Bienal

Se alquila un corazón

Imágenes cedidas por el ICAS. Ayuntamiento de Sevilla.

El corazón por la boca. Cante: Manuel Cástulo. Artistas invitados: Francisco Domínguez Cástulo y Juan Domínguez Gallardo. Toque: Elías Chincoa. Palmas: Abel Harana y Roberto Jaén. Lugar: Dormitorio Alto de Santa Clara. Fecha: Martes 16 de septiembre. Aforo: Lleno.

En perfecto estado. Luminoso. Completamente amueblado. Primeras calidades. Manuel Cástulo se estrenó en la Bienal poniendo su corazón en alquiler para los aficionados cabales faltos de flamenco sincero. Se ruega a los interesados que llamen sin compromiso porque lo que vivimos en el Dormitorio Alto de Santa Clara, sin reverb ni micrófonos, fue uno de esos recitales íntimos e irrepetibles que obligan a remover las miserias, a replantearse los principios y a aferrarse a la vida. 

El cante de Cástulo, ganador este año del Concurso Nacional de Córdoba, duele en el alma porque viene de su propio sufrimiento y hace vulnerable porque enseña la verdad de la vida sin edulcorantes. Desde la más absoluta franqueza. Llegando a producir pudor por lo que se expone.

Lo que venía a contar, además, es el resultado de un álbum, El corazón por la boca, que es de lo mejor que se ha publicado este año. Un recorrido por fandangos, tientos, liviana, garrotín o tonás que recuerda a los grandes, desde Morente a Chano pasando por Paco de Lucía, El Lebrijano, Menese, Fosforito, Calixto Sánchez... y, por supuesto, por el mentor de esta voz limpia y directa, Antonio Mairena. Eso sí, no siguiendo un tributo manido sino como un viaje iniciático para encontrarse a uno mismo. El crucero de lujo "por los mares del olvido", que reza una de las preciosas letras de Pedro Madroñal.

Un ejercicio de buen gusto que, como todo arte grande, se explica al final en los detalles. La postura erguida y atenta de Elías Chincoa que resume la precisión y generosidad de su guitarra envolvente. Las miradas de su tío y su hermano durante la vuelta por soleá que interpretaron. Los nervios de este mairenero que se pelea con el cante, suda la camisa y se deja las vísceras. Si hubieran oído sus malagueñas, sus seguiriyas o sus tonás hoy querrían quedarse a vivir en sus entrañas. Yo firmaría el contrato con un choque de manos. Éstos son los momentos mágicos de la Bienal.

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