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Juan Madrid. Escritor

"La acumulación de capital de la banca se nutre del narcotráfico"

  • El referente de la novela negra, autor de medio centenar de obras y del guión censurado de 'Brigada central', firma 'Los hombres mojados no temen la lluvia'.

Después de más de medio centenar de obras, Juan Madrid (1947), malagueño del Perchel, periodista y figura referencial de la novela negra en España, es el último ganador del Premio Fernando Quiñones de Unicaja gracias a Los hombres mojados no temen la lluvia (Alianza), un relato que destapa sin tapujos los vínculos del sector financiero con la 'Ndrangheta, la veterana organización mafiosa calabresa. El protagonista, Liberto Ruano, es un abogado romántico y mujeriego cuya inocencia se desmorona a pedazos.

-¿Tan previsibles son los banqueros? ¿Tan mal huelen?

-Sí. Llevan haciendo lo mismo desde el siglo XIII. Si hay un poder en la sombra, son ellos. El gobierno ejerce un determinado control, pero no tiene el poder definitivo. La concentración bancaria es de las mayores que se conocen: sólo la supera la concentración de los medios de comunicación. Hay dos mil grandes empresas que controlan las finanzas mundiales. Y de esos dos mil banqueros hay un par españoles. Por contra, hay más de quinientas grandes corporaciones norteamericanas. Es decir, España es un país dependiente de EEUU, especialmente a través de los bancos alemanes que en realidad son filiales de financieras norteamericanas. A eso se debe que la crisis en este país sea mucho mayor que en cualquier otro lugar de Europa. Nuestros sucesivos gobiernos están pagando los diezmos a la Transición: por eso son gobiernos artificiales.

-¿Y qué tiene la mafia italiana que la sigue haciendo tan seductora?

-La seducción de la mafia se debe a que se parece mucho a una corporación económica cualquiera. Es un error bastante aceptado que se presente la mafia como una excrecencia del mundo capitalista, lo que se viene haciendo desde el cine de los años 30. El banquero decente y el mafioso son las dos caras de la misma moneda. Un banquero corrupto puede manejar negocios ilegales, pero también manejará seguro negocios legales. Muchos más, de hecho. Pero no puede haber un tráfico de drogas si no hay un banco que lo acoja. En la Comisión Antimafia de Italia, a la que he consultado para escribir esta novela, saben bien cómo funciona el asunto. Si quieres pasar un fin de semana en Málaga esnifando coca necesitas dos millones de euros, y eso lo tienes que meter en un banco. No puedes llevarlo contigo. Por eso, la gran acumulación de capital de la banca desde los años 60, cuando experimentó un crecimiento bestial, tiene mucho que ver con el tráfico de estupefacientes. Pero esto no se sabe. Cuando se hace un reportaje sobre la corrupción y el tráfico de drogas, nunca se habla de los bancos.

-¿Y qué tendría que suceder para que se hablara de ellos?

-No sé. A lo mejor que los periódicos pudiesen subsistir sin créditos bancarios. Fíjate que la 'Ndrangheta ya estaba en España a finales de los años 50, y no la descubrieron hasta muy tarde, hasta los 80. Es la mafia más antigua y tiene repartidos unos 5.000 miembros en España. Pero hay muy pocos identificados. La mayor parte de los mismos llegaron aquí a partir de 1992, y basta comprobar en las hemerotecas que en todo el país no se ha incautado un alijo importante de droga desde el mismo año. Y eso que España es el mayor consumidor de droga del mundo, por delante de EEUU e Italia. La heroína llega a Europa a través de Turquía, pero la coca viene desde Latinoamérica a través de España. Esto ocurre por más que haya cada vez más policía detrás y haya organizaciones internacionales trabajando aquí como la DEA [Drug Enforcement Administration, Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas]. Lo que pasa es que, según dicen quienes saben de esto, la DEA es el mayor traficante de droga del mundo. Como la CIA, que utiliza el tráfico de drogas para el desarrollo de actividades sucias en todo el mundo que ni el Senado ni el Congreso en EEUU pueden aprobar.

-Tal vez la presencia de la mafia en España se ha visto siempre como algo exótico. ¿Ha contribuido la lógica preocupación por el terrorismo a su invisibilidad?

-No, es que la mafia se define por ser invisible. Ocurre como en los servicios de inteligencia, si identifican a alguien en seguida le apartan. Pero están sobre todo en el sur de España, fundamentalmente porque esto es un coladero de inmigración y porque las cárceles son muy fáciles de controlar. Se mueven en todas partes, incluidas las empresas públicas, pero sobre todo dirigiendo el tráfico de drogas.

-¿La despenalización sería una solución?

-Sí, si hay una solución sería despenalizar. Si la droga se vendiera como un producto capitalista normal y se estableciera una competencia, desaparecería el tráfico. Hay una excesiva identificación entre la droga y la delincuencia, cuando en realidad los consumidores más ricos no delinquen. Delinquen los pobres, que tienen que robar para comprar la droga, pero son muchos menos. Todo está bastante controlado, porque a los traficantes no les gustan los follones. Quieren que su actividad no se note, que no haya muertos ni nada parecido. Actúan como los chulos que se aseguran de que no hay ningún problema con las putas para que el barrio en el que trabajan esté tranquilo. Digamos que hay una lógica capitalista.

-¿Y la crisis? ¿Qué debemos pensar del broker aquel que rezaba para que estallara una cada día?

-Las crisis no son buenas. Ya lo decía hasta Lenin. Lo único bueno que tienen las crisis es que conciencian mucho a la gente. Hay quien hace seis años estaba en el limbo, quien no sabía quién mandaba aquí, y ahora lo está entendiendo todo con absoluto dolor. Pero lo que me sigue asombrando es cómo a quienes la fomentan les da igual la desesperación que generan. De acuerdo, siempre ha habido pobres, en África y en las grandes ciudades europeas. Pero es que ahora la precariedad es dolorosamente corriente. Y la falta de futuro. Es espantoso tener que hablar de hambre.

-¿Establecería alguna similitud entre Liberto Ruano y su personaje fetiche, Tony Romano?

-Liberto Ruano no se parece a Tony Romano. También eso fue un desafío. Siempre escribo en tercera persona, salvo las ocho novelas de Tony Romano. Y ahora he vuelto a hacerlo, en parte porque quería demostrar que puedo desarrollar un yo diferente. Ruano es un intelectual, tiene una vida interior rica. Es otra cosa. A menudo se dice que Tony Romano soy yo, y bueno, también puedo ser éste. Es como lo de Flaubert cuando dijo eso de "El loro soy yo". Los personajes se crean como Frankenstein, a menudo a partir de gente que he conocido.

-Usted contó la última Transición. ¿Está listo para la siguiente?

-La están preparando. Los del PP y los del PSOE llevan ya un tiempo reunidos viendo cómo se va a hacer. No quieren que se les vaya de las manos. Se trata, como decía Lampedusa, de cambiar algo para que nada cambie. Se está negociando la abdicación, algunos arreglos en la Constitución y el Senado y ciertos pactos para que algunos diputados puedan ser elegidos libremente. Otros los seguirá imponiendo el aparato, porque el aparato, desde luego, no va a desprenderse de su poder, por poco que sea. Se meten con los partidos búlgaros y los albaneses, pero en la anterior legislatura hubo sólo una votación libre. En todas las demás imperó la disciplina de partido. La libertad y la democracia están por conseguir.

-Después de cincuenta novelas, ¿de dónde saca fuerzas para pensar que vale la pena escribir?

-Me falta tiempo. Al menos, este premio me va a permitir vivir tranquilo un año. Pero todavía no he hecho una novela que merezca la pena. Creo que antes de morir me pueden quedar cuatro o cinco novelas, así que me tengo que dar prisa. Ya me he hecho viejo. De mi generación han muerto muchos. Mayores que yo quedan Marsé, Mendoza, Guerra Garrido... y creo que no hay más.

-Bueno, está Ramiro Pinilla.

-Ah, sí. Es un maestro de yoga que tiene una inmobiliaria y escribe. Pero creo que novelas, propiamente, no tiene.

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