Piragüismo

Marcus Cooper, paladas de Sevilla a París

  • El campeón olímpico en Río y subcampeón en Tokio ya modela con sus compañeros del K4 un corto ciclo olímpico que acabará en 2024 con el reto de asaltar también el oro en K2 500

Marcus Cooper entrenando en el Guadalquivir / José Ángel García

Las calmas aguas del río Guadalquivir, bajo el límpido sol del amable invierno sevillano, ofrecen a los mejores remeros y piragüistas del mundo un ecosistema ideal para empezar a dar las primeras paladas del año. “A las nueve y media, cuando empezamos el entrenamiento, hace un frío que pela, pero en cuanto sube el sol todo cambia...”. A Marcus Cooper, campeón olímpico de K-1 1.000 metros en los Juegos de Río de Janeiro y subcampeón de K4 500 el pasado año en Tokio, le encanta empezar su plan anual en el Centro de Alto Rendimiento de La Cartuja. Así lleva diez años. Antes de acoplarse a su bote por delante de los otros héroes de plata Saúl Craviotto, Carlos Arévalo y Rodrigo Germade –por este orden–, expresa sus sensaciones y expectativas en el comienzo de un ciclo olímpico distinto por corto.

“Después de un par de años raros, trastocados, teniendo que adaptarnos a las medidas del Covid, este 2022 está diseñado como uno corriente, con las competiciones en sus fechas ordinarias, y estamos entrenando con normalidad. No tememos a que se trastoque, nuestra mentalidad en el trabajo del día a día es como si no existiera el virus. Creemos que está llegando a su fin”, afirma optimista cuando pronto salta el tema omnipresente. El que marca nuestra agenda desde marzo de 2020.

El sol aún no ha tomado altura y los cuatro miembros del K4 español calientan a la salida de los hangares junto con el cuarteto del K4 de Portugal. Falta les hace: los pantalanes tienen una ligera capa de escarcha. Pero todo cambia cuando el sol busca la vertical. Y los remeros que provienen de toda Europa, encantados. “Llegué a Sevilla el 8 de enero, lo común, venimos todos los inviernos por el buen ambiente que reina aquí, el fantástico clima, el Guadalquivir es genial para entrenar piragüismo. Es un río bastante largo para nosotros y es bastante entretenido, es un río ancho también… son unas condiciones óptimas. Estamos hasta el 26, nos vamos una semanita cada uno a nuestra casa y volvemos para proseguir hasta finales de febrero”, detalla Marcus, de padre inglés, madre alemana y ciudadano rabiosamente español, como refleja su mascarilla con la bandera rojigualda. “Mi hogar es Mallorca, pero ya casi que me considero ciudadano de España, o del mundo (risas) por todo lo que viajo. En España me muevo entre Asturias, Mallorca y Sevilla”.

Como aquel célebre verso de Manuel Machado, “...y Sevilla”. “Creo que fue 2012 el primer año que vine aquí a entrenar, para mí es una de las partes más bonitas de la temporada, y aunque estamos bastante centrados en nuestra burbuja de entrenamiento y responsabilidad profesional, sí que de vez en cuando disfrutamos la ciudad, que es preciosa, nos encanta y lo pasamos bien. Tengo vínculo con gente del ámbito deportivo, piragüistas y remeros, la gente es muy simpática”.

Marcus empezó a hacer piragüismo a los 12 años y a los 15 ya estaba en la selección española júnior. “Debemos tener una mentalidad titánica y me he dado cuenta que ésa es mi mayor ventaja. La técnica viene de la dedicación”.

Es consciente Cooper que el escenario ha cambiado con el retraso de los Juegos de Tokio: “Este ciclo olímpico es raro, pasamos de cinco años a tres, nos va a pasar volando, pero nos lo tomamos como un ciclo normal, este año 2022 es transitorio, tenemos Campeonato de Europa, Copas del Mundo, Mundial y otra vez el año cañero antes de los Juegos será 2023, donde vamos a tener que quedar dentro de cierto ránking para poder clasificarnos para París 2024”.

En Río luchó ante todo contra sí mismo en el K1. En Tokio se acopló a un bote con tres compañeros. Y en París intentará subirse dos veces al podio y repetir el éxito reciente en el K2 500 del Mundial, que ganó junto con Rodrigo Germade en septiembre en Copenhague. “Mi objetivo sigue siendo el K4 500, igual que en Tokio 2020, y además entra una nueva modalidad olímpica, el K2 500, que siempre se me ha dado muy bien. Por supuesto voy a luchar por ambas”.

¿Y quiénes serán sus competidores por los metales? “Como acaba de empezar el ciclo olímpico, todavía no sabemos cómo va a ser el nivel ni qué rivales vamos a tener a nivel mundial, lo iremos viendo este primer año, es muy interesante para ver qué países han empezado ya fuertes de primeras, en mi caso en el K2 y el K4 500”.

A París llegaría Saúl Craviotto con 39 años de edad y Marcus con 29 y cerca de los 30 (nació en Oxford el 3 de octubre de 1994). “Al parecer, según te vas haciendo mayor tiras más hacia ser fondista, dominas más el aeróbico que la explosividad anaeróbica, pero el piragüismo es un deporte en el que puedes llegar prácticamente hasta los 40 años a alto nivel”.

Descartó el K1, la modalidad que lo llevó al Olimpo: “No podemos confirmar que vamos a ir a los Juegos hasta el último momento, pero mi objetivo clarísimamente es el K4 500 y el K2 500, por ese orden de prioridad –el K4 español, conformado no sin polémica tras un sexteto de aspirantes del que se cayeron Carlos Garrote y Cristian Toro, se quedó a 226 milésimas del oro en Tokio–. No es fácil entrenar los 500 metros al mismo tiempo que el 1.000 y me tengo que centrar en el 500, en dos modalidades dentro de esa distancia”.

Los vatios son los vatios. Pero en el piragüismo también cuenta mucho la destreza. Y la cabeza. “La sincronización en un barco de equipo es muy, muy, muy importante. Puedes tener un rendimiento altísimo en el K1 que si no te sabes adaptar en un barco de equipo, no sirve de nada. El piragüismo es muy técnico y es importantísimo la sincronización, que todos vayamos sintiéndonos iguales y tengamos esa técnica de palada igual a la del compañero o los compañeros. No tiene más truco que horas y horas de entrenamiento. Todos los días se va aprendiendo de los compañeros. No ocurre nunca que en seguida nos juntemos cuatro deportistas y nos acoplemos”.

La sintonía o la falta de empatía fuera del agua también se refleja en ella. “Es una ventaja llevarse bien fuera de los entrenamientos, ese ámbito de buen rollo crea una motivación especial, los cuatro nos hemos conocido por el piragüismo pero nos llevamos bien, compartimos los mismos sueños, estamos mucho tiempo juntos y para mí se han convertido en amigos”.

Y por supuesto, hay táctica desde la misma alineación en el bote: “La posición en K4 empieza siendo por experiencia y en el día a día entrenando, lo vamos hablando con nuestro entrenador para ir cambiando y ajustándonos, según como nos sintamos lo vamos hablando. Durante el ciclo de Tokio fuimos cambiando posiciones”. El pasado jueves por la mañana, con el río como un plato de loza cartujano, se alinearon Walz, Craviotto, Arévalo y Germade. Al fondo, Triana. Y en el horizonte, París.

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