Una mirada hacia la Sevilla del 36

  • Ispavilia recuerda las acontecimientos que se vivieron tras el alzamiento del 18 de julio, hace 78 años

Ojos contemporáneos para observar, con la perspectiva que dan casi ocho décadas, los acontecimientos que vivió la ciudad tras el alzamiento militar que se produjo contra el gobierno legítimo de la II República española, el 18 de julio de 1936. Una mirada que se recrea a través de fotografías plastificadas de la época y la visita a los lugares que fueron testigos de la barbarie a través de la ruta que Ispavilia propone bajo el título Sevilla, 1936. La empresa realiza mañana una nueva sesión de este recorrido por el casco antiguo y el barrio de la Macarena para explicar algunas claves sobre por qué, en apenas cuatro días, Sevilla cayó en manos del bando golpista.

Bajo el monumento del rey San Fernando, en la Plaza Nueva, comienza la jornada. Jesús Pozuelo, gestor cultural de la empresa, pone en contexto al grupo. La ciudad, durante los años 30 del pasado siglo, se había convertido en una urbe conflictiva. Según Pozuelo, que cita a varios historiadores en su monólogo, tras el auge económico que se vivió a causa de la Exposición Iberoamericana de 1929, la población comenzó a sufrir los problemas propios de una alta tasa de desempleo: "Cientos de obreros que habían llegado para trabajar en la construcción de los nuevos espacios se quedan sin ocupación. Estos trabajadores se instalaron en lo que se conoció como el cinturón de la miseria", un concepto que acuñó Nicolás Salas, según aclara el guía. La ciudad se paralizó tras el 29 y las posiciones políticas se radicalizaron durante los años de la II República. Fue este el momento en que la ciudad recibió el sobrenombre de La roja, sobre todo por la concentración de representantes sindicales, anarquistas, comunistas y socialistas que habitaron la zona norte, el Moscú sevillano.

La victoria del Frente Popular en febrero del 36, una coalición de izquierdas, aumentó aún más las tensiones sociales. Con este contexto crispado como punto de partida, el grupo se dirige hasta el Hotel Simón. "Aquí se alojó Gonzalo Queipo de Llano cuando regresó de Isla Cristina el día 18 de julio. Y fue aquí donde lo recogieron para llevarlo a Capitanía, que entonces estaba en la Gavidia, desde donde orquestó la toma de la ciudad para el bando nacional", explica Pozuelo. En este punto, el responsable de Ispavilia aprovecha para hacer partícipe al grupo que escucha su plática de la tensión que vivieron aquellas personas y de sus dudas: "En cuestión de segundos tenías que decidir en qué bando estabas. Una decisión que podía costarte la muerte". Hubo, de hecho, anécdotas al respecto, como por ejemplo personas y contingentes militares que cambiaron de bando con el devenir de los acontecimientos.

En la Plaza Nueva, se explica el enfrentamiento entre las fuerzas golpistas y las republicanas. Unas por mantener el gobierno de Sevilla y las otras por asaltarlo. El primer disparo se escuchó en la ciudad a eso de las 15:00; y, a las 21:00, el bando nacional resultó victorioso. Pozuelo recrea esta céntrica batalla y da señas de las posiciones de ambas facciones cuando una señora interrumpe su soliloquio: "Mi abuela volvía de lavar en la casa de unos señores. Tardó tres horas en llegar. Estuvimos muy preocupados, nadie sabía qué estaba pasando". El caos y la violencia camparon a sus anchas durante aquel día: muchos radicales asaltaron casas de nobles y familias adineradas, entre otras atrocidades. Al caer la noche, la zona aristocrática de la ciudad -el centro- durmió bajo la protección de los nacionales.

No da tiempo de caminar hasta Triana y es en la Plaza de la Concordia donde Jesús Pozuelo relata cómo fue la caída del arrabal. El día 19, este barrio y la zona norte amanecieron cercadas por barricadas. Muros que, según describen las crónicas de la prensa de la época,medían dos metros y que, como se observa en fotografías de la época, se construían con lo que se podía, incluso adoquines arrancados de las calzadas. Al día siguiente, el 20, el diario Abc avisó a los trianeros de sus obligaciones con el nuevo orden, un preludio de la ofensiva. Hay que entender que la resistencia civil no puede compararse a la de los regulares que llegaban desde África a través del puente aéreo, según recuerda Pozuelo. Con el segundo ataque durante la jornada del día 21 en la que participó la Quinta Bandera de la Legión, entre otros grupos militares y voluntarios como los falangistas, Triana se tiñó de sangre. Es el momento en el que el gestor de Ispavilia enseña la fotografía de la calle Rodrigo de Triana, donde yacen algunos cadáveres. No hubo piedad para los que se habían resistido al golpe.

El final del recorrido se realiza por la zona de la calle Feria y el barrio de San Julián. Las barricadas eran destruidas con granadas de mano y, al despejarse el humo, entraban los militares. El mismo procedimiento en cada punto de la zona norte hasta que se cercó la barriada y venció la resistencia con arrestos y fusilamientos. Frente a la iglesia de San Julián, Pozuelo despide la ruta: "Necesitamos conocer más nuestra historia".

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