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Guasa elevada al infinito

  • Necesidad El Sevilla inicia los octavos de final de la Copa del Rey ante el Deportivo con la obligación ineludible de enderezar la eliminatoria Diana La figura de Jiménez acapara todos los focos en la previa

Duros momentos para un Sevilla Fútbol Club acostumbrado, por ventura para sus fieles, a vivir en una nube desde hace casi un lustro. El conjunto de Manolo Jiménez afronta la ida de los octavos de final de la Copa del Rey, uno de sus objetivos del presente ejercicio, y lo hace con una sensación rarísima, prácticamente desconocida en los últimos tiempos, pues se transmite el pálpito de que apenas hay ganas de fútbol entre los seguidores blanquirrojos. Encima llega el Deportivo... Salvo el paréntesis de hace dos campañas, cuando los hombres de Juande Ramos derrotaron en cuatro ocasiones a los que adiestraba Joaquín Caparrós, incluida una semifinal copera, los gallegos se han ganado el derecho a ser considerados como la mayor bestia negra de la entidad.

Ni que decir tiene, por tanto, que la guasa se ha elevado hasta su máxima potencia. Incluso se podría convertir en algo muchísimo peor a la vista de la reacción de los aficionados sevillistas el pasado domingo cuando Delgado Ferreiro dio por finiquitado el partido de Liga contra Osasuna. ¿Se juega Manolo Jiménez su futuro como entrenador del primer equipo? Eso sólo lo podría contestar José María del Nido Benavente, nadie más, por muchas elucubraciones mentales que se puedan elaborar al respecto en los diferentes foros. Está claro que perder contra el Deportivo, o caer eliminado para analizar la situación con más corrección, no le ayudaría demasiado, pero eso le sucede a Jiménez y a todos los entrenadores que ocupen banquillos en cualquier categoría en la actualidad. Las derrotas siempre conducen al mismo sitio, es decir, a la destitución. Por supuesto que se trata de la mayor exageración de las posibles, utópica si se permite, pero ¿alguien podría garantizar la continuidad de Guardiola en el Barcelona si el cuadro azulgrana perdiera desde ahora ocho partidos consecutivos?

Seguro que no ocurrirá, aunque situaciones igual de extrañas se han visto en el fútbol y ahí está precisamente el Deportivo de Lotina para corroborarlo. Hace sólo un año, más o menos 365 días y no un decenio, los gallegos eran los penúltimos de la Liga, llegaron a estar por esa época a cinco puntos de la barrera de la salvación del descenso. Además, el Deportivo, decían, jugaba de pena y era "el peor equipo del mundo". Entonces, muchos, y nadie se lo discutiría salvo Lendoiro, que era quien mandaba, dieron a Lotina por destituido como entrenador. Hoy, el Deportivo es sexto, por encima incluso del Villarreal, Miguel Ángel Lotina es dios y los piropos hacia el fútbol de los gallegos llegan procedentes de todos los rincones de España.

Saber si sucederá lo mismo en el futuro con la persona de Manolo Jiménez, en particular, y su Sevilla, en general, entra en el terreno de las ciencias esotéricas, pues nadie puede asegurarlo ni a favor ni en contra, pero sí sirve el ejemplo del rival de hoy para demostrar que en el fútbol todo se sitúa en el terreno de lo imprevisible. Como también serviría como una buena base argumental aquel Sevilla de Juande que más o menos por estas fechas empezaba a caer eliminado frente al Cádiz en la misma Copa del Rey para coronarse meses después en Eindhoven con la Copa de la UEFA.

Pero lo que está claro, por muchas tesis que se puedan elaborar, es que el Sevilla necesita de manera urgente recuperar la fortaleza de su fútbol para enderezar el rumbo. No se trata de jugar más al ataque o de hacerlo de una manera más defensiva, consiste sencillamente en volver a transmitir seguridad, en que cada elemento aporte individualmente todo su talento en beneficio del grupo y en que el propio entrenador dé con la tecla adecuada a la hora de elegir sus peones para que la maquinaria funcione sin chirriar en ningún momento. Ésa es la verdadera clave para que el Sevilla empiece a transmitir unas sensaciones muy diferentes. Lo malo, o lo bueno, es que lo requiere ya, no mañana, sino hoy.

A ese empeño deberían encaminarse, por tanto, todos los elementos que componen el Sevilla Fútbol Club, incluidos, por supuesto, sus aficionados. El partido contra el Deportivo llega cargado de dificultades y ni siquiera el hecho de que Lotina no piense en alinear a ocho de los once titulares en el último triunfo liguero contra el Getafe suavizan esos obstáculos. El Sevilla, en el que parece que Luis Fabiano volverá a ser titular como acompañante de Kanoute en la delantera, tiene que afrontar el encuentro a tope de revoluciones y con la concentración lógica cuando se juega un partido de 180 minutos. Su futuro, no el de Manolo Jiménez, está en juego en una competición en la que estaban puestas muchas ilusiones.

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