Bienal

El placer y la necesidad de compartir

Los invitados. Cia. Belén Maya. Dramaturgia y dirección escénica: David Montero. Dirección Artística: David Montero y Belén Maya. Baile: Belén Maya, Manuel Liñán (invitado). Cante: José Valencia, Tomás de Perrate, José Anillo (invitados) y Gema Caballero. Guitarras: Javier Patino (música original) y Rafael Rodríguez. Palmas: Laura González y Vanesa Montero. Actor: Javier Centeno. Lugar: Teatro Central. Fecha: Domingo, 21. Aforo: Lleno.

Belén Maya regresó el domingo a la Bienal. En plena madurez y siguiendo el camino emprendido tiempo atrás por los campos de la emotividad y el sentimiento. Un sendero que ahora quiere compartir con algunos de sus amigos.

Desde el punto de vista teatral Los invitados no nos pareció una pieza lograda pues, al final, lo que queda de su compleja dramaturgia es un naïf y repetido traer y llevar de sillas por un escuálido salón, y un "Trin, trin, a la puerta llaman…". Tampoco se logra un ritmo unitario, aunque esa brecha le permitirá contar en el futuro con nuevos invitados. Por otra parte, la pérdida de una invitada respecto a su estreno, en el Festival de Jerez, ha ajustado su minutaje, pero le ha restado el encuentro más emocionante: el de Carmen Linares acompañando a Belén en un taranto, como hiciera hace años con su madre, Carmen Mora, la gran invitada ausente de la velada.

A pesar de lo dicho, lo pasamos estupendamente en casa de Belén. Tanto los de dentro -creemos que Javier Patino y el actor Javier Centeno eran de la familia, y Gema Caballero con González y Montero, las amas de llaves- como los invitados nos ofrecieron momentos maravillosos. Cada invitado, además, vino con un regalo, usado casi siempre, eso sí, pero no por eso menos valioso. Así lo hizo José Anillo con su voz melodiosa y llena de luz; y un Tomás de Perrate -el monstruo de los idiomas- que, tras un tema de su discografía, nos hizo reír añadiendo, con toda una coral, una nueva versión del famoso Cheek to cheek para que Belén pudiera soñar con ser Ginger Rogers junto a su Javier Astaire. Manuel Liñán, por su parte, con bata de cola y mantón, nos sorprendió con los impresionantes caracoles de su último espectáculo mientras José Valencia dejaba unas seguiriyas maireneras extraordinarias. Por no hablar de la guitarra lírica de Patino y de la sabiduría de Rafa Rodríguez, que se acordó de Morón y de la malagueña del Mellizo.

Con todos dialogó Belén, expresando con mil matices sus estados de ánimo. Compartió con Anillo la técnica precisa y exuberante de su juventud, para llegar al punto álgido bailando a dúo con Liñán, cola a cola, unas cantiñas tan luminosas como la voz de Caballero. Pero la luz y la sombra son caras de una misma moneda y también se entregó la artista, junto a Valencia, a una soleá realmente magistral a pesar de estar escasamente iluminada. Sacando de su cuerpo sabio la flamencura de todo lo vivido, conjuró su dolor existencial y buscó alivio a su soledad de huérfana cobijándose en los volantes de su cola. Un placer haber estado allí.

Imágenes cedidas por el ICAS. Ayuntamiento de Sevilla.

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