Tres historias extravagantes | Crítica Atwood en el origen

  • Duomo recupera la primera incursión de Margaret Atwood en la literatura infantil, una obra deliciosa, llena de personajes inolvidables y con pinceladas de humor irresistible

La escritora Margaret Atwood. La escritora Margaret Atwood.

La escritora Margaret Atwood. / D. S.

"Todo, en nuestras sociedades, se ve influido no sólo por la tierra que nos sustenta, sino por el mundo imaginativo que construimos, y en el que habitamos". En su discurso como Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008, Margaret Atwood, realizó un alegato sobre el modo en que condiciona nuestra vida y la creación propia la tierra en la que nacemos. La suya, Canadá, declaró en aquella ceremonia, era capaz de albergar "cocinas habitadas por osos, francotiradores indios llegados de las selvas más remotas para luchar en la Primera Guerra Mundial o un monstruo helado, caníbal y con los pies en llamas". La canadiense es una sociedad, subrayó la prolífica escritora, formada no tanto en la conquista como en la negociación entre culturas, lenguas y puntos de vista. Y cuando es la convivencia con el otro lo que impera, la mirada necesariamente se enriquece y en la vida no hay admoniciones sino experiencias y hay una cierta manera alegre de mirar la vida.

Portada del libro. Portada del libro.

Portada del libro. / D. S.

Se hace imposible leer estas Tres historias extravagantes sin concluir que los grandes escritores –los creadores en general– lo son porque nunca llegan a desvincularse de aquel territorio mítico que es la infancia, ya sea proyectado sobre grandes empresas artísticas como en –llamémosle así– obras menores en los que igualmente la identidad y el origen están presentes. Y ocurre así, decimos, con esta primera incursión de Atwood en la literatura infantil, primorosamente editada por Duomo, y en el que la autora de El cuento de la criada bosqueja una serie de personajes inolvidables: unos niños cuyas infancias desdichadas son, como mandan los cánones del cuento infantil, redimidas a posteriori a través de increíbles situaciones o temerarios adultos descritos con irresistible humor (la Viuda Verruga "de cejas de vetusto líder soviético").

El libro funciona, además o sobre todo, por el extraordinario trabajo de traducción que firma Marcelo E. Mazzantia, capaz de mantener la musicalidad y el ritmo de las aliteraciones con que Atwood construye estos cuentos. Por lo demás, las ilustraciones de Dusan Petricic redondean una obra deliciosa y divertida con la que descubrir en este aciago año 2020 la faceta más bien humorada de la autora canadiense.

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