Voces que entonan más que notas

  • El proyecto educativo-musical Crecer Cantando, Crecer Soñando se hace fuerte, tras seis años de vida, con el espectáculo 'Viaje a Ítaca'

Hace seis años, tres alumnos del IES Las Encinas, en Valencina de la Concepción, mostraron su interés por el canto coral al profesor de Música Gustavo Porras. Cuál fue su sorpresa cuando en la primera reunión se encontró con un aforo de 12 jóvenes dispuestos a involucrarse en esta iniciativa. Así arrancó un proyecto educativo-musical que, en la actualidad, cuenta con la participación directa de 100 alumnos de institutos de Secundaria públicos, centros de formación profesional, conservatorios y escuelas de música. Crecer Cantando, Crecer Soñando se ha convertido así en un ejemplo de cómo la colaboración entre la comunidad educativa, la familia y la ciudadanía en general puede generar buenas ideas, cargadas de valores y formación, sin necesidad de la subvención pública. Su talento ya lleva exhibiéndose desde hace tiempo a través de espectáculos; mañana lo harán en el Teatro Sierra de Aracena y el día 1 de junio en el Teatro Central, ambos a las 19:00 (con invitación).

La base sobre la que se cimienta este proyecto es la meticulosa coordinación que existe entre los distintos grupos que hacen posible Crecer Cantando, Crecer Soñando. Los integrantes de esta coral son alumnos y profesores del IES Las Encinas, la Escuela de Música Ian Murray (Aracena) y el Conservatorio Elemental de Osuna. "Además, para la producción y el sonido contamos con la colaboración del IES Néstor Almendros, que pone a nuestra disposición a chicos de estos módulos que aprenden con nosotros a resolver casos que se encontrarán en su vida laboral", cuenta Porras, coordinador del proyecto.

"Desde producción, nos encargamos de la cesión de derechos de las canciones que se van a interpretar, de la promoción en prensa, de la logística, la distribución de carteles, etcétera. Nos sirve para practicar, pero con un caso real", cuenta el estudiante de Producción José Carlos Borrego, que pertenece al grupo de técnicos.

Hasta el pasado año, el proyecto contaba con ayudas públicas que les permitía sufragar los gastos de cada uno de los espectáculos. "Este año, con la crisis, se cortaron estas subvenciones, pero no podíamos abandonar un proyecto como éste y nos constituimos como asociación sin ánimo de lucro. Así, pensamos en autofinanciarnos a través del crowdfunding, y ha sido todo un éxito", explica el profesor de Música, que añade: "Aquel que ha colaborado a través de la página web recibe algo a cambio, por ejemplo, el CD que grabamos recopilando las obras de nuestros primeros cinco años. Coincidió que muchos de los componentes, que empezaron siendo niños, ya entraban en la Universidad y tenían que abandonar el coro. Fue un homenaje a su constancia y amor por esto".

Teniendo como base el trabajo cooperativo y la organización en red -cada centro ensaya por su cuenta el mismo material y partituras, que se cuelgan en el blog del grupo, para más tarde ponerlo en común en ensayos generales-, Crecer Cantando, Crecer Soñando no sería nada sin un objetivo que, sin olvidar los fines puramente musicales, trasciende del entonar al unísono mejor o peor ciertos temas elegidos por los profesores. "Siempre se transmite un valor en cada uno de los trabajos que hacemos. En nuestra última obra, basada en el poema Viaje a Ítaca, recordamos que es más importante el camino que la meta a alcanzar", describe Gustavo Porras.

Con la experiencia que otorgan las tablas, este año, el espectáculo se ha perfeccionado tanto a nivel dramático, gracias a la participación de la compañía Dos Lunas, como en efectos de luces, sonido y proyecciones. El atrezzo y el vestuario también son claves. De notable colorido, cada alumno (de 10 a 18 años) se ha teñido sus ropas de un tono. "Esto hace que no sólo se oigan los resultados, sino que puedan palparse, que los chicos sientan más suyo el trabajo", detalla el coordinador.

El esfuerzo que los estudiantes prestan a lo largo del curso en ensayos (donde los alumnos más veteranos hacen de tutores de los más pequeños) y actuaciones se ve recompensado con el aprendizaje, más allá de la música, de valores y conceptos como el trabajo en equipo, la capacidad de liderazgo, de enfrentarse al público y elevar la autoestima.

Desde el punto de vista de lo puramente formal y contenidos, Viaje a Ítaca también sorprende al espectador por su versatilidad. Así, este "viaje" se convierte en un paseo por el mundo, donde se cantan piezas del folclore americanas, hebreas (entonadas en hebreo gracias a la colaboración de la Fundación Tres Culturas), búlgaras, de Trinidad y Tobago, africanas e incluso en lenguaje de signos (un viaje metafórico al sentido de la música).

Esta ola de colores no permanecerá estática y también este año se han incluido los movimientos del coro. Según Porras: "Empleamos la música para transformar emociones, trabajamos a la persona con el fin de potenciar un modelo de sociedad en el que creemos, una sociedad cooperativa que en red funciona mejor".

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