese estilo en el cuarto, el único cinqueño del envío. Badanudo, inmenso, inmensamente serio. Y, muy leve y pasajeramente, también en el segundo, el otro de los toros de talla equis ele. Las embestidas al ataque tan clásicas en Cuadri sirvieron para ponerle hace tiempo a la ganadería la etiqueta que lleva indeleblemente impresa. Lo mismo que se habla de las repeticiones en tromba puede hablarse en Cuadri de una manera particular de tardear y hasta mirar que suele poner a los toreros muy nerviosos. No a todos.

Por ejemplo, Fernando Cruz, tan bravo y firme ayer y en muy difícil trance. Mirón hasta la impertinencia fue el tercero de corrida. Muy mirón y muchas cosas más. De una taimada violencia traducida en derrotes bestiales. De los de volar la cabeza. Lo que hizo el toro en la primera vara, tirarse a la yugular del caballo en cuanto sintió el hierro, lo estuvo haciendo después de otra manera: ninguna entrega, listeza, reservonería. Pendiente el toro de los muslos y las zapatillas de Fernando Cruz. Tanto que en no pocos embroques, por lo ajustado, se estuvo mascando la cogida y la cornada, porque no era toro de amagar y no dar, sino certero. Entre tiempo y tiempo, el toro le medía al torero hasta el perfil y la sombra. En tales circunstancias quien se salvó fue el torero. Una tensa e intensa faena. Muy difícil.

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