Acuarela | Crítica

Golino contra Giannini

Adriano Giannini y Valeria Golino en una imagen de 'Acuarela'. Adriano Giannini y Valeria Golino en una imagen de 'Acuarela'.

Adriano Giannini y Valeria Golino en una imagen de 'Acuarela'.

Con la siempre estimulante presencia de Valeria Golino, que interpreta aquí con luminoso desparpajo y convicción a una osteópata invidente, Acuarela va descartando poco a poco todos los posibles caminos de redención e interés de una historia de romance maduro entre su personaje, de largo lo mejor de la función, y el publicista peterpanesco y pichainquieta que interpreta Adriano Giannini, nuevo prototipo del eterno latin lover a la romana al que se le está pasado el arroz de sentar la cabeza.

La comedia romántica que dirige el impersonal Silvio Soldini (Ágata y la tormenta, El comandante y la cigüeña) viene servida con exceso de escenas, montaje picadito, formato de pantalla (caprichosamente) variable y un grano analógico que intentan dotar al fin de un cierto aire moderno que no se ve ni mucho menos correspondido por su deriva narrativa. Así, los zigzagueos de esta relación improbable apenas levantan el vuelo cuando la Golino se suelta y decide tomar las riendas, y se encallan sin remedio cuando tenemos que acompañar a Giannini en su periplo laboral, sus otras relaciones furtivas o en la poco consistente diatriba sobre sus raíces como foco de su personalidad esquiva. Tampoco contribuyen demasiado algunas subtramas y personajes de acompañamiento (la niña invidente y rebelde que funciona como proyección) que parecen ahí como muleta o mero pretexto para estirar lo inevitable.