El hilo de oro | Crítica

Utilidad de los clásicos

  • Ariel publica 'El hilo de oro', continuidad de la vieja contienda de la Querelle barroca e ilustrada, donde se dirime la utilidad o no de los clásicos como norma y brújula del presente

Imagen del profesor David Hernández de la Fuente

Imagen del profesor David Hernández de la Fuente

En este ensayo del profesor Hernández de la Fuente, de quien dimos noticia aquí a cuenta de sus Vidas de Pitágoras, vuelve a plantearse una vieja cuestión, viva desde el Renacimiento, pero que alcanza su mayor violencia en los siglos XVII y XVIII; esto es, la Querella de los Antiguos y los Modernos, glosada años atrás por Fumaroli, y cuya naturaleza no es otra que la de la utilidad -o no- del mundo antiguo como guía fiable de nuestros pasos por el mundo. No hace mucho, el historiador Neville Morley nos explicaba, en un breve y divertido ensayo, por qué importan los clásicos; y el propio De la Fuente recuerda a Settis y su El futuro de lo clásico para explicar esta vigencia, no tan inexplicable, que rompe su fina cordelería, su "hilo de oro" con el presente, en el entresiglo que va del XIX al XX, cuando la incipiente vanguardia era también una refutación, un abandono, un desprestigio de lo clásico, en busca de distintos modelos.

La Antigüedad hoy se considera marginal respecto de la urgencia y la utilidad que exige el mundo

El subtítulo de la presente obra -Los clásicos en el laberinto de hoy- explican el doble motivo por el que se escriben estas páginas. Uno primero es el de analizar la situación actual, tanto individual como colectiva, con ayuda de nuestros conocimientos de la antigüedad greco-latina, para encontrar una orientación futura; uno segundo, es el de aplicar este escrutinio a unos hechos cuyo modelo se halla, precisamente, en aquella antigüedad que hoy se considera marginal, respecto de la urgencia y la utilidad que exige el mundo. Que esto sea así o no, es lo que aborda el profesor De la Fuente en esta penúltima extensión de la Querelle. Pero no sólo porque los clásicos sean la mejor versión de nosotros mismos, como se dice aquí; ni tampoco porque el mundo actual sea, en buena medida, un eco prefigurado por ellos. Con mayor inmediatez, nuestro pensamiento es pensamiento porque en él reverberan Demócrito y Platón y Epicuro y aquella vasta soledad que postuló Lucrecio.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios