"Nunca pensé que sería magistrada porque me aparto bastante de la figura arquetípica de un juez"

María Luisa Balaguer Callejón

La almeriense se quedó a un voto de presidir el Tribunal Constitucional desde una idea que entendía "más abierta a la sociedad, al diálogo interno y a un trato, quizás, más relajado en las formas"

La magistrada almeriense en su despacho del Tribunal Constitucional
La magistrada almeriense en su despacho del Tribunal Constitucional
Iván Gómez

06 de febrero 2023 - 06:00

María Luisa Balaguer Callejón (El Ejido, 1953) es magistrada del Tribunal Constitucional y a principios de año se quedó a las puertas de presidirlo en una votación secreta que perdió por la mínima contra el que fuera juez del Tribunal Supremo, fiscal general y vocal del Consejo General del Poder Judicial, Cándido Conde-Pumpido. En el año 2003 se convirtió en la catedrática andaluza de Derecho Constitucional, adscrita al Departamento de Derecho del Estado y Sociología de la Universidad de Málaga, después de licenciarse en 1976 en la Universidad de Granada en la que también se doctoró en octubre de 1983.

Fue nombrada consejera del Consejo Consultivo de Andalucía para dar el salto en marzo de 2017, por designación del Senado pero propuesta por el Parlamento andaluz, al Tribunal Constitucional. La jurista ejidense que se formó en Granada y cimentó su trayectoria en Málaga ha dejado votos particulares en las resoluciones claves sobre el 'procés' catalán al considerar desproporcionadas las condenas o en 2021 cuando defendió decretar el confinamiento domiciliario cuando se durante el estado de alarma. Se define como marxista y republicana, pero sobre todo destaca su firme compromiso feminista y su defensa a ultranza de la igualdad.

- Se marchó muy joven a estudiar y desarrollar su carrera profesional fuera de Almería, ¿qué vínculo ha mantenido durante todos estos años con su tierra natal?

- Mi vínculo con Almería es muy fuerte porque parte de mi familia vive allí, además de amigas que desde el Colegio de El Milagro hemos seguido en contacto, y otras que a lo largo de los años que viví allí he seguido manteniendo. En El Ejido quedan menos amistades, porque algunas de ellas se han desplazado por otros puntos de la provincia, pero tíos y tías y muchos primos y primas, del apellido Balaguer y Callejón, con los que me sigo tratando.

"No veo el Constitucional más polarizado que en otros momentos, si queremos un tribunal plural tendremos que llegar a acuerdos y dialogar"

- ¿Surgió su vocación por la justicia cuando ya era una prometedora estudiante en Almería?

- Mi vocación por el derecho despertó desde muy pequeña porque la justicia era para mi un sentimiento de vida, me parecía ver en la abogacía una forma de vocación muy pertinente para conseguir una sociedad igualitaria y feliz. La vida en un pueblo de los sesenta era tranquila y pacífica, pero con carencias importantes de cultura y educación. Afortunadamente mi padre y mi abuela materna nos ilustraban y cultivaban a través de la prensa y la lectura de libros.

- Almeriense de nacimiento, granadina de formación y malagueña de profesión hasta que se trasladó a Madrid en 2017 para ser vocal del tribunal de garantías. Una trayectoria con acento andaluz y mucho aprendizaje...

- Andalucía es ahora una tierra culta y de sabiduría que ha sabido aprovechar la coyuntura histórica de nuestras últimas décadas. En Granada viví los ilusionados años de la transición política, en su Facultad de Derecho me doctoré, y vuelvo a ella adonde también mi hermano es catedrático de derecho constitucional y vive con su familia. Y Málaga es la ciudad hospitalaria y lúdica que acoge a quien llega desde el primer instante. No imagino un lugar mejor para haber sido profesora de ese alumnado que ahora se comunica conmigo por Twitter y Facebook, y me felicita por mi trabajo. Aprendí de ellos las conversaciones sosegadas en la clase y la pasión por el derecho, fueron años muy interesantes de la política y la modernidad que en nuestro país se formaron entonces. Y en el ejercicio de la profesión, la abogacía es esa noble profesión en la que aprendes la vida a través del derecho.

"Andalucía es ahora una tierra culta y de sabiduría que ha sabido aprovechar la coyuntura histórica de nuestras últimas décadas"

- A lo largo de esa dilatada experiencia y antes de ser nombrada magistrada, ¿en algún momento se le pasó por la cabeza que acabaría en el Constitucional o incluso la posibilidad de presidirlo algún día? ¿de quién y por qué cree que surgió la propuesta del Senado que llegó desde el Parlamento de Andalucía?

- Nunca pensé que sería magistrada porque mi mentalidad es dialéctica y me aparto bastante de la figura arquetípica de un juez, pero creo que la propuesta del Parlamento estaba en la línea de llevar al Tribunal Constitucional personas de un perfil académico y cuya currículum profesional fuera de esa línea de investigación. Mis trabajos sobre la justicia constitucional y sobre otro aspecto también importante en esa institución, como es el feminismo, determinaron a mi juicio esa decisión.

- Se quedó hace unas semanas a las puertas de la presidencia del Tribunal Constitucional. Siendo eminentemente progresista -e incluso llegó a militar en el PSOE integrándose en la candidatura de Málaga en 2003- logró aunar el voto de los conservadores frente al candidato del Gobierno. ¿Qué lectura y aprendizaje ha hecho de esa derrota por la mínima ante Conde-Pumpido?. ¿Cuál es la situación actual y el escenario resultante?

- No considero una derrota que mi compañero obtuviera un voto más que yo para presidir el Tribunal Constitucional. La elección de la Presidencia de un órgano de estas características no resuelve una confrontación, sino la decisión de la persona que se considere más idónea por el colegio de magistrados, y yo lo felicité sinceramente. Mi participación no era más que otra opción de presidir el tribunal desde una idea más abierta a la sociedad, al diálogo interno y a un trato quizás más relajado en las formas, y justamente porque los conservadores me ofrecieron su voto, creí que salir por la unanimidad reforzaría la imagen del tribunal. Respecto de la militancia socialista, solicité mi suspensión al entrar en el Consejo Consultivo de Andalucía en el año 2005, por considerar que mi imparcialidad debía explicitarse. Las ideas son libres, pero cuando se tiene que ser neutral, no debe haber asomo de duda.

Pleno del Tribunal Constitucional
Pleno del Tribunal Constitucional / EUROPA PRESS

- Durante ese mismo proceso se planteó que era el TC más dividido de la historia en sus 42 años de vida, pero he leído declaraciones en las que lo niega tajantemente. No sé si el más convulso, pero posiblemente si estamos ante el Constitucional que tiene más desafíos por delante como ley Celáa, la de eutanasia, la del aborto, la de memoria democrática... ¿Cómo valora la situación del Tribunal y su capacidad de respuesta?

- Tampoco me parece que el tribunal esté más polarizado ahora que en otros momentos. Si queremos un tribunal plural, tendremos que llegar a acuerdos y dialogar las distintas opciones que la Constitución permite, dentro de una argumentación jurídica racional, pero desde el margen que una Constitución abierta como es la nuestra, ofrece. Y es la mayoría la que al final debe imponerse, sin que nadie deba sentirse frustrado porque en ese momento no haya sido su posición la votada mayoritariamente. Y frentes abiertos ha habido también siempre en el Tribunal porque cuando una demanda o un recurso llega a nosotros, ya ha recorrido un camino en el que no ha sido posible encontrar una solución satisfactoria para alguna de las partes.

- Ha dejado votos particulares en resoluciones claves sobre el 'procés', cuyas condenas llegó a tildar de excesivas y desproporcionadas valorando incluso que los 'Jordis' no buscaban la independencia sino presionar al Gobierno, y también con el estado de alarma cuando sus compañeros anularon el confinamiento durante la pandemia.

- Los dos votos particulares a los que se refiere se formularon precisamente porque la solución en ambos casos me parecía técnicamente incorrecta. En el caso del 'procés' se trataba de una falta de proporcionalidad de las penas, en la medida en que no se tenía en cuenta la STC 136/1999, en la que se consideraba que el grado de participación en los hechos debía conllevar esa graduación, y en el caso del estado de alarma, la sentencia votada por la mayoría consideraba que se había lesionado el contenido esencial de algunos derechos, pero yo entendía que la norma respondía a un criterio de proporcionalidad si se tenía en cuenta que la situación de pandemia no admitía otra forma de control del contagio.

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