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Incluye préstamos de Londres, Hamburgo o Hartford

Valdés Leal, el maestro del gesto

  • El Bellas Artes revisa la vida y obra del pintor y escultor sevillano en una ambiciosa exposición que revela a un creador de amplias lecturas interesado por la escenografía y la perspectiva 

'Inmaculada Concepción con dos donantes' de la National Gallery junto a la bellísima 'Inmaculada' de colección privada barcelonesa.

'Inmaculada Concepción con dos donantes' de la National Gallery junto a la bellísima 'Inmaculada' de colección privada barcelonesa. / Juan Carlos Vázquez

Juan de Valdés Leal no era ese pintor con predilección por lo crudo y dramático que asociamos a las Postrimerías del Hospital de la Caridad, una de las cuales -Finis Gloriae Mundi- impacta con su potencia alegórica en el Museo de Bellas Artes, que celebra ahora con exquisito acierto el cuarto centenario del creador sevillano. La exposición antológica Valdés Leal (1622-1690) ofrece a través de 88 piezas -65 préstamos nacionales e internacionales, y 23 de la propia pinacoteca- una visión renovada del pintor y escultor andaluz, "apartando etiquetas inexactas y lecturas distorsionadas" y revelando "a un creador en permanente búsqueda, rico en registros e intenciones" al que la competencia con Murillo, siempre mejor remunerado que él, le obligó a buscar expresiones alternativas a través de un lenguaje "arrebatadoramente personal". Patricia del Pozo, consejera de Cultura, inauguró así la muestra, que permanecerá abierta en las salas V, VIII y de temporales hasta el 27 de marzo de 2022.

Comisariada por Ignacio Cano, Ignacio Hermoso y la directora del museo, Valme Muñoz, la exposición aspira a situar al pintor y escultor en su tiempo y actualiza la aproximación científica realizada también por la pinacoteca sevillana en 1991, con ocasión del tercer centenario de su fallecimiento, para ofrecer las últimas investigaciones en torno a Valdés Leal y su taller.

'San Jerónimo disputando con los doctores paganos'. 'San Jerónimo disputando con los doctores paganos'.

'San Jerónimo disputando con los doctores paganos'. / Juan Carlos Vázquez

Descubriremos aquí, según Valme Muñoz, "a un protagonista esencial del barroco sevillano, que se inicia en la órbita de Herrera el Viejo y Antonio del Castillo, y cambiará al conocer los aires novedosos introducidos por Herrera el Mozo desde Madrid". Un pintor "de estilo teatral y dinámico, al servicio del gesto y la expresión", que es también un extraordinario dibujante -faceta ésta poco conocida aún porque sus carboncillos y grabados salieron pronto al extranjero, y apenas quedan en el Prado y la Biblioteca Nacional, entre las colecciones públicas españolas- y que, además, se interesó por el trabajo colectivo y policromó tallas espléndidas como el retablo principal de Pedro Roldán y Bernardo Simón de Pineda para la iglesia de la Caridad, "lo que desmiente que fuera una figura huraña de trato difícil".

Entre los préstamos que enriquecen esta ambiciosa exposición -presupuestada en 350.000 euros- destacan los del Museo del Prado, Hartford, la National Gallery de Londres, la Catedral de Sevilla, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), el Hamburger Kunsthalle o la Hermandad de la Santa Caridad, así como diversas colecciones privadas y parroquias cordobesas, gaditanas e hispalenses. Tres obras se presentan al público por primera vez: la Predicación de san Juan Bautista (1665-75), que presta la parroquia de Santa María la Coronada de San Roque (Cádiz) y que estuvo en el convento de San Francisco de Sevilla, el Cristo yacente (hacia 1672) identificado por Ignacio Hermoso en la parroquia de Santa Cruz, y San Jerónimo disputando con los doctores paganos (1657), una magnífica obra adquirida hace tres años en Alemania por Alberto Cortina que permaneció varios siglos fuera de España. Por contra, y es una oportunidad perdida, el Ayuntamiento de Sevilla no ha prestado las obras de Valdés Leal para el convento de Santa Clara de Carmona que atesora, La procesión de Santa Clara con la Sagrada Forma y Retirada de los sarracenos.

Recorrido expositivo

La muestra se divide en tres ámbitos y el primero, El pintor de imaginería, es uno de los más sorprendentes porque recoge la capacidad de Valdés Leal para romper con los cánones establecidos y construir de un modo nuevo las escenas en su pintura, ocupadas casi al completo por personajes, sin paisajes de fondo.

'Desposorios de la Virgen y San José' de la Catedral de Sevilla. 'Desposorios de la Virgen y San José' de la Catedral de Sevilla.

'Desposorios de la Virgen y San José' de la Catedral de Sevilla. / Juan Carlos Vázquez

La cultura visual del tiempo de Valdés Leal estaba alimentada por los autos sacramentales y esto se evidencia en su pintura, que incide en la expresión y el gesto. Pero lo esencial, avanza Ignacio Cano, es que Valdés Leal "introduce la perspectiva en la pintura barroca sevillana, que apenas le interesaba a Zurbarán y a Murillo. Y esa preocupación suya por la representación del espacio y la profundidad, influida por su viaje a Madrid -entre 1655 y 1656-, que es cuando se produce el gran cambio en su pintura, la heredará su hijo Lucas, que fue profesor de dibujo y matemáticas en la Escuela de Mareantes de Cádiz".

Su audacia a la hora de distribuir los personajes -presenta a muchos en escorzo o de espaldas- y la importancia de la expresión corporal se aprecian en obras maestras como Jesús disputando con los doctores (Museo del Prado) o El sacrificio de Isaac (colección particular). "Valdés Leal se planteó un camino diferente al de Murillo, que siempre tenía como objetivo claro la belleza plástica, y en aras del efectismo que le interesaba a veces desdibujó la hermosura formal, pero eso no implica que no estuviera dotado para lograrla", continúa Cano. Para evidenciar esta idea los comisarios reúnen una Inmaculada bellísima de colección particular procedente de Barcelona junto a la Inmaculada Concepción con dos donantes (1661) de la National Gallery de Londres, con su gama de tonalidades plateadas y grises, más próxima a la escuela madrileña que la sevillana.

De su creatividad en otros soportes dan fe las dos únicas esculturas realizadas por él que se conservan y que representan a la Virgen del Rosario: la de la iglesia de San Andrés, que perdió su policromía original, y la de la Hermandad de la Santa Caridad. Dos ángeles pasionarios de Pedro Roldán policromados por él, procedentes de la parroquia del Sagrario de la Catedral de Sevilla, son otra buena muestra del trabajo que desarrollaron juntos. Como colofón, un espacio dedicado al Hospital de la Caridad ilustra cómo Valdés Leal se convirtió en portavoz visual del pensamiento y la espiritualidad de Miguel de Mañara, para el que realizará sus célebres Postrimerías y decoró las portadas de los libros de actas e inventario de la Hermandad, aquí expuestos. Como Murillo, Valdés Leal ingresó en la Caridad cuando Mañara se convierte en hermano mayor y no fue un mero artista contratado sino alguien que compartió el pensamiento de su comitente, sobre todo las ideas recogidas en su Discurso de la verdad. Junto a Finis Gloriae Mundi (1671-72) se incluye también otra famosa vanitas suya anterior, la Alegoría de la vanidad (1660) que procede de Hartford, y en la que un ángel señala una representación del Juicio Final y objetos alusivos al paso del tiempo, como un reloj y el libro del jesuita Nieremberg De la diferencia entre lo temporal y eterno, ilustran los intereses y las lecturas eruditas del artista, que estampa orgulloso su firma en la obra.

'Alegoría de la vanidad' (1660), procedente de Hartford. 'Alegoría de la vanidad' (1660), procedente de Hartford.

'Alegoría de la vanidad' (1660), procedente de Hartford. / Juan Carlos Vázquez

El segundo ámbito, titulado El proceso creativo, permite ver cómo concibe Valdés Leal la obra de arte y la elabora, y también la extraordinaria calidad como dibujante, grabador y diseñador de quien en 1660 es miembro fundador de la Academia sevillana de Pintura presidida por Murillo. La cabeza de san Juan Bautista o San Fernando, dos obras pintadas a lápiz y que cede el Hamburger Kunsthalle, la Imposición de la casulla a san Ildefonso, del MNAC, el retrato de Valdés Leal de la Biblioteca Nacional, un posible autorretrato del Museo del Prado y tres dibujos del álbum de Flavia adquirido por la Junta de Andalucía para el Bellas Artes de Córdoba, que se exponen aquí por primera vez, son piezas destacadas del conjunto.

La sección concluye con un espacio dedicado a las fiestas de canonización de San Fernando impulsadas por el Cabildo sevillano. Valdés Leal y su entorno familiar destacan entre quienes fijaron la iconografía del santo, que ha perdurado hasta hoy, como prueba su ambicioso cuadro para la catedral de Jaén, que dialoga con la escultura firmada por Pedro Roldán que presta la Catedral de Sevilla. Alrededor se exhiben el valioso libro de Torre Farfán, joya de la edición barroca europea, en el que participó con sus dibujos, y también emblemas pintados para las fiestas por su hija Luisa y obras de su hijo más renombrado, Lucas.

Última sala de la muestra, dedicada a sus series para órdenes religiosas. Última sala de la muestra, dedicada a sus series para órdenes religiosas.

Última sala de la muestra, dedicada a sus series para órdenes religiosas. / Juan Carlos Vázquez

Finalmente, el tercer y último ámbito, Las órdenes religiosas, reúne en la planta alta las series que pintó para conventos y monasterios, en las que compuso historias sobre los santos fundadores para decorar altares y retablos. Se exhiben los encargos para el Monasterio de san Jerónimo y la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla, conjuntos dispersos por el mundo que solo un proyecto de esta ambición y exigencia podía reunir. Su catálogo para jerónimos, agustinos y mercedarios incluye los encargos de los carmelitas calzados de Córdoba, la ciudad donde vivió en dos períodos de su vida y produjo algunas de sus obras más emocionantes, como Santa María Magdalena de Pazzi y santa Inés, Elías con el ángel y la Cabeza cortada de san Juan Bautista. La exposición cierra con el retrato de Fray Alonso de Sotomayor y Caro, que posa en la antigua iglesia del convento de la Merced, actual sede del Bellas Artes, todo un guiño al excelente trabajo de producción propia de un museo que ha logrado que miremos a Valdés Leal con ojos nuevos y asombrados.

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