Ridículo y agonía (2-2)

Copa del rey

El Betis logra el pase a octavos de la Copa pese a dejarse igualar dos goles de ventaja por un Segunda B. El buen arranque local se queda en un espejismo y pone de manifiesto la debilidad del equipo en la retaguardia.

Foto: Manuel Gómez
Foto: Manuel Gómez
Samuel Silva

Sevilla, 18 de diciembre 2013 - 21:20

Ni ante un Segunda B. Ni siquiera tras realizar 15 minutos decentes de fútbol en los que tomó dos goles de ventaja. Ni jugando con al menos diez de los futbolistas que comparecerán también el sábado, después de que Juan Carlos Garrido apostase por los teóricamente mejores. El Betis desapareció del partido y el Lleida lo ridiculizó en el Benito Villamarín, igualando el marcador y dejándolo al borde de una eliminación que hubiera supuesto un bochorno histórico. La agonía verdiblanca se prolongó hasta el pitido final de Undiano Mallenco y la afición, harta de estar harta, despidió al equipo y al consejo entre silbidos.

Tanto los dirigentes como la dirección deportiva venían manteniendo la idea de que en enero sólo se retocaría la plantilla con uno o dos jugadores y con el cambio de entrenador se pretendía revitalizar a una plantilla que enseña defectos por minutos. Ayer, Garrido aumentaría esa lista de bajas que ofrecerá en Navidad y si alguno todavía no abre los ojos, el Betis se acabará desangrando.

Si el preparador valenciano pretendía que sus jugadores aumentasen la autoestima de cara al decisivo encuentro del sábado ante el Almería, el efecto fue contrario. Después de un arranque donde el Betis sí exhibió su teórica superioridad, el equipo dejó de comparecer, con errores impropios de profesionales que encendieron la ira de la grada.

Salió el Betis dispuesto a resolver la eliminatoria, con ese brío que se espera en un equipo que cambia de entrenador y que apenas se había sentido desde la llegada de Garrido. Esa energía sin el balón y el acierto en las combinaciones lo llevó a tomar ventaja de dos goles en apenas diez minutos. Primero, con un gol de Paulao, que se elevó sin oposición para rematar de cabeza un saque de esquina botado por Salva Sevilla; cinco minutos más tarde, justo después de un lanzamiento al poste del propio virgitano, Amaya enganchó un tremendo disparo con la zurda que se coló junto al poste izquierdo de la portería de Núñez.

Ni los dos goles frenaron esa inicial ambición bética, que continuó con el dominio del partido e incluso Juanfran pudo anotar el tercero, tras realizar un remate de cuchara ante la salida de Núñez, pero Carlos lo desvió bajo palos. Ahí se acabó el Betis, que ya no volvería a rozar el gol, con 70 minutos de partido todavía por delante.

El equipo verdiblanco bajó el ritmo de la presión y ya sólo circuló el balón con lentitud, como en tantos otros días. No es que el Lleida inquietase a Sara, pero la suficiencia bética ya empezó a generar nervios en la grada. Todo se iría complicando antes de la media hora, cuando Amaya solicitó el cambio por un problema muscular, con lo que Dídac ocupó su posición. Diez minutos después, en una falta lateral sin aparente peligro botada por Monforte, el balón llega a la red bética sin que nadie lo desvíe y con Sara de espectador. Otra vez más.

Con ese incómodo 2-1 reapareció el Betis tras el descanso, pero la desconexión ya era una realidad y la afición recriminó esa falta de actitud a su equipo. Los nervios irían en aumento tras el 2-2, obra de Mata tras aprovechar el enésimo error defensivo del equipo verdiblanco, al que se le hace daño con un simple balón al área o a la espalda de sus zagueros. Verdú, despedido con una tremenda pitada por la grada después de otro encuentro para el olvido, dejó a su sitio a Vadillo, pero ni los chispazos del canterano sirvieron para reactivar al Betis. Tampoco es que el Lleida estuviera para mucho más, pero lo ajustado del resultado sólo servía para aumentar la tensión que se respiraba en Heliópolis.

Ante el cariz que tomaba el partido e incluso la eliminatoria, Garrido ya había colocado a Lorenzo Reyes sobre el césped, lo que al menos sirvió para que el Betis recuperase la presencia en el centro del campo. Los nervios impedían que los verdiblancos enlazasen dos pases seguidos y ni contar con Rubén Castro y Jorge Molina sobre el césped sirvió para aprovechar los espacios que se generaron cuando el Lleida intentó anotar ese gol que lo enviara a octavos de final.

El Betis estará en la siguiente ronda copera, algo que ahora mismo representa más problemas que beneficios, sobre todo tras perpetrar ayer un nuevo ridículo delante de su gente. La esperada reacción al cambio de entrenador continúa sin aparecer, lo que debería despertar de una vez a todo aquel que cuente con algún poder de decisión en el club para acometer una renovación de la plantilla en el mercado invernal. No queda otra o la agonía bética se trasladará de la Copa del Rey a la Liga.

stats