Cómics

Energía sin límites

  • La lectura de 'Akira', historieta apocalíptica, con mutantes, grupos militares y bandas urbanas, merece el calificativo de imprescindible

Detalle de la portada del volumen.

Detalle de la portada del volumen.

El historietista francés Moebius fue uno de los que más entusiasmado se mostraba mientras se andaba publicando por primera vez Akira en Europa. Entusiasmado con el cómic y con el anime, que llegó a los cines antes de que Katsuhiro Otomo hubiese terminado de dibujar su obra maestra (un poco como lo que pasó con Juego de Tronos y George R. R. Martin, sólo que la conclusión de la película japonesa la escribió y decidió el propio Otomo, lo cual siempre es una garantía).

Moebius estaba encantado por dos motivos: uno porque la llegada de Akira, como punta de lanza de la industria del manga, prometía un intercambio creativo y la ampliación del mercado en los dos miembros de la ecuación, Japón y Occidente; y dos por la altísima calidad gráfica y argumental de la serie en sí.

Sobre lo primero, Moebius fue también uno de los primeros en denunciar, más tarde, la cerrazón de la industria nipona, interesada finalmente en vender, pero no en comprar. De modo que el manga y el anime acabaron inundado estos lares, pero las posibilidades de negocio en el otro sentido apenas se produjeron.

Les hablo de la década de 1990, que fue cuando nos topamos con Moebius en Córdoba y se refirió a este tema, con palabras más directas de las que he usado yo. Ignoro si las cosas habrán cambiado desde entonces, esto es, si los productos y artistas de aquí tienen más oportunidades allí, aunque me da que no demasiadas.

Eso sí, aún estando realmente molesto con la situación, Moebius seguía concediendo una cosa: Akira es buenísimo. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora, que han pasado otras tres décadas. Es cierto que, presa de su propio éxito, Otomo alargó la obra en exceso y que llega un punto en que el lector empieza a marearse con tanto dar vueltas para nada (en ese sentido, siempre he preferido el final del anime, más contenido y espectacular; y, ya puestos, recomiendo la lectura de Pesadillas, también de Otomo, más digerible y compacto), pero el tour de force sigue siendo apabullante.

Desde el punto de vista gráfico, en sus mejores escenas, Akira es un ejemplo perfecto de dinamismo y tensión, un modelo mil veces imitado (y eso que hablamos de un medio, el tebeo japonés, especialmente brillante en lo que a ritmo se refiere). El diseño de personajes y la creación de atmósferas no se queda atrás, tiene una energía sin límites y la lectura de esta historieta apocalíptica, con mutantes, grupos militares y bandas urbanas merece el calificativo de imprescindible.

Las ediciones españolas previas de Akira seguían el modelo de la primera estadounidense, con el recoloreado del estudio de Steve Oliff (un esfuerzo premiado en los Eisner y que aporta cualidades interesantes a las páginas), pero esta última de Norma Editorial ha impreso el tebeo en el blanco y negro original (respetando el color sólo en las páginas que lo tenían primeramente en Japón), con el sentido de lectura oriental, lomos pintados y un formato que le da autenticidad al proyecto. Han sido seis tomos, muy chulos, y el último incluye un bonito set de postales de regalo.

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