La tercera esposa | crítica El refugio de la intimidad

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Con ciertas reminiscencias del primer Zhang Yimou (Sorgo rojo, Ju Dou, La linterna roja), sus historias de mujeres rurales y un indudable preciosismo visual atento a los elementos atmosféricos, el primer largo de Ash Mayfair propone un interesante acercamiento (histórico) a la realidad femenina vietnamita a partir de una historia real convertida en relato de vigencia y lectura contemporáneas: una joven de apenas 14 años es desposada por el terrateniente local para ocupar el puesto de tercera esposa en una saga y un entorno familiar ritualizados donde apenas nacen nuevos varones.

Descansando siempre sobre una narrativa eminentemente visual, sin apenas diálogos y con una cuidada banda sonora musical y ambiental, La tercera esposa va desplegando con calma, en hermosos cuadros impresionistas, los pequeños acontecimientos que van construyendo su discurso feminista sin perder de vista la perspectiva histórica, es decir, sin trampear desde el presente las dinámicas que hicieron de aquellas mujeres del Vietnam de finales del XIX víctimas silenciosas del régimen patriarcal.

No hay aquí, por tanto, hombres malos como hombres sin conciencia alternativa al statu quo, de la misma manera que esas mujeres de distintas generaciones han asumido que sólo en la intimidad, la discreción, en la complicidad sigilosa entre ellas o en el deseo o la sexualidad escondida residen las pequeñas escapatorias o resistencias a un modelo social y cultural que las orilla, utiliza (la maternidad) u oprime.

Aun a riesgo de caer en ocasiones en un cierto ensimismamiento esteticista (especialmente en las salidas oníricas o simbólicas), La tercera esposa proyecta su mensaje con sensibilidad poética y gusto minimalista por la belleza, rehuyendo casi siempre del subrayado o la sobrecarga dramática a pesar de su aliento trágico.