Malcolm & Marie | Estreno en Netflix Noche de estreno

En ese elegante blanco y negro que da sello de prestigio a las producciones Netflix, Malcolm & Marie retoma el formato del cine de cámara, unidad espacio-temporal y dos únicos personajes para exponer las cuitas de una pareja cool formada por un prometedor director de cine y su novia en la noche del estreno de la película del primero.

Ese director es John David Washington (Tenet) y esa chica es Zendaya, a quien Sam Levinson ha convertido en nueva estrella post-adolescente gracias a su personaje en el límite en la serie Euphoria. Levinson es también el responsable de Nación salvaje, que daba una vuelta de tuerca al viejo asunto de la caza de brujas en la era de las redes sociales.

Con sus tres actos bien marcados, su calculada sucesión de momentos de furia y calma y alguna que otra veleidad estilística pronto domesticada por la cercanía a sus intérpretes y un buen trabajo espacial, Malcolm & Marie propone una escalada de conflictos, recuerdos, reproches, juegos y mascaradas en una pareja marcada por el ego y el narcisismo de él y la sorprendente madurez y el pasado de adicciones de ella, en un duelo dialéctico que se sostiene sobre la palabra afilada y el movimiento por las estancias de la casa de lujo donde viven.

El mundo del cine y sus miserias (crítica incluida), los apuntes sobre el actual clima moral y racial, los clichés en torno al artista y su musa o la relación de la obra con la realidad, el amor fatigado, el egoísmo, la infidelidad y el desencanto se instalan poco a poco en unos diálogos fluidos sostenidos por dos actores casi siempre en el tono adecuado, incluso cuando Levinson juega a la puesta en abismo de la simulación dentro de la ficción.

Y no hay mucho más, ni mucho menos: Malcolm & Marie convierte en espectáculo especular, autorreflexivo y doloroso la intimidad de dos personas en la cuerda floja, dos hijos de esta época que parecen prolongar en sus agresiones verbales, sus acercamientos y sus gestos esa eterna batalla de los sentimientos auténticos que se sigue declinando hoy en secreto, a espaldas de la corrección política y las apariencias.

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