Crónica del Viernes Santo

El frío perfecciona la cita

UN Viernes Santo de catálogo, con ese clima tan característico de una jornada de luto que ayuda a sobrellevar la resaca emocional y física de la Madrugada. Hasta aparecieron unas gotas de agua matinales para completar la liturgia perfecta de esta jornada. Sigue siendo el día más cómodo para contemplar las cofradías. La Carretería pasó por Tetuán sin mayores problemas tras un Jueves en que hubo que clausurar esta calle por la mancha de aceite que dejó un vehículo de Lipasam. Público selecto el que acompaña al cortejo más romántico de la Semana Santa antes de alcanzar la Campana. El paso de palio, con las corbatas recuperadas y con un exorno compuesto de claveles blancos y ramitos de azahar en las jarritas delanteras y en la peana, pasa a los sones de Mater Mea. Todo contribuye a ese ambiente perfecto de Viernes. Si los Domingos de Ramos tienen que ser brillantes y soleados, los Viernes debe bajar la luz, cambiar la música, cuanto más fúnebre mejor, y entristecerse el ambiente. Y así fue. Según pasaron las horas, el Viernes fue perfeccionándose dentro de su particular concepto de la perfección, pues la guadaña del frío despobló las sillas de la carrera oficial. Todo el frío que no hizo las noches de domingo a jueves fue fiel a la cita con el Viernes Santo. Un aire gélido barrió de público también los palcos. San Isidoro, Montserrat y la Mortaja pasaron por la Plaza de San Francisco con un cuarto de entrada.

de cruz a palio

La cofradía de la Costanilla merece ser contemplada de cruz a palio. La calle Córdoba es la versión pequeña de la calle Cuna desde el punto de vista cofradiero. Las medidas son muy similares. Y el ambiente también. El público de las escasas filas espera pacientemente el paso de la cofradía completa. Algunos entretienen la espera intuyendo por las manos y el calzado a las primeras nazarenas de esta cofradía. El palio aparece sublime exornado con hermosas camelias. Ocho parejas componen el cortejo litúrgico que acompaña al preste, que era el sacerdote de raza negra que fue coadjutor de San Isidoro durante varios años y que tan bien conectó con la feligresía del barrio.

El Cachorro es la cofradía de la jornada que goza de mayor poder de convocatoria. El público que acude a su encuentro es muy familiar. Decenas de carritos en Reyes Católicos, San Pablo, la plaza de la Magdalena y Velázquez. Un público que en su mayoría no ha salido de Madrugada y que acude a la anual cita con el Cristo de la Expiración, uno de los grandes referentes devocionales de la ciudad. El Cachorro lució el clásico exorno de claveles rojos con lirios morados salpicados. La Virgen del Patrocinio, sus claveles rosas.

La O respetó la liturgia del día en el repertorio de marchas por la carrera oficial. De esa liturgia particular de este Viernes puede afirmarse que sólo fallaron las escaleras del paso de la Soledad de San Buenaventura, que tuvieron que desmontarse antes de la salida, y las banderas del Banco de España, que no lucieron a media asta como corresponde a la festividad. Lo de los guantes de la Policía Local ya es cosa propia de álbum de fotografías en sepia. Se vieron algunas mantillas por la calle, pero absolutamente minoritarias. La mantilla ha quedado casi en exclusividad para los Jueves Santos, y siempre que el tiempo acompañe. La representación municipal también se reduce en los oficios del Viernes Santo en la Catedral. Acudieron cuatro concejales del PP por sólo uno del gobierno.

Con el frío que soplaba a primeras horas de la noche había que tener muchas ganas de cofradías para irse a Triana, cruzando el gélido puente, a acompañar a las dos últimas cofradías del arrabal. Hasta las tres y media de la madrugada se pudieron ver cofradías en Triana. Los regresos de San Isidoro, Montserrat y la Mortaja no pudieron ser más propios. Frío, frío y más frío. Pero, al menos, el público vivió la experiencia de dos Viernes Santos consecutivos con todas las cofradías en la calle. Todo un éxito tras el cuatrienio negro anterior que dejó marcadas a muchas cofradías.

del reloj

Se marcha el Nazareno de las Tres Caídas con ese cirineo que deja clavada la mirada en cada espectador. Se va con el exorno de claveles rojos, tonalidad sangre de toro. Este paso no ha presentado por segundo año consecutivo la que parecía ya habitual combinación de flores de Viernes Santos anteriores. Es curioso, porque otros pasos que se han visto esta misma Semana Santa han parecido inspirarse en aquella mezcla de calas, lirios morados, cardos y flores silvestres, ente otras especies, que tanto elogios cosechó no hace muchos años. Para los amantes del reloj, o del concepto de Semana Santa como carrera ciclista, hay que reselar que el muñidor de la Mortaja -cuya figura capta todas las miradas, sobre todo las infantiles- pasó por la Campana con 27 minutos de retraso respecto al horario oficial. A esa hora, los cuerpos estaban ya más que metidos en el ambiente del Viernes, curtidos por un frío que acudió fiel a la cita. De un Viernes perfecto, con todos sus avíos. Con todas las cofradías en la calle.

Es más que probable que en las reuniones oficiales tras Semana Santa se haga balance del cumplimiento de los horarios, se elaboren sesudos análisis sobre las causas de la media hora de retraso y de otras cuestiones. Ya hemos reseñado esta semana que los horarios son importantes por las consecuencias que tienen. Si el desfase es grave, se obliga a una cofradía a ir por la calle a unas horas nada recomensables, amén de prolongar la fátiga del nazareno y dar lugar a conductas inadecuadas. Pero, por lo demás, en esa reunión habría de quedar claro en el balance apócrifo que el Viernes fue perfecto. ¿O no se acuerdan ya de aquellos cuatro años que hicieron que la cruz de guía del Cachorro fuera aplaudida en 2008 al llegar a la Campana?

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