Copa del Rey

latidos a 1.005kilómetros

  • El Sevilla, en su séptima final copera, buscará ante el Atlético su quinto título. El club de Nervión llega a Barcelona impulsado por un estímulo irresistible: traer la Copa supondría el mejor homenaje a Puerta y recuperar la senda ganadora que él desbrozó

ESE ojo que todo lo ve, ese Aleph borgiano que es el Google Maps (todos los lugares del orbe se concentran en un mismo lugar, el monitor) revela que son 1.005 los kilómetros que median entre el Camp Nou y la estatua erigida en honor a Antonio Puerta en la ciudad deportiva del Sevilla. A un lado, se eleva el colosal estadio azulgrana, que, como elemento arquitectónico que es, contendrá a miles y miles de sevillistas que rugirán en busca de la quinta Copa; al otro lado, a más de un millón de metros, reposa un monumento que, como elemento escultural que es, contiene un sueño.

Y ese sueño, el del niño que creció, jugó y triunfó para hacer más grande al Sevilla, es el que impulsa hoy a toda la afición blanca. Todos quieren entregar esta Copa al ídolo que devolvió al Sevilla campeón. Desde Del Nido hasta el díscolo empleado de cualquier empresa que hubiera regateado al mismísimo Piqué para coger de estrangis (más de uno lo habrá hecho) carretera y manta. Traer la Copa como presente, como testimonio de que el club se mantiene en la senda ganadora que él encauzó con su zurdazo combado que evitó la estirada perfecta del portero alemán Rost cierto Jueves de Feria. No cabe mayor estímulo.

prueba de fe

El esfuerzo ha sido mayúsculo. Ir a Barcelona, con las cuentas bancarias cortitas de ceros; además, un miércoles y con la necesidad de pedirle al jefe al menos dos días de descanso, que a Madrid es fácil ir y venir en una jornada, pero esto es otra historia; y además, con apenas tres semanitas para organizar el viaje. ¿Es o no es una prueba de fe en toda regla para los sevillistas?

Desde que Forlán batió a Reina en Anfield, la maquinaria del club de Nervión se puso en marcha para afrontar un reto paralelo al de traerse a la ciudad otra Copa, el reto de consumir las entradas disponibles. Y se venderán al final en torno a 35.000, casi nada. Hace tres años, en Madrid, una cuota de papel similar se quedó muy corta, ya que fueron casi 90.000, según estimaciones de la propia Policía Local madrileña, los sevillistas que inundaron la capital, con entrada o no. Esta vez será todo muy distinto, los hándicaps son muchos más y el éxodo, a pesar de las facilidades para abaratar los viajes, no llegará a la mitad. No querrá decir que el Sevilla eche de menos el aliento de su gente en la grada, claro que no. La hinchada blanca cubrirá en buena parte las amplísimas bancadas del Camp Nou y se dejará notar, que es mucho lo que hay en juego, nada menos que llevar la quinta Copa a las vitrinas de Nervión, lo que supondría además el sexto título conquistado por el club en los últimos cuatro años.

Será una final con sabor a partido añejo entre dos de los clubes señeros del fútbol español y que además llegan a Barcelona impulsados por un reciente subidón. Los sevillistas, lanzados por ese gol de Rodri en el minuto 93 que selló la tercera clasificación para la Champions en cuatro años; los atléticos llegarán en una nube, rescatada la gloria pretérita con la conquista de la primera Liga Europa. Se anuncia un partido desbocado, con un espíritu ofensivo.

Álvarez trata de devolver al Sevilla la explosividad ofensiva de la época de Juande; Quique va dotando al Atlético de equilibrio para que su letal ataque sea más eficaz. Con todo, se anuncia un partido grande: Kanoute, Forlán, Agüero, Jesús Navas, Reyes, Perotti, Simao, Diego Capel... No será por falta de talento.

Son dos clubes que además mantienen estas últimas temporadas una rivalidad muy marcada. Ambos pretenden lo mismo, ser una alternativa sólida y estable a los dos grandes colosos, ser un asiduo en ese maná moderno que es la Champions y aguardar a una temporada en que tanto Real Madrid como Barça se equivoquen y dejen vacante el soñado trono. Sevillistas y atléticos dan codazos por prevalecer en ese segundo estrato, e incluso suelen coincidir en el interés por determinados refuerzos.

pendencias varias

Son muchas las pendencias que han jalonado la historia de los encuentros entre Sevilla y Atlético. El alto voltaje de sus pulsos viene de lejos. Muchos lectores tendrán referencias de sus ascendentes acerca de aquel 22 de abril de 1951 en que sevillistas y atléticos se jugaban el título de Liga, con los blancos dos puntos por detrás de los rojiblancos. El viejo Nervión se llenó para animar a los suyos hacia una victoria que les daría la gloria, pero en el minuto 52 llegó ese gol de Araújo, el 2-1, que anuló el árbitro Azón tres minutos después de haberlo concedido. Fue un escándalo que aún recuerdan los sevillistas que lo vivieron.

Mucho más frescos en la memoria reposan capítulos como el partido que abrochaba la temporada 1994-95, con el Atlético de Simeone jugándose la permanencia, el Sevilla de Aragonés un quinto puesto que le podía dar la UEFA y ese empate a dos que convino a ambos, con sospechosa connivencia de los jugadores en la hierba; o el encuentro final de la Liga 1999-2000, con la lluvia de huevos en la portería del Frente Atlético como protesta por el descenso de un equipo con Hasselbaink, Valerón, Baraja... O las palabras de Caparrós en aquella última campaña del Sevilla en Segunda, la 2000-2001: "El Atlético sube fijo", dijo para indignación de los rojiblancos. Y no subió... O aquel partido en el Calderón (Liga 05-06) que suspendió Ayza Gámez cuando iba 0-1 con gol de Puerta y el Atleti jugaba ya con nueve, y cuyas crónicas ilustró Palop con una botella de whisky en la mano. El año siguiente, fueron dos sevillistas los expulsados, Escudé y Javi Navarro, después de que Renato pusiera el 0-1. Remontaron los atléticos gracias a un polémico arbitraje. Son sólo algunos de los capítulos con abundante sal y pimienta que preceden a la gran final.

Esta temporada, los partidos de Liga han resultado más sosos. En el Calderón, el 2 de enero comparecía un Sevilla con ausencias y que pensaba en la ida de los octavos ante el Barça en el Camp Nou. El Atlético aprovechó una falta absurda de Fernando Navarro para ganar en el último minuto (2-1); la vuelta fue lo que fue, un no partido, ya que los rojiblancos fueron a Nervión sin nada que hacer en la Liga (3-1). Lo del Camp Nou será muy distinto. Toda una final.

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