Entrevista a la secretaria general de CCOO Andalucía

Nuria López: “Las empresas utilizan a los jóvenes como a un pañuelo”

  • La líder del mayor sindicato de la comunidad, con 157.000 afiliados, renovó el cargo tras cuatro años de mandato y con el reto de la pandemia

Nuria López, en la plaza de la Magdalena de Sevilla, minutos después de la entrevista

Nuria López, en la plaza de la Magdalena de Sevilla, minutos después de la entrevista / Antonio Pizarro

“Todavía me duele el cuello”, asegura entre risas Nuria López (Écija, 1978) cuando se le pregunta por la ruptura del techo de cristal que supuso su llegada al liderazgo en CCOO en Andalucía. Después de cuatro años al frente del mayor sindicato de Andalucía, ha logrado un hecho histórico, que no haya listas alternativas en un cónclave de su organización, que, asegura, vive un momento de cambio.

–¿A qué cambios se refiere?

–Representamos a la heterogeneidad que hay en el mundo del trabajo. Hemos ampliado la afiliación en 2.200 jóvenes, muchos de sectores precarizados, con mucha contratación temporal y bajos salarios. La gente que ha llegado lo ha hecho planteando sus problemas, lo que permite que las soluciones estén más adaptadas a cada realidad laboral. En un tiempo de cambios en las empresas, hemos sabido ensamblar en los convenios colectivos y las propuestas el sentir de todo el mundo. Otra cosa es solucionar todos los problemas, que no está en nuestras manos, sino en las empresas, que tienen la sartén por el mando.

–Esto ocurre cuando la afiliación sindical lleva años cayendo.

–En la crisis de 2008 hubo una caída y además hubo un ataque brutal, un intento por desgastar a los sindicatos. Pero hemos recuperado una legitimidad importante, como nos dice la afiliación. Tenemos 157.000 personas que pagan su cuota todos los meses y hemos aumentado en 14.000 las afiliaciones en un mandato complicado. 13.300 son mujeres. Hubo un desgaste provocado, porque éramos el último bastión frente a las políticas neoliberales, pero hemos recuperado el crédito y la confianza gracias al trabajo que se hace para resolver los problemas de la gente.

–¿Ha quedado atrás el estigma que relacionaba a los sindicatos con la corrupción?

–No hemos tenido ningún proceso en el que un juez haya condenado a nadie en CCOO de Andalucía porque no se hizo nada malo. El capital utilizó ese ataque para desgastar nuestra competitividad. El ataque interesado al sindicalismo de clase siempre va a existir, siempre van a intentar debilitar a un instrumento que permite doblarle el pulso a los poderosos. Los trabajadores sólo tenemos una herramienta en nuestra mano para defender nuestros derechos, la organización. Si nos juntamos somos más fuertes para defender nuestros convenios, pero también para decirle a los gobiernos que no les den los fondos europeos a las empresas a coste cero, que una parte vaya para fortalecer los servicios públicos.

–Es llamativo el aumento en mujeres y personas jóvenes.

–Los sectores muy feminizados, como el de los comedores escolares, el comercio o la hostelería están muy precarizados. Y ellas han visto en CCOO un instrumento para mejorar sus condiciones.

–¿Y respecto a los jóvenes?

–Los jóvenes son el mayor capital que tiene un país y lo estamos despilfarrando. Una generación formada, muchos de ellos nativos digitales. Lo que necesitan es un puesto de trabajo para desarrollarse y tener un futuro. Las empresas utilizan a la gente joven como un pañuelo. Los riders, los becarios, los trabajadores temporales que se pasan una vida entera rotando de contrato en contrato. Las empresas deberían cuidar más el capital que tienen en las personas jóvenes. Necesitamos una legislación distinta a la de la última reforma laboral. Las leyes que regularon la crisis anterior, que generaron pena y pobreza, no sirven para gestionar este futuro.

–¿Y qué hay de los autónomos?

–Es necesario un cambio de legislación que aclare lo que verdaderamente es un autónomo, que debe ser el germen de una empresa. A las personas que deciden emprender hay que ponerles la alfombra roja para que desarrollen su proyecto, pero hay que evitar que hacerse autónomo sea una salida desesperada al paro o un ahorro de costes para las empresas. Un trabajador con un contrato estable y un buen salario es más productivo para la empresa. La gran reforma que necesita este país es la reforma de la mentalidad del empresariado, que sigue anclado en el siglo XIX y no es capaz de ver más allá del corto plazo y pensar colectivamente con sus trabajadores.

–¿Eso cómo se hace? ¿Puede el Gobierno fomentar esta idea?

–Para eso está la negociación colectiva. Por eso le decimos al Gobierno que tiene que derogar y dar carpetazo a la reforma laboral de 2012. Impide que la negociación colectiva sea el instrumento que permita el diálogo fluido en la empresa y que el empresario no salga corriendo cuando se sienta a negociar. Tiene esa puerta abierta gracias a la reforma laboral. La negociación colectiva es la forma que tienen los trabajadores de decir al empresario que se sienten parte del proyecto y hacer propuestas para mejorarlo. Los trabajadores somos sensatos a la hora de plantear soluciones.

–Es uno de los grandes motivos de discusión en el Gobierno de Pedro Sánchez. ¿Es optimista respecto a la derogación de la reforma laboral?

–Es lo que quiere la mayoría social de nuestro país, que son trabajadores. Grandes empresas hay cuatro y ricos hay diez. Los demás somos curritos que tienen un poquito más en la nómina o un poquito menos. Las empresas tienen que ser conscientes de que su futuro depende de cómo esté la economía los trabajadores. PSOE y Unidas Podemos se comprometieron a derogarla. Es necesario un marco laboral para el siglo XXI, va a haber muchos cambios productivos fruto de la digitalización. Si las empresas plantean despidos para adaptarse a los cambios tecnológicos, va a haber muchas resistencias.

–¿Los fondos europeos de recuperación serán la palanca del ansiado cambio de modelo productivo y el final de la brecha del paro en Andalucía?

–Tenemos que pensar bien dónde los ponemos. Nosotros no tenemos ni idea de cuáles son los proyectos planteados por el Gobierno andaluz al Gobierno de España. Eso no puede suceder. Necesitamos ese cambio del modelo productivo y, por ejemplo, el turismo tiene que seguir siendo importante en Andalucía. ¿Qué tipo de turismo? ¿Con salarios de miseria? Juan Marín, como consejero de Turismo, no puede plantear sólo ayudas a las empresas hoteleras mientras que las plantillas cobran, en algunos casos, salarios muy bajos, con jornadas extenuantes. ¿No puede condicionar esas ayudas a la formación y adaptación de los trabajadores? Cuando los turistas vienen a Andalucía valoran más la atención que reciben, no las instalaciones. Hay que contrastar las opiniones para crear otro tipo de tejido productivo, aunque sean los mismos sectores. Es cierto que necesitamos un sector industrial fuerte después de décadas languideciendo. Hay que inyectar modernidad, por ejemplo, al sector agroalimentario. No puede ser que la consejera Carmen Crespo esté todo los días dando ayudas para asfaltar caminos rurales. Los fondos europeos también tienen que venir para reforzar los servicios públicos y queremos hablar de eso con el Gobierno andaluz.

–¿Cómo es la interlocución con el Gobierno andaluz?

–Va por barrios. Con el presidente firmamos un acuerdo importante, él tiene voluntad. Pero hay parte del Consejo de Gobierno donde esa voluntad brilla por su ausencia. Con el consejero de Turismo parece que su opinión es la única. En Agricultura y Cambio Climático hay ausencia total de diálogo y no entendemos cómo la consejera se arroga logros que consiguen otros. Y con Igualdad el diálogo es un trámite burocrático.

–¿Es mejor la relación con este Gobierno que con el anterior?

–Todos los gobiernos son difíciles porque cuando llegan al poder se olvidan para quien gobiernan. Con este Ejecutivo tenemos discrepancias ideológicas profundas y, por eso, tienen más valor los acuerdos que alcanzamos. Cuando firmamos un acuerdo hay un trabajo de fondo y una fuerte discusión ideológica.

–En 2017 afirmó que Andalucía “estaba siendo brutalmente golpeada por la derecha”. ¿Qué vigencia tiene esta frase hoy?

–Veníamos de las políticas de austeridad. Hoy hay un cambio importante en algunas políticas generales. Se ha reforzado la dependencia y se ha reconocido el 18% de inversión en Andalucía en los Presupuestos Generales, aunque queda la reforma laboral. En Andalucía, el Gobierno no está ejerciendo todas las competencias que permiten generar desarrollo económico y, además, hay un partido de ultraderecha en el Parlamento que impide que se desarrolle todo el contenido del Estatuto. Eso perjudica a Andalucía. El Gobierno debería mirar más a la cara de los trabajadores y mimar más los servicios públicos. Que no haga política con una calculadora. No se puede decir en una pandemia que Andalucía tiene superávit.

–¿Cree que habrá recortes?

–Hay dinero que no se está poniendo en juego para satisfacer las necesidades de quien más lo necesita. Eso no se puede hacer con un millón de parados y muchas personas con un empleo precario.

–¿Ve bien la apuesta del Gobierno andaluz por reducir las trabas administrativas?

–Hay que diferenciar entre las trabas burocráticas y los controles administrativos. Si en vez de hacer diez trámites se pueden hacer dos, estupendo. Pero no se pueden quitar controles para evitar la fiscalización. Ojalá se eliminaran también los trámites burocráticos a los que están sometidas las personas que no tienen nada y tardan dos años en cobrar la renta mínima. Se es fuerte con el débil y débil con el fuerte y eso no lo queremos.

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